Ambos habían
recibido una misteriosa invitación: “viernes 3 de octubre, 21:30 hs, calle
Fujisan nº 3514. Preguntar por Inori”. No sabían exactamente qué era, pero de
verdad les daba intriga.
- Mira, Shinpii -,
había dicho Daigo el día que le llegó la tarjeta. – Qué crees que sea?
- Pues no lo sé -,
admitió Shinpei. – Pero me encantaría saberlo, ya que a mí me ha llegado lo
mismo!
- Están hablando
de esta misteriosa tarjeta? -, preguntó Akihide, entrometiéndose en la
conversación, mientras mostraba que él también tenía una igual.
Confundidos, los
tres amigos comenzaron a especular acerca de qué podría tratarse aquel lugar,
pero luego el tema fue pasando de largo y lo olvidaron.
Dos días faltaban
para el tres de octubre, y repentinamente Shinpei preguntó, luego de terminar
un ensayo:
- Chicos, se
acuerdan de esa invitación para ver a esa tal “Inori”? No era esta semana?
Akihide y Daigo
se miraron, volviendo a traer aquella tarjeta a sus mentes.
- Cierto! -,
exclamó Daigo. – Qué haremos?
- No sé si debamos
ir, suena algo peligroso… -, respondió Akihide, dubitativo.
- Pues yo digo que
vayamos! -, afirmó Shinpei con firmeza. – Simplemente podemos hacer que la
gente de seguridad chequee el lugar antes de entrar para asegurarnos de que no
es una conspiración para encerrarnos y hacernos aspirar helio y arruinar
nuestras voces o algo así…
Las carcajadas
escaparon de los tres amigos, quienes, luego de una breve discusión, decidieron
atenerse al plan de Shinpei y hacer que sus guardaespaldas revisaran el lugar
antes de entrar. Además, acordaron llegar cada uno por su lado, por si se
trataba de un ataque sorpresa a la camioneta donde viajaban. Después de todo,
nunca se sabía hasta qué punto podía llegar el fanatismo de alguien; “es decir,
a John Lennon lo asesinó un fan!”, pensaron.
Daigo fue el
primero en llegar al misterioso lugar: una escalera descendiente llegaba hasta
una puerta roja levemente iluminada bajo el nivel del suelo. Frente a ella, un
gran hombre controlaba la entrada y la salida de aquel lugar.
- Oye Takehiro,
realmente es seguro este lugar? -, le preguntó Daigo a su guardaespaldas, algo
preocupado por su integridad física.
- Sí, señor Naito.
No se preocupe que hemos chequeado todo el perímetro antes de traerlo -,
respondió formalmente Takehiro.
Lentamente, y sin
separarse nunca de Takehiro, Daigo descendió por aquella estrecha escalera,
hasta toparse con el hombre de la entrada:
- Buenas noches,
vengo a ver a Inori -, la voz de Daigo salió firme y clara, por lo que el
hombre lo dejó pasar, pero no así a su guardaespaldas. Luego de una breve
discusión, Takehiro accedió a quedarse fuera del local, pero diciéndole a Daigo
que gritara en caso de que algo sucediera y él iría a buscarlo.
Una vez adentro,
una bella mujer lo condujo hasta un sillón cercano a la puerta, donde le pidió
que se sentara y aguardara por unos momentos. Cinco minutos después, escuchó la
suave voz de Akihide decir “qué tal, me dijeron que preguntara por Inori”, para
luego verlo entrar al recinto donde él estaba. Aquel lugar era realmente
extraño: la sala estaba tenuemente iluminada, algunos sillones se repartían por
los rincones, mientras que una barra como si fuera un bar irradiaba luces de
colores desde sus costados.
- Aki, esto es muy
extraño -, susurró Daigo, una vez que Akihide se hubiera sentado a su lado en
aquel sillón. – Cuando venga Shinpi, echemos un vistazo alrededor y vámonos,
sí? -, parecía realmente asustado.
Antes de que
Akihide pudiese contestarle, la mujer que los había guiado hasta aquel sillón
volvió a aparecer para decirles que la siguieran.
- Pero señorita,
-, respondió Akihide educadamente, - falta llegar uno de nosotros.
- No se preocupe,
señor Satou -, respondió tranquilamente la mujer. – El señor Inoue ya se
encuentra en el interior del lugar. Síganme, por favor.
Luego de
intercambiar miradas de confusión, Daigo y Akihide se levantaron del sillón y
comenzaron a caminar detrás de ella: pasaron por un pasillo largo y débilmente
iluminado, hasta finalmente llegar a una habitación, la cual la mujer abrió con
una llave que llevaba colgada del cuello.
