17 de septiembre de 2014

Concierto Fallido

La historia toma lugar a mediados del capítulo 24 del manga Love Stage, cuando Shougo recibe la urgente llamada de Rei y sale corriendo, dejando el concierto antes de empezar.

La gente había comenzado a llegar al estadio muy temprano en la mañana y, para la hora a la que los Crusherz llegaron allí, ya había una considerable fila en la puerta. Shougo, Haru y Rinpei ingresaron por una entrada lateral, junto con las camionetas que trasladaban los equipos de sonido. Luego de saludar a todos los trabajadores del lugar que los acompañarían durante toda la noche, cada uno de los integrantes de dirigió a su camarín para comenzar a prepararse para el concierto. Una vez que el equipo encargado del maquillaje (tres adorables y enérgicas jóvenes llamadas Miho, Shiho y Maho) hubiera terminado su trabajo, los tres integrantes de la banda de reunieron en el vestidor del vocalista, Shougo, para hacer la concentración previa y dar los últimos toques de afinación a sus instrumentos.
- Shougo-kun, tu teléfono está sonando -, le avisó Haru, al tiempo que el celular de Shougo vibraba sobre la mesa del camarín.
Shougo interrumpió por un momento su conversación con el jefe de iluminación del estadio para atender la llamada afuera de la habitación. Haru lo miró extrañado: normalmente Shougo pedía que no lo llamaran antes de un concierto para tranquilizarse antes de salir a dar todo de sí. Sacando a Haru de sus pensamientos, Rinpei preguntó desconcertado, mirando a su alrededor:
- Y Shougo? Fui a buscar mi caja de púas hace un momento y estaba aquí para terminar de prepararnos.
- Recibió una llamada y está hablando afuera, no lo has visto? -, respondió Haru.
- Pues no… Pero ya conoces a Shougo, siempre caminando mientras habla por teléfono -, rió Rinpei. - Seguramente se haya ido por algún pasillo mientras conversaba.
Mientras los guitarristas conversaban acerca de la lista de temas de aquel día, Shougo volvió a entrar a la habitación con un aura de desesperación y preocupación a su alrededor:
- Haru-san, Rinpei…! -, alcanzó a decir entre respiraciones agitadas.
Los dos se dieron vuelta para mirar a su compañero, quien realmente lucía mal.
- Lo siento! Debo ir a ver a Rei! -, exclamó Shougo.
Una mezcla de expresiones de mezclaron ante aquella declaración: la cara de Shougo seguía expresando nerviosismo y desesperación, Rinpei se sobresaltó ante la noticia y comenzó a reclamarle que el concierto estaba a punto de empezar y no podía irse así como así, mientras que la cara de Haru era la única que reflejaba tranquilidad:
- Entiendo, adelante. Pensaremos en algo -, respondió Haru. – Pero tú pagas los gastos de transporte, de acuerdo? -, agregó con una sonrisa.
El alivio se reflejó en la cara de Shougo, quien salió disparando se la habitación luego de lanzarle un fugaz pero sincero “gracias!” a Haru.
- Espera, Haru! Realmente puedes…? -, comenzó a balbucear Rinpei, con un tono cada vez más notorio de nerviosismo en su voz. Después de todo, el inicio del concierto sería dentro de diez minutos y el vocalista acababa de marcharse!
- Sus ojos estaban serios -, respondió tranquilamente Haru. –Además… Alguien que canta sólo para la persona que ama, no podría hacerlo si el precio a pagar fuera no poder ayudar a esa persona cuando lo necesita.
Rinpei se quedó estupefacto frente a la explicación de Haru: realmente había deducido todo eso sólo por las pocas palabras de Shougo antes de marcharse? Y además, qué diablos harían para remontar un concierto en el que el público espera ver un trío y sólo hay un dúo disponible?!
Al ver la cara de desesperación de Rinpei, Haru se acercó a él y le dijo al oído:
- Si un día yo llegara a estar con Shougo y algo te pasara a ti, lo dejaría y saldría corriendo para ir a verte, igual que él ha hecho recién. Ponte en su lugar un momento…
Rinpei se sonrojó levemente durante un instante: las suaves palabras de Haru habían logrado calmarlo, por alguna razón, ese chico tenía un efecto mágico sobre él y lograba quitarle todas sus preocupaciones. Giró la cabeza para mirar a Haru a los ojos y le sonrió:
- No sé cómo lo haces, pero gracias por estar siempre a mi lado -, le dijo, acariciando su mejilla. – Pero prométeme que nunca más me harás pensar en que algo puede sucederte, se me oscurece desde la punta del pelo hasta el fondo de mi alma de sólo imaginarlo -, agregó con la mirada baja.
Echaron una mirada alrededor de la habitación: el jefe de iluminación se había retirado luego de que Shougo lo hiciera y se habían quedado solos allí. Rinpei volvió a clavar sus ojos en los de Haru, se quitó sus gafas oscuras y lo besó tiernamente. Claro que Shougo había visto sus ojos alguna vez, al igual que su familia y algunos amigos muy cercanos, pero Haru era la única persona que podía  ver sus ojos como realmente eran: por fuera y a simple vista eran de un oscuro y duro marrón, pero por dentro eran de un claro color miel, dulce como la persona que los llevaba siempre ocultos.

