27 de septiembre de 2014

Tarjeta de Invitación

Ambos habían recibido una misteriosa invitación: “viernes 3 de octubre, 21:30 hs, calle Fujisan nº 3514. Preguntar por Inori”. No sabían exactamente qué era, pero de verdad les daba intriga.
- Mira, Shinpii -, había dicho Daigo el día que le llegó la tarjeta. – Qué crees que sea?
- Pues no lo sé -, admitió Shinpei. – Pero me encantaría saberlo, ya que a mí me ha llegado lo mismo!
- Están hablando de esta misteriosa tarjeta? -, preguntó Akihide, entrometiéndose en la conversación, mientras mostraba que él también tenía una igual.
Confundidos, los tres amigos comenzaron a especular acerca de qué podría tratarse aquel lugar, pero luego el tema fue pasando de largo y lo olvidaron.

Dos días faltaban para el tres de octubre, y repentinamente Shinpei preguntó, luego de terminar un ensayo:
- Chicos, se acuerdan de esa invitación para ver a esa tal “Inori”? No era esta semana?
Akihide y Daigo se miraron, volviendo a traer aquella tarjeta a sus mentes.
- Cierto! -, exclamó Daigo. – Qué haremos?
- No sé si debamos ir, suena algo peligroso… -, respondió Akihide, dubitativo.
- Pues yo digo que vayamos! -, afirmó Shinpei con firmeza. – Simplemente podemos hacer que la gente de seguridad chequee el lugar antes de entrar para asegurarnos de que no es una conspiración para encerrarnos y hacernos aspirar helio y arruinar nuestras voces o algo así…
Las carcajadas escaparon de los tres amigos, quienes, luego de una breve discusión, decidieron atenerse al plan de Shinpei y hacer que sus guardaespaldas revisaran el lugar antes de entrar. Además, acordaron llegar cada uno por su lado, por si se trataba de un ataque sorpresa a la camioneta donde viajaban. Después de todo, nunca se sabía hasta qué punto podía llegar el fanatismo de alguien; “es decir, a John Lennon lo asesinó un fan!”, pensaron.
Daigo fue el primero en llegar al misterioso lugar: una escalera descendiente llegaba hasta una puerta roja levemente iluminada bajo el nivel del suelo. Frente a ella, un gran hombre controlaba la entrada y la salida de aquel lugar.
- Oye Takehiro, realmente es seguro este lugar? -, le preguntó Daigo a su guardaespaldas, algo preocupado por su integridad física.
- Sí, señor Naito. No se preocupe que hemos chequeado todo el perímetro antes de traerlo -, respondió formalmente Takehiro.
Lentamente, y sin separarse nunca de Takehiro, Daigo descendió por aquella estrecha escalera, hasta toparse con el hombre de la entrada:
- Buenas noches, vengo a ver a Inori -, la voz de Daigo salió firme y clara, por lo que el hombre lo dejó pasar, pero no así a su guardaespaldas. Luego de una breve discusión, Takehiro accedió a quedarse fuera del local, pero diciéndole a Daigo que gritara en caso de que algo sucediera y él iría a buscarlo.
Una vez adentro, una bella mujer lo condujo hasta un sillón cercano a la puerta, donde le pidió que se sentara y aguardara por unos momentos. Cinco minutos después, escuchó la suave voz de Akihide decir “qué tal, me dijeron que preguntara por Inori”, para luego verlo entrar al recinto donde él estaba. Aquel lugar era realmente extraño: la sala estaba tenuemente iluminada, algunos sillones se repartían por los rincones, mientras que una barra como si fuera un bar irradiaba luces de colores desde sus costados.
- Aki, esto es muy extraño -, susurró Daigo, una vez que Akihide se hubiera sentado a su lado en aquel sillón. – Cuando venga Shinpi, echemos un vistazo alrededor y vámonos, sí? -, parecía realmente asustado.
Antes de que Akihide pudiese contestarle, la mujer que los había guiado hasta aquel sillón volvió a aparecer para decirles que la siguieran.
- Pero señorita, -, respondió Akihide educadamente, - falta llegar uno de nosotros.
- No se preocupe, señor Satou -, respondió tranquilamente la mujer. – El señor Inoue ya se encuentra en el interior del lugar. Síganme, por favor.
Luego de intercambiar miradas de confusión, Daigo y Akihide se levantaron del sillón y comenzaron a caminar detrás de ella: pasaron por un pasillo largo y débilmente iluminado, hasta finalmente llegar a una habitación, la cual la mujer abrió con una llave que llevaba colgada del cuello.