- Adelante -,
dijo, haciéndoles señas para que pasen. – Allí tienen un sillón, pónganse
cómodos que el señor Inoue estará aquí en cualquier instante.
Al entrar, tanto
Daigo como Akihide se llevaron una enorme sorpresa: aquel lugar era lo más
parecido a un LoveHo (hotel para parejas) que habían visto, con accesorios de
todo tipo sobre la mesa y espejos cubriendo parte de las paredes y el techo. Lo
más impresionante era, para los dos muchachos, la enorme cama en el centro de
la habitación, llena de pétalos de rosa sobre sábanas de suave algodón.
- PERO QUÉ…?! -,
comenzó a chillar Daigo, pero antes de poder terminar la frase, la mujer que
los había llevado hasta allí, se había retirado y cerrado la puerta tras de sí.
- Mira, Daigo.
Aquí hay algo… -, dijo Akihide por sobre las protestas incesantes de Daigo. –
Parece una carta dirigida a nosotros -, continuó mientras le mostraba un sobre
con sus nombres escritos en él.
- Eh? A ver, a
ver, léela Aki! -, se entusiasmó Daigo, mientras se acercaba a Akihide.
- “Para Daigo y
Akihide” -, comenzó a leer. – “Espero que no se tomen a mal esto, realmente
creo que se lo merecen y sobre todo, que lo NECESITAN.” …Que lo necesitamos…?
-, Akihide no podía creer lo que estaba leyendo, pero igualmente continuó hasta
el final: - “Pueden enojarse conmigo todo lo que quieran luego, pero primero
disfruten de este regalo.” Y la firma… Shinpei! … “Postdata: perdón si entendí
mal las cosas, si no quieren hacer nada, tomen lo que quieran del frigobar, la
cuenta va por mí”.
Daigo y Akihide
se quedaron helados luego de entender a qué se refería Shinpei con que creía
que lo “necesitaban”. Lentamente, Daigo fue acercándose a la cama, donde se
sentó todavía sin poder creer lo que estaba viviendo.
- Agh, no puedo
creerlo! -, exclamó Akihide, sentándose al lado de Daigo y revoleando la carta.
- Cierto?! Ese
Shinpii imagina cosas…
El silencio reinó
en la habitación, antes de que Akihide se percatara del sonrojo que presentaba
Daigo en sus mejillas.
- Qué sucede,
Daigo? Te sientes bien? Estás algo rojo… -, Akihide tocó la frente de Daigo
para ver si tenía fiebre.
- No es… nada,
Aki, déjalo -, respondió Daigo, haciéndose a un lado y alejándose de la mano de
Akihide.
Perceptivo como
era, Akihide rápidamente entendió a qué se debían sus acciones:
- De verdad
quieres hacer esto? -, preguntó tímidamente, ya con algo de color en su propia
cara.
La cabeza de
Daigo se giró para poder ver a Akihide a la cara: sus ojos se clavaron los unos
en los otros y el rubor en las mejillas de ambos se fue haciendo gradualmente
más intenso.
- Sólo… Déjame
intentarlo, vale? -, dijo vergonzosamente Daigo, mientras se acercaba a su
compañero. – Sólo imagina que estamos arriba de un escenario o practicando
alguna canción…
- No, Daigo -,
respondió Akihide categóricamente. – Si me imagino que estoy en un ensayo, no
podría hacer esto -, dijo antes de apretar sus labios fuertemente contra los de
Daigo, mientras pasaba sus brazos alrededor del cuerpo del otro.
- Aki, qué…? -,
Daigo no entendía del todo qué estaba sucediendo, pero debía admitir que le
gustaba lo que sentía.
- Ssh, no digas
nada y hazle caso a Shinpei que dijo que lo aprovecháramos… -, respondió
rápidamente Akihide, antes de abalanzarse sobre Daigo, quien esta vez sí respondió
a las caricias de Akihide y comenzó a pasear sus manos por todo el cuerpo de su
guitarrista preferido.
No pasó mucho
tiempo hasta que ambos terminaron rozando piel con piel. De alguna manera,
ambos lograron librarse de sus barreras morales que le impedían hacer todo
aquello arriba de un escenario y dieron rienda suelta a su pasión. Shinpei
tenía razón: realmente necesitaban hacer eso.
Lentamente, pero
a la vez de manera acelerada, comenzaron a conocerse como si jamás se hubieran
rozado siquiera antes: sus manos tocaban lugares que nunca pensaron tocar, sus
bocas recorrían desde la cabeza hasta la cintura semi desnuda del otro, y sus
voces se escuchaban como jamás imaginaron que sonarían.