- Disculpen la demoraaa, soy Rinpei de los Crusherz! -, exclamó Rinpei al subir al escenario entre gritos y aplausos. – Por favor, denle la bienvenida a… Haruuu! -, dijo, mientras señalaba a su derecha, donde un haz de luz iluminaba a Haru mientras caminaba hacia el centro del escenario entre más ovaciones del público.
Al mirar hacia adelante, ambos pudieron ver un estadio lleno hasta el tope, donde no cabía un alfiler entre toda la gente. Sería difícil, pero estaba decidido a hacerlo. Respiró hondo y volvió a acercarse al micrófono:
- De verdad lamento decir esto… Pero Shougo hoy no podrá estar aquí con nosotros -, comenzó a decir, antes de que los murmullos del público taparan su voz. Se armó de coraje y continuó hablando: - No se preocupen que no le ha ocurrido nada grave, sólo una leve descompostura que le trajo algo de fiebre. Lamentamos haberlos hecho entrar, pero estábamos esperando a ver si a último momento mejoraba… - Ante los gritos de “qué?”, “está Shougo bien?”, “qué le ha sucedido?” y cosas por el estilo, Rinpei repasó mentalmente la última parte de la excusa que había ideado con Haru unos minutos antes (acordada con un histérico Sotomura) y volvió a hablar: - Dado que no podremos dar el concierto hoy, están todos invitados el mes que viene, el día veinte, a volver a este hermoso estadio a la exclusiva presentación de nuestro nuevo single! Las entradas que tienen en sus manos serán válidas para ese día, así que asegúrense de no perderlas! Ustedes y sólo ustedes podrán ingresar al evento, así que por favor sepan disculparnos y esperamos verlos de nuevo dentro de un mes! -, terminó.
Los gritos de alegría ante las palabras “presentación exclusiva” se mezclaron con los que se quejaban sobre la repentina cancelación del concierto. Escuchando aquellas voces, Haru y Rinpei volvieron a los camarines.
- Lo hiciste muy bien, Rinpii. Hay que animarse a enfrentar a diez mil personas que no sabes cómo reaccionarán -, lo alentó Haru, masajeando la espalda de Rinpei.
- Sí, bueno… Lo importante es que ya terminó -, suspiró Rinpei. – Oye, quieres ir a cenar algo? Ya que el concierto no se hará, la fiesta tampoco… Y debo admitir que tengo algo de hambre, los nervios me abrieron el apetito -, confesó.
Haru lo miró con ternura: realmente parecía muy fuerte por fuera, pero por dentro sólo era un osito de peluche a quien quería abrazar todo el tiempo.
- Claro… Pero estamos algo lejos de casa, - bromeó, - vayamos directo al hotel y cenemos allí, así nadie puede molestarnos, qué te parece? -, propuso.
Luego de un asentimiento de cabeza, Haru y Rinpei salieron del camarín para dirigirse a la camioneta que los llevaría de vuelta al hotel.