- Adelante -, dijo, haciéndoles señas para que pasen. – Allí tienen un sillón, pónganse cómodos que el señor Inoue estará aquí en cualquier instante.
Al entrar, tanto Daigo como Akihide se llevaron una enorme sorpresa: aquel lugar era lo más parecido a un LoveHo (hotel para parejas) que habían visto, con accesorios de todo tipo sobre la mesa y espejos cubriendo parte de las paredes y el techo. Lo más impresionante era, para los dos muchachos, la enorme cama en el centro de la habitación, llena de pétalos de rosa sobre sábanas de suave algodón.
- PERO QUÉ…?! -, comenzó a chillar Daigo, pero antes de poder terminar la frase, la mujer que los había llevado hasta allí, se había retirado y cerrado la puerta tras de sí.
- Mira, Daigo. Aquí hay algo… -, dijo Akihide por sobre las protestas incesantes de Daigo. – Parece una carta dirigida a nosotros -, continuó mientras le mostraba un sobre con sus nombres escritos en él.
- Eh? A ver, a ver, léela Aki! -, se entusiasmó Daigo, mientras se acercaba a Akihide.
- “Para Daigo y Akihide” -, comenzó a leer. – “Espero que no se tomen a mal esto, realmente creo que se lo merecen y sobre todo, que lo NECESITAN.” …Que lo necesitamos…? -, Akihide no podía creer lo que estaba leyendo, pero igualmente continuó hasta el final: - “Pueden enojarse conmigo todo lo que quieran luego, pero primero disfruten de este regalo.” Y la firma… Shinpei! … “Postdata: perdón si entendí mal las cosas, si no quieren hacer nada, tomen lo que quieran del frigobar, la cuenta va por mí”.
Daigo y Akihide se quedaron helados luego de entender a qué se refería Shinpei con que creía que lo “necesitaban”. Lentamente, Daigo fue acercándose a la cama, donde se sentó todavía sin poder creer lo que estaba viviendo.
- Agh, no puedo creerlo! -, exclamó Akihide, sentándose al lado de Daigo y revoleando la carta.
- Cierto?! Ese Shinpii imagina cosas…
El silencio reinó en la habitación, antes de que Akihide se percatara del sonrojo que presentaba Daigo en sus mejillas.
- Qué sucede, Daigo? Te sientes bien? Estás algo rojo… -, Akihide tocó la frente de Daigo para ver si tenía fiebre.
- No es… nada, Aki, déjalo -, respondió Daigo, haciéndose a un lado y alejándose de la mano de Akihide.
Perceptivo como era, Akihide rápidamente entendió a qué se debían sus acciones:
- De verdad quieres hacer esto? -, preguntó tímidamente, ya con algo de color en su propia cara.
La cabeza de Daigo se giró para poder ver a Akihide a la cara: sus ojos se clavaron los unos en los otros y el rubor en las mejillas de ambos se fue haciendo gradualmente más intenso.
- Sólo… Déjame intentarlo, vale? -, dijo vergonzosamente Daigo, mientras se acercaba a su compañero. – Sólo imagina que estamos arriba de un escenario o practicando alguna canción…
- No, Daigo -, respondió Akihide categóricamente. – Si me imagino que estoy en un ensayo, no podría hacer esto -, dijo antes de apretar sus labios fuertemente contra los de Daigo, mientras pasaba sus brazos alrededor del cuerpo del otro.
- Aki, qué…? -, Daigo no entendía del todo qué estaba sucediendo, pero debía admitir que le gustaba lo que sentía.
- Ssh, no digas nada y hazle caso a Shinpei que dijo que lo aprovecháramos… -, respondió rápidamente Akihide, antes de abalanzarse sobre Daigo, quien esta vez sí respondió a las caricias de Akihide y comenzó a pasear sus manos por todo el cuerpo de su guitarrista preferido.
No pasó mucho tiempo hasta que ambos terminaron rozando piel con piel. De alguna manera, ambos lograron librarse de sus barreras morales que le impedían hacer todo aquello arriba de un escenario y dieron rienda suelta a su pasión. Shinpei tenía razón: realmente necesitaban hacer eso.
Lentamente, pero a la vez de manera acelerada, comenzaron a conocerse como si jamás se hubieran rozado siquiera antes: sus manos tocaban lugares que nunca pensaron tocar, sus bocas recorrían desde la cabeza hasta la cintura semi desnuda del otro, y sus voces se escuchaban como jamás imaginaron que sonarían.
