Luego del
casamiento legal y formal de la hermana de Daigo, todos los invitados habían sido
llevados a la quinta de la familia en las afueras de la ciudad para la celebración
propiamente dicha. Claro que, después de pasar tanto tiempo juntos como banda,
Eiki (la novia en cuestión) ya conocía a todos los miembros y los invitó a la
fiesta. Shinpei y Akihide aceptaron sin dudarlo, dado que era un hermoso
acontecimiento que no querían perderse.
Después de varias
tandas de baile y brindis, la mayoría de los invitados se fueron retirando de
la celebración, quedando únicamente los amigos más cercanos a la familia. Shinpei,
luego de no quedarse un segundo quieto durante toda la fiesta, había caído rendido
en uno de los sillones de la casa de los Naito, quienes lo dejaron dormir
tranquilo; después de todo, aquel chico había puesto mucha energía en la fiesta
y merecía descansar.
Daigo, ya algo
mareado por los efectos del alcohol, daba vueltas por el jardín tarareando una
alegre melodía; Akihide por su parte, se había sentado junto a la pileta para
poder observar el cielo nocturno. En una de sus caminatas, Daigo terminó cerca
de la piscina, justo en el momento en que su amigo bajaba la vista el cielo
hacia la tierra, y sus miradas se cruzaron furtivamente. Algo repentinamente
cambió dentro de Daigo, que le dio un pequeño shock, como si hubiera metido la
mano en un enchufe.
Una leve sonrisa
se esbozó en la cara de Akihide, quien bajó momentáneamente la vista para luego
volver a subirla al cielo. Dentro de la cabeza de Daigo, por alguna razón, ese
pequeño gesto le dio a entender “algo más”. Buscó a uno de los mozos que todavía
quedaban en el salón principal de la fiesta ya casi acabada y le pidió dos
vasos de champagne.
- Toma -, le dijo
a Akihide, ofreciéndole uno de los vasos al volver al área de la pileta.
- Oh, gracias -,
agradeció Akihide con una sonrisa, volviendo la mirada hacia Daigo.
- Brindemos -,
dijo levantando su vaso, - por una noche inolvidable para todos.
- Salud!
Por el rabillo
del ojo y por encima del vaso que estaba sosteniendo, Daigo observó las
facciones de Akihide: por alguna razón no lo había notado antes, pero era muy
buen mozo para ser un hombre. Rápidamente, cuando se percató de que su amigo podía
llegar a verlo mirándolo, desvió la mirada y terminó de beber su champagne.
- De verdad que
fue una noche genial, eh? -, comenzó, como para evitar cualquier pregunta.
- Tienes razón -,
respondió Akihide, - Tu hermana estaba preciosa y la ceremonia realmente fue
emocionante.
- Qué hay de la
fiesta? Creo que fue muy alegre, verdad? Shinpii no paraba de bailar -, dijo Daigo
entre risas.
- Es cierto, me
pregunto dónde habrá quedado… Creo que perdí noción del tiempo estando aquí sentado
-, y diciendo esto, la mirada de Akihide volvió a dirigirse al cielo.
- Creo que se ha
dormido dentro de la casa, de… Hey, Aki! -, se exaltó Daigo mientras veía a su
amigo perderse en el cielo, -Estás bien? Vuelve a la Tierra!
- Qué? -, Akihide volvió
a bajar sus ojos para mirar a Daigo, - Ah sí, perdóname. Es que aquí en las
afueras, las estrellas se ven más luminosas…
Realmente parecía
que el alcohol había hecho efecto en Akihide: siempre tenía una cuota de
filosofía en lo que decía, pero en ese momento realmente estaba fuera del mundo
real.
- Oye, quieres ir
a descansar adentro? La fiesta ya terminó, y hay camas de sobra…
Akihide no parecía
demasiado seguro de querer ir, su mirada no transmitía certeza de ningún tipo;
pero, de alguna forma, esa pasividad fue una respuesta positiva para Daigo.
- Venga, vamos -,
le dijo, mientras lo tomaba por los hombros.
- Oooye, oye, qué
haces? -, respondió Akihide, sorprendido de ser levantado del suelo.
- Te llevaré a mi
habitación, de acuerdo? -, la voz de Daigo parecía muy segura de lo que estaba
diciendo, - De hecho, yo mismo estaba pensando en ir a acostarme, ese último vaso
se me ha subido de repente a la cabeza y quiero descansar un poco.
Así, sin darle la
posibilidad de discutirle, Daigo terminó de levantar el pequeño cuerpo de Akihide
del suelo y caminaron juntos el espacio entre la pileta y la casa familiar.
Al ingresar a la
vivienda, un amplio living les daba la bienvenida: normalmente era muy
luminoso, dado que varias partes de las paredes eran ventanales, pero siendo de
noche, apenas unos veladores tenues iluminaban el recinto.
- Vamos, Aki. Las habitaciones
están en el piso de arriba.
Despacio, agarrándose
de la baranda para no trastabillar, ambos subieron las escaleras hasta llegar
al hall del piso superior, el cual daba a un pasillo con las puertas de las
habitaciones.
La habitación de Daigo
era la tercera del lado derecho del pasillo. Ya que de pequeño acostumbraba
llevar amigos allí, sus padres habían instalado dos camas en aquel cuarto; lo
cual resultó ideal para la situación en la que se encontraban.
- Recuéstate en la
cama que prefieras, ambas tienen sabanas limpias puestas y a mí me da lo mismo cualquiera
-, dijo Daigo, mientras le señalaba las camas a Akihide, - Acomódate donde
quieras, voy un momento al baño -, se excusó antes de salir de la habitación.