- Recepción, en qué puedo ayudarle? -, escuchó Haru al otro lado del teléfono.
- Buenas noches. Llamo de la Platinum Suite del quinto piso para preguntar si podría pedirle la cena.
- Claro. Qué desea comer esta noche, señor? -, preguntó amablemente la recepcionista.
Luego de unos treinta minutos, Haru y Rinpei estaban sentados a la mesa de la habitación, mirando una vieja película romántica mientras cenaban un sencillo pero delicioso saltado de carne y  verduras con diferentes salsas. Después de terminar de comer, ambos se acomodaron en el sillón para ver el final de la película “Nocking Hill”, en la que el protagonista corre hacia su amada y la recupera luego de sortear una serie de problemas.
- Sabes, me dejaste pensando… -, comenzó a decir Rinpei, acariciando la frente de Haru, quien estaba recostado sobre sus piernas. – De verdad no sé qué haría si algo te sucediera, seguramente haría lo mismo que Shougo y saldría corriendo a buscarte…
Haru le respondió con una sonrisa que hablaba por sí sola: Rinpei era todo su mundo, quien lo entendía mejor que nadie y estaba siempre allí para él cuando algo le sucedía; desde cosas sencillas como regular la temperatura de su té, hasta elevarse del piso sobre una silla para limpiar el ventilador de techo al que él no alcanzaba ni siquiera subido a la mesa.
- Ven, aprovechemos para descansar esta noche y durmamos temprano. Mañana tendremos que enfrentar a la gente de SenaPro y a los organizadores del concierto de hoy para darles explicaciones y será un largo día -, respondió Haru, incorporándose del sillón y tomando a Rinpei de la mano para llevarlo hacia la habitación.
Se cambiaron la ropa y se metieron bajo las sabanas. Rinpei estaba totalmente dispuesto a dormir abrazado a Haru, pero éste tenía otras intenciones:
- Oye, Rinpii. De verdad pretendes dormirte así sin más? -, preguntó con una mirada irónica.
- Quieres que te abrace? -, respondió Rinpei, distraído.
- De verdad eres malo con las indirectas, eh? -, suspiró Haru, al tiempo que se acercaba a Rinpei para besarlo.
- Oh, así que de esto se trata… -, rió Rinpei. – Bueno, tú lo pediste…
Dejando la frase por la mitad y con un movimiento rápido pero nada brusco, logró dar vuelta a Haru para ponerlo debajo de él. De verdad era muy divertido cuando Haru intentaba comenzar el juego previo, pero al final, ambos sabían cómo terminarían. A diferencia de otras veces, Haru estaba realmente enérgico aquella noche, y no se quedó en los besos clásicos que anticipaban lo que sucedería. No solamente comenzó a masajear la parte baja de Rinpei sino que, cuando ya lo notó duro, alejó sus labios de los de su pareja para bajar hacia la zona de la cintura.
- Haru, qué…? -, intentó decir Rinpei, antes de emitir un suspiro agitado al sentir el suave roce de la lengua de Haru. – De verdad e-estás entusias-mado hoy… eh?
Levantando levemente la mirada, Haru se volvió a acercar a la cara de Rinpei:
- Estoy realmente feliz de no haber tenido el concierto, así no estamos cansados y podemos hacer lo que queramos -, dijo, antes de darle un fugaz beso. – Déjame malcriarte un poco, quieres? -, terminó con una sonrisa pícara, mientras volvía a agachar la cabeza.
Frente a ese tipo de estímulos, Rinpei no podía estarse quieto y comenzó a pasar su mano sobre la espalda de Haru, dejando gruesas marcas cuando el placer le hacía clavarle las uñas en la piel.
Una vez que Haru se hubiese dado cuenta de que Rinpei estaba casi en su límite, lentamente comenzó a alejarse de la zona pélvica de Rinpei, dándole tiempo a relajarse para no acabar todavía. Cuando sus cabezas estuvieron a la misma altura, ambos se fundieron en un pasional beso, que fue subiendo en su intensidad y temperatura, hasta que Rinpei tomó el cuerpo de Haru y lo acomodó entre sus piernas, mientras masajeaba su parte trasera para prepararla para lo que vendría.
- Quiero tenerte frente a mí hoy, está bien? -, preguntó repentinamente Rinpei, interrumpiendo lo que estaba haciendo con su mano llena de lubricante.
- Haz lo que quieras, Rinpei. Soy todo tuyo -, respondió Haru, todavía agitado por los besos y los masajes que recibía de parte de su compañero, quien lo besó y volvió a acomodarlo en su cintura.
Haru tomó del cuello a Rinpei, una vez que este se encontraba en su interior, para abrazarlo mientras se acostumbraba a la sensación de tenerlo adentro suyo. Lentamente, Rinpei comenzó a moverse, regulando sus acciones para que Haru no sintiera otra cosa más que placer. A medida que aumentaba la velocidad y fuerza de sus movimientos, Haru le tiraba del pelo y mordía su cuello, en señal de desesperación y placer extremo.
- Estás… excelente… -, exhaló Rinpei, antes de advertirle a Haru que si no se detenía, descargaría en su interior.
- No te… detengas -, dijo, a su vez, un agitado Haru. – Yo también es- estoy en mi límite, hagá-moslo juntos!
Diciendo esto, Rinpei volvió a aumentar la fiereza de sus embestidas, lo que Haru disfrutaba completamente y se lo hacía saber mediante gemidos y gritos de placer.
- Haru, me… Ah! -, suspiró Rinpei, mientras bajaba la mirada y veía que Haru también se había venido unos momentos atrás.
Exhaustos, ambos se acostaron boca arriba en aquella cama enorme, intentando recuperar el ritmo normal de respiración.
- Iré un momento al baño a lavarme, ya vengo -, se excusó Haru, quien terminó yendo acompañado al cuarto de baño, donde ambos tomaron una ducha juntos y se divirtieron un poco más antes de dormirse profundamente cerca de la madrugada.

- Buenos días, bello durmiente -, dijo suavemente Rinpei, despertando a Haru desde la puerta de la habitación, sosteniendo una mesa portable con un desayuno preparado para dos.
- Buenos días, niño colorido -, respondió Haru, bromeando entre bostezos. Siempre que quería burlarse de Rinpei, hacía alusión a las locas y divertidas tinturas que ponía en el cabello.
- Vaaamos, que te hice el desayuno y todo! -, protestó Rinpei, aunque sabía perfectamente que era un chiste inocente.
Luego de desayunar juntos en la cama, se vistieron y se prepararon para salir hacia las oficinas de los organizadores del fallido recital, sin antes hablar con Shougo para que éste les cuente cómo había ido todo con Rei.
- Salimos? -, dijo Rinpei en el umbral de la puerta, extendiendo su mano hacia Haru, quien todavía estaba colocándose sus zapatos.
- Claro!
Haru tomó la mano que Rinpei le ofrecía, lo besó fugazmente antes de salir del cuarto, y abrieron la puerta para salir juntos a vivir un nuevo día.

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