- Daigo, espera! -, Akihide sonaba algo desesperado al separarse momentáneamente de Daigo.
- Qué sucede, Aki? -, Daigo tampoco podía respirar normalmente.
- Nada, no sucede… nada, es sólo que… Quiero tocarte por debajo de tus pantalones -, dijo Akihide, avergonzado de las palabras que acababa de decir.
- Bueno, y qué problema hay? -, pregunto Daigo, algo desconcertado. – Acaso te molesta el cinto? Dímelo directamente y me lo desabrocho!
Las risas de Akihide inundaron momentáneamente el recinto, mientras Daigo maniobraba con la hebilla de su cinturón.
- Está bien, no es eso -, respondió con una sonrisa, mientras volvía a besarlo. – De verdad, no es nada -, terminó, mientras pasaba su mano por la ropa interior de Daigo, quien no pudo evitar soltar un respingo de sorpresa mezclada con placer.
- A-aki!, -, soltó Daigo, mientras comenzaba a responder a los toques de Akihide, haciendo lo mismo con la zona baja de su compañero. – Déja- me… Hay algo que siempre me pregunté cómo se sen- sentía…
Lentamente, Daigo comenzó a masajear el pecho de Akihide, mientras bajaba su cabeza hacia su cintura, besando todo su cuerpo en el camino. Para cuando llegó a su meta, bromeó con que “hay algo en mi camino!”, antes de quitarle los pantalones y la ropa interior y comenzar a succionar el miembro de Akihide.
- Da-Daigo, qué…?  -, Akihide no lograba respirar normalmente. Jamás esperó que un hombre lo hiciera sentir se esa manera, pero realmente estaba sucediendo y se sentía increíble.
Una vez acostumbrado a la idea, lo cual realmente le llevó algunos pocos segundos, comenzó a masajear el pelo de Daigo y a mover, casi involuntariamente, la cintura al ritmo de los besos y las lamidas de quien lo hacía sentir de aquella manera.
- Bas-basta Daigo, te ensucia--AH! -, Akihide no pudo reprimir una exclamación ante un especial movimiento de Daigo, quien no dejaba de tocarlo y pasar su boca por toda la zona. – Daigo, hazte a un lado!
La advertencia llegó tarde, y la cara de Daigo terminó cubierta por finas líneas blancas.
- Lo… Lo siento mucho! No pude contenerme! -, Akihide enterró la cabeza entre sus manos, avergonzado de sí mismo.
- Oye, oye Aki… -, Daigo se limpió rápidamente con la sábana y se acercó a la cara de Akihide. – No tienes de qué disculparte, vale?
Akihide seguía con la cara escondida, por lo que Daigo decidió, como siempre hacía, utilizar el humor para romper la tensión y distender a su amigo:
- Ahora, Aki… Debo admitir que tengo un problema con esto… -, al ver que Akihide levantaba levemente su cabeza, continuó: - Hay algo apretándome los pantalones, pero no sé si estoy listo para desvestirme frente a ti… -, terminó, mirando a Akihide con una sonrisa comprensiva, quien le devolvió el gesto.
- Bueno, hay algo que puedes hacer… Pero sólo si estás listo! -, respondió riendo, mientras se recostaba sobre el colchón, haciéndole un gesto a Daigo que insinuaba que se le acercara.
Con una amplia sonrisa en su rostro, Daigo se acercó a Akihide y volvió a besarlo, mientras él aflojaba el botón del pantalón de Daigo y comenzaba a tocarlo por debajo de la ropa.
- Sabes algo, Aki? -, dijo Daigo, alejándose momentáneamente. – Creo que estoy listo para que me veas…
- Oh, vamos! No recuerdas aquella vez que olvidaste trabar la puerta del baño del micro y entré accidentalmente? -, rió Akihide. – Nada de lo que vea será nuevo para mí!
Daigo volvió a sonreír ante el recuerdo de aquella desafortunada ocasión, y se acercó nuevamente para besar a Akihide, quien estiró su mano y comenzó a tocar nuevamente a Daigo. Finalmente, ambos quedaron completamente desnudos y aprovecharon la situación: sus manos iban y venían por todas partes, provocándoles sensaciones que ni en el más erótico de sus sueños habían sentido.
Intentando imitar lo que hacía normalmente con una mujer, Daigo comenzó a introducir un dedo dentro de Akihide, quien al principio se quejó de lo extraño que se sentía, pero luego comenzó a disfrutarlo y a pedir más y más.