Dejando a su
compañero solo, ya en el baño Daigo se miró al espejo: realmente algo sucedía dentro suyo, teniendo a Akihide
en su habitación. Nunca le había sucedido tal cosa, pensaba que quizás fuera un
efecto del alcohol. No sabía exactamente qué
era lo que sucedía, pero decidió averiguarlo. Se paró derecho frente al espejo,
acomodó su cabello revuelto por el viento nocturno, miró sus propios ojos
reflejados y se dijo “esta es la
noche”.
Ya de vuelta en
la habitación, Akihide se había acomodado en una de las camas, mirando hacia la
pared. Realmente era un escenario decepcionante para Daigo, quien esperaba que
algo sucediera.
- Oye, Akihide. Estás
bien? La cama es cómoda? -, susurró acercándose a él.
- Sí, muchas
gracias por dejarme estar aquí esta noche -, murmuró Akihide, todavía de
espaldas a Daigo.
- Aki… -, comenzó,
- Mírame un segundo, vale?
Entre quejidos, Akihide
se dio vuelta para enfrentar a su amigo. Para su sorpresa, la cara de Daigo se
encontraba justo frente a la suya, tan cerca que de haberse movido un poco más
al girarse, hubieran chocado. Una sonrisa se dibujó en la cara de Daigo,
mientras que los ojos de Akihide se abrieron ante la inesperada situación: en
un segundo y casi sin darse cuenta, Daigo se acercó aún más a su rostro y lo
besó furtivamente.
- Daigo, qué…? -,
intentó decir Akihide, antes de que Daigo apoyara un dedo sobre su boca.
- Ssh, no digas
nada -, le contestó suavemente, sin quitar su índice de los labios de Akihide,
- Esta noche, somos sólo nosotros dos.
- Qué…? -, Akihide
no sabía realmente cómo responder a eso. Ya fuera por el cansancio o por el
alcohol, no podía pensar muy claramente.
- Exactamente eso.
Esta noche… One night love -, terminó
Daigo con un suspiro, antes de volver a besarlo sin darle oportunidad de
responder.
A la mañana
siguiente, unos golpecitos a su puerta los despertaron: Shinpei se había levantado
hacía unos momentos, en el mismo lugar en el que se había dormido la noche
anterior, y al preguntar dónde estaban Akihide y Daigo, la familia Naito le había
respondido que seguramente estuviesen en la habitación de éste último. Antes de
comenzar a preparar el desayuno, había decidido ir a ver si estaban despiertos:
- Chicos, están
aquí? -, dijo, abriendo suavemente la puerta.
La situación con
la que se encontró era todo menos lo que se había imaginado: la ropa de ambos
estaba desparramada por toda la habitación, las dos camas habían sido juntadas
y tanto Daigo como Akihide, estaban todavía durmiendo en esa improvisada cama
tamaño matrimonial.
Al ver que sus
compañeros comenzaban a despertarse, Shinpei les dijo, nervioso, que el
desayuno los estaría esperando abajo para cuando estuvieran listos, y se retiró
inmediatamente de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
La confusión reinaba
en aquel cuarto cuando ambos despertaron, y ninguno de los dos supo qué decir:
su memoria era un borrón de luces y música, y no lograban recordar demasiado de
lo que había sucedido luego de la fiesta.
- Aki, qué…? Por
qué estás aquí? -, dijo Daigo, todavía confundido por no encontrarse en su habitación
de siempre, - Y por qué tenemos las camas juntas? -, terminó, con una nota de
sorpresa e impresión en su voz.
- Creo que debería
preguntarte lo mismo, qué sucedió anoche? -, respondió Akihide, con el mismo
tono confuso de Daigo.
- Ugh, recuerdo la
ceremonia de Eiki… Y luego venir a la fiesta… Y estar en el baño peinándome… -,
intentó recordar Daigo, sin poder terminar una frase y haciendo un gran
esfuerzo por recuperar los hechos.
- Estamos en la
misma, yo también recuerdo eso… Sólo que no te vi peinarte pero sí te escuché
decir algo en Inglés… -, recapituló Akihide.
Luego de unos
breves momentos de reflexión, decidieron que lo mejor era bajar a desayunar
para despejar sus mentes y rogar para que la resaca se fuera para recuperar por
lo menos parte de lo que había sucedido la noche anterior.
Algunas semanas después
de la fiesta, Daigo se apareció con una nueva letra para una canción:
- Miren! Díganme
qué les parece así comenzamos a ponerle música!
Luego de que
ambos la leyeran, Shinpei dijo que era una letra muy festiva y se notaba que
había sido influenciada por la fiesta de Eiki; en cambio, Akihide miraba
fijamente el papel luego de terminar de leerlo:
- Recuerdas que la
noche, o mejor dicho, la mañana luego de la fiesta te dije que me habías dicho
algo en Inglés? -, le dijo a Daigo, mirándolo preocupado.
- Sí… -, respondió
Daigo confundido.
- Bueno… Tú me dijiste “one night love”… -, concluyó,
esperando que Daigo supiese entender lo que quería decir.
Las miradas de los tres se cruzaron a la vez, dando a
entender que todos sabían a qué se refería Akihide con lo que había dicho.
A la semana siguiente, Shinpei propuso un ritmo para la
canción: una melodía festiva, con trompetas y alegría, casualmente muy parecido
al que Daigo había estado tarareando la noche del casamiento de su hermana,
mientras merodeaba por los jardines de la quinta. Así nació la canción Bambino,
la cual todos los miembros de la banda esperaban que pudiera mantener el
secreto detrás de los hechos que llevaron a su composición.
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