- Daigo, espera!
-, Akihide sonaba algo desesperado al separarse momentáneamente de Daigo.
- Qué sucede, Aki?
-, Daigo tampoco podía respirar normalmente.
- Nada, no sucede…
nada, es sólo que… Quiero tocarte por debajo de tus pantalones -, dijo Akihide,
avergonzado de las palabras que acababa de decir.
- Bueno, y qué
problema hay? -, pregunto Daigo, algo desconcertado. – Acaso te molesta el
cinto? Dímelo directamente y me lo desabrocho!
Las risas de
Akihide inundaron momentáneamente el recinto, mientras Daigo maniobraba con la
hebilla de su cinturón.
- Está bien, no es
eso -, respondió con una sonrisa, mientras volvía a besarlo. – De verdad, no es
nada -, terminó, mientras pasaba su mano por la ropa interior de Daigo, quien
no pudo evitar soltar un respingo de sorpresa mezclada con placer.
- A-aki!, -, soltó
Daigo, mientras comenzaba a responder a los toques de Akihide, haciendo lo
mismo con la zona baja de su compañero. – Déja- me… Hay algo que siempre me
pregunté cómo se sen- sentía…
Lentamente, Daigo
comenzó a masajear el pecho de Akihide, mientras bajaba su cabeza hacia su cintura,
besando todo su cuerpo en el camino. Para cuando llegó a su meta, bromeó con
que “hay algo en mi camino!”, antes de quitarle los pantalones y la ropa
interior y comenzar a succionar el miembro de Akihide.
- Da-Daigo,
qué…? -, Akihide no lograba respirar
normalmente. Jamás esperó que un hombre lo hiciera sentir se esa manera, pero
realmente estaba sucediendo y se sentía increíble.
Una vez
acostumbrado a la idea, lo cual realmente le llevó algunos pocos segundos,
comenzó a masajear el pelo de Daigo y a mover, casi involuntariamente, la
cintura al ritmo de los besos y las lamidas de quien lo hacía sentir de aquella
manera.
- Bas-basta Daigo,
te ensucia--AH! -, Akihide no pudo reprimir una exclamación ante un especial
movimiento de Daigo, quien no dejaba de tocarlo y pasar su boca por toda la
zona. – Daigo, hazte a un lado!
La advertencia
llegó tarde, y la cara de Daigo terminó cubierta por finas líneas blancas.
- Lo… Lo siento
mucho! No pude contenerme! -, Akihide enterró la cabeza entre sus manos, avergonzado
de sí mismo.
- Oye, oye Aki… -,
Daigo se limpió rápidamente con la sábana y se acercó a la cara de Akihide. –
No tienes de qué disculparte, vale?
Akihide seguía
con la cara escondida, por lo que Daigo decidió, como siempre hacía, utilizar
el humor para romper la tensión y distender a su amigo:
- Ahora, Aki… Debo
admitir que tengo un problema con esto… -, al ver que Akihide levantaba
levemente su cabeza, continuó: - Hay algo apretándome los pantalones, pero no
sé si estoy listo para desvestirme frente a ti… -, terminó, mirando a Akihide
con una sonrisa comprensiva, quien le devolvió el gesto.
- Bueno, hay algo
que puedes hacer… Pero sólo si estás listo! -, respondió riendo, mientras se
recostaba sobre el colchón, haciéndole un gesto a Daigo que insinuaba que se le
acercara.
Con una amplia
sonrisa en su rostro, Daigo se acercó a Akihide y volvió a besarlo, mientras él
aflojaba el botón del pantalón de Daigo y comenzaba a tocarlo por debajo de la
ropa.
- Sabes algo, Aki?
-, dijo Daigo, alejándose momentáneamente. – Creo que estoy listo para que me
veas…
- Oh, vamos! No
recuerdas aquella vez que olvidaste trabar la puerta del baño del micro y entré
accidentalmente? -, rió Akihide. – Nada de lo que vea será nuevo para mí!
Daigo volvió a
sonreír ante el recuerdo de aquella desafortunada ocasión, y se acercó
nuevamente para besar a Akihide, quien estiró su mano y comenzó a tocar
nuevamente a Daigo. Finalmente, ambos quedaron completamente desnudos y
aprovecharon la situación: sus manos iban y venían por todas partes,
provocándoles sensaciones que ni en el más erótico de sus sueños habían
sentido.
Intentando imitar
lo que hacía normalmente con una mujer, Daigo comenzó a introducir un dedo
dentro de Akihide, quien al principio se quejó de lo extraño que se sentía,
pero luego comenzó a disfrutarlo y a pedir más y más.