- Tú dices que quieres más, Aki, pero el siguiente paso es… bueno, ya sabes… -, Daigo parecía algo avergonzado de decir la palabra justa.
- Lo sé, y estoy preparado -, respondió Akihide. – Pero antes debo pedirte dos cosas…
- Dos?!
- Sí, Daigo, dos cosas -, al ver que Daigo asentía, Akihide continuó: - Primero: ves ese frasco de allí? Úsalo! -, dijo, señalando un pequeño envase de plástico con tapa color naranja. – Y segundo… Quiero que te pongas ese collar que está arriba de la mesa.
Daigo asintió sin chistar al primer pedido, pero ante la segunda petición, abrió de par en par sus ojos, preguntándose en qué diablos estaba pensando Akihide para pedirle aquello. Interpretando su mirada, Akihide se explicó:
- Bueno, debo admitir que siempre me gustó ese tipo de vestimenta desde que la usamos para grabar el video de Real Love… Y sería adecuado que te lo pusieras, siendo tú y siendo yo… No sé si me entiendes… Ah, no importa. Sólo póntelo! -, resopló Akihide, molesto ante tener que dar tantas explicaciones.
- Claro que sí… Amo -, susurró Daigo, luego de ponerse el collar al cuello y comenzar a masajear nuevamente la parte posterior de Akihide, quien comenzó a gemir incontrolablemente. – Estás listo?
- Más que listo, hazlo! -, exclamó Akihide.
Lentamente, Daigo comenzó a introducirse en su interior, dándole tiempo a su compañero a que se acostumbre a la sensación de tener algo dentro suyo. Una vez que vio que Akihide comenzaba a estar a gusto, inició los movimientos de cadera que lo llevaron a tener sensaciones que con ninguna mujer había logrado.
No por nada Akihide le había pedido que se pusiera aquel collar: repentinamente, tironeó de la cadena que salía del cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo intensamente, mientras le clavaba sus uñas en la espalda, dejándole gruesas líneas rosadas.
- Aki, aki! -, Daigo gritaba su nombre en el éxtasis, realmente estaba fuera de sí, y Akihide no podía siquiera emitir una palabra coherente, por lo que se limitaba a respirar lo más normalmente que podía. – Debo sali—salirme! Sino…
Akihide se negó rotundamente, moviéndose él mismo para no dejar que Daigo saliera de su cuerpo. No le importaba si acababa sucio con la descarga de Daigo, simplemente quería continuar aquella placentera sensación el mayor tiempo posible. Luego de un par de entradas más, Daigo se desplomó contra el colchón, agotado por lo que acababa de hacer e intentando recuperar el aliento.
- De verdad… Eres increíble… Aki… -, dijo Daigo, todavía respirando con dificultad.
- Lo mismo… digo… -, Akihide se encontraba en la misma situación, intentando acompasar su respiración y desacelerar su pulso.
- Debo admitir que Shinpei tenía razón, parece que de verdad necesitábamos esto -, bromeó Daigo, una vez que ambos se hubieran calmado.
Akihide no dijo nada, pero se rió por lo bajo, dando a entender que estaba de acuerdo.
- Igualmente… Ya le daremos su merecido por jugarnos esta broma… -, dijo Akihide, serio.
- Se merece que lo dejemos besar a la coneja en el próximo recital, qué te parece? -, preguntó Daigo, entre risas, a lo que Akihide respondió con más risas y un asentimiento de cabeza.
Luego de reír un rato acostados en la cama, mirándose a ellos mismos en el espejo del techo de la habitación, Akihide propuso tomar un baño y dejar aquel lugar para ir a comer algo afuera. Después de todo, habían ido allí pensando que comerían algo con Shinpei y no habían cenado nada (además de que la actividad física les había abierto el apetito). Por turnos, mientras Akihide se bañaba, Daigo revisaba los distintos cajones y estanterías con accesorios de aquella habitación, agarrando todos los dulces que encontraba. Al salir Akihide del baño, Daigo entró a ducharse, mientras que quien quedó afuera se cambiaba y organizaba un poco el desastre que había dejado Daigo luego de su búsqueda de caramelos.

Al día siguiente volvieron a encontrarse para ensayar: una vez que Daigo y Akihide entraron al estudio, Shinpei los estaba esperando con una amplia y cómplice sonrisa que dejaba al descubierto todos sus dientes, completamente consciente de lo que sus compañeros habían hecho la noche anterior.

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