- Tú dices que
quieres más, Aki, pero el siguiente paso es… bueno, ya sabes… -, Daigo parecía
algo avergonzado de decir la palabra justa.
- Lo sé, y estoy
preparado -, respondió Akihide. – Pero antes debo pedirte dos cosas…
- Dos?!
- Sí, Daigo, dos
cosas -, al ver que Daigo asentía, Akihide continuó: - Primero: ves ese frasco
de allí? Úsalo! -, dijo, señalando un pequeño envase de plástico con tapa color
naranja. – Y segundo… Quiero que te pongas ese collar que está arriba de la
mesa.
Daigo asintió sin
chistar al primer pedido, pero ante la segunda petición, abrió de par en par
sus ojos, preguntándose en qué diablos estaba pensando Akihide para pedirle
aquello. Interpretando su mirada, Akihide se explicó:
- Bueno, debo
admitir que siempre me gustó ese tipo de vestimenta desde que la usamos para
grabar el video de Real Love… Y sería adecuado que te lo pusieras, siendo tú y
siendo yo… No sé si me entiendes… Ah, no importa. Sólo póntelo! -, resopló
Akihide, molesto ante tener que dar tantas explicaciones.
- Claro que sí…
Amo -, susurró Daigo, luego de ponerse el collar al cuello y comenzar a
masajear nuevamente la parte posterior de Akihide, quien comenzó a gemir
incontrolablemente. – Estás listo?
- Más que listo,
hazlo! -, exclamó Akihide.
Lentamente, Daigo
comenzó a introducirse en su interior, dándole tiempo a su compañero a que se
acostumbre a la sensación de tener algo dentro suyo. Una vez que vio que
Akihide comenzaba a estar a gusto, inició los movimientos de cadera que lo
llevaron a tener sensaciones que con ninguna mujer había logrado.
No por nada
Akihide le había pedido que se pusiera aquel collar: repentinamente, tironeó de
la cadena que salía del cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo intensamente,
mientras le clavaba sus uñas en la espalda, dejándole gruesas líneas rosadas.
- Aki, aki! -,
Daigo gritaba su nombre en el éxtasis, realmente estaba fuera de sí, y Akihide
no podía siquiera emitir una palabra coherente, por lo que se limitaba a
respirar lo más normalmente que podía. – Debo sali—salirme! Sino…
Akihide se negó
rotundamente, moviéndose él mismo para no dejar que Daigo saliera de su cuerpo.
No le importaba si acababa sucio con la descarga de Daigo, simplemente quería
continuar aquella placentera sensación el mayor tiempo posible. Luego de un par
de entradas más, Daigo se desplomó contra el colchón, agotado por lo que
acababa de hacer e intentando recuperar el aliento.
- De verdad… Eres
increíble… Aki… -, dijo Daigo, todavía respirando con dificultad.
- Lo mismo… digo…
-, Akihide se encontraba en la misma situación, intentando acompasar su
respiración y desacelerar su pulso.
- Debo admitir que
Shinpei tenía razón, parece que de verdad necesitábamos esto -, bromeó Daigo,
una vez que ambos se hubieran calmado.
Akihide no dijo
nada, pero se rió por lo bajo, dando a entender que estaba de acuerdo.
- Igualmente… Ya
le daremos su merecido por jugarnos esta broma… -, dijo Akihide, serio.
- Se merece que lo
dejemos besar a la coneja en el próximo recital, qué te parece? -, preguntó
Daigo, entre risas, a lo que Akihide respondió con más risas y un asentimiento
de cabeza.
Luego de reír un
rato acostados en la cama, mirándose a ellos mismos en el espejo del techo de
la habitación, Akihide propuso tomar un baño y dejar aquel lugar para ir a
comer algo afuera. Después de todo, habían ido allí pensando que comerían algo
con Shinpei y no habían cenado nada (además de que la actividad física les
había abierto el apetito). Por turnos, mientras Akihide se bañaba, Daigo revisaba
los distintos cajones y estanterías con accesorios de aquella habitación, agarrando
todos los dulces que encontraba. Al salir Akihide del baño, Daigo entró a
ducharse, mientras que quien quedó afuera se cambiaba y organizaba un poco el
desastre que había dejado Daigo luego de su búsqueda de caramelos.
Al día siguiente
volvieron a encontrarse para ensayar: una vez que Daigo y Akihide entraron al
estudio, Shinpei los estaba esperando con una amplia y cómplice sonrisa que
dejaba al descubierto todos sus dientes, completamente consciente de lo que sus
compañeros habían hecho la noche anterior.
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