La misión de
aquel día había sigo agotadora: un criminal se había atrincherado en su casa,
tomando de rehén a su esposa y amenazando con matarla si no quitaban los
radares de rastreo de matriz de su barrio. Finalmente, con la ayuda a los inspectores
y los ejecutores, pudieron atrapar al criminal, pero la esposa ya había sido brutalmente
golpeada. Ante ese hecho, el inspector Ginoza tendría mucho papeleo por hacer. Kougami,
un ejecutor, se ofreció a ayudarlo, pero Ginoza le había respondido que alguien
de su categoría no podía hacerlo.
Kougami se había
retirado a su habitación en soledad, para cenar en paz y descansar de todo el
ajetreo de la tarde. Una vez terminada la cena, se acostó en el sillón mirando
hacia el techo. “Gino ha estado algo frío hoy conmigo, qué le sucederá? Estos últimos
días ha estado muy distante y evita estar a solas conmigo en una habitación”. Esos
pensamientos rondaban la cabeza de Kougami mientras veía girar las aspas de su
ventilador de techo. Lo cierto era que, hacía ya un tiempo, él y el inspector
Ginoza habían comenzado una especie de relación casual, más como compañeros
sexuales que como pareja. Pero hacía algunas semanas que Gino, como él lo
llamaba en la intimidad, no daba espacio a que algo sucediera.
Mientras reflexionaba
sobre las actitudes de Gino, comenzó a recordar la última vez que habían estado
juntos: el inspector había conseguido un permiso de la oficina y lo había
llevado a su casa a comer [los ejecutores
como Kougami no tienen permitido salir por su propia cuenta por ser criminales
latentes, por lo que viven en una residencia especial de la Oficina de
Seguridad y siempre deben salir junto a un inspector y con permiso de la
Oficina]. Luego de la cena, Ginoza se había inclinado sobre la pileta de la
cocina para lavar los utensilios y Kougami había ido a por él desde atrás, para
comenzar a divertirse antes de llegar a la habitación. Kougami recordó el toque
de Gino, intentando apartarlo diciéndole que debía lavar los platos, pero a la
vez pidiendo implícitamente que no se detuviera; recordó lo firme que era su trasero,
que sobresalía de su espalda aun con los pantalones puestos y lo llamaba al
pecado; recordó sentir la presión sobre su mano al pasarla por la zona íntima
de Ginoza, y cómo había comenzado a masajearlo mientras el inspector intentaba
lavar los cubiertos. Ante esa última imagen mental, él mismo comenzó a ponerse
duro, casi sin quererlo. Repentinamente, su celular vibró sobre la mesa,
sobresaltándolo y sacándolo de su fantasía.
- Hola? -,
preguntó al atender la llamada.
- Hola, Kougami?
Soy Ginoza -, se escuchó al otro lado de la línea.
- Sí, Gino. Qué
sucede?
- Ya he terminado
el papeleo del trabajo de hoy y no he cenado nada, te parece si paso por su
habitación y comemos algo? -, propuso el inspector.
- Claro, ven
cuando quieras -, respondió Kougami. Aunque él ya hubiera comido, realmente
quería ver a Gino y no le importaba si debía cenar otra vez.
A la media hora después
de la llamada, dos golpes a la puerta de la habitación de Kougami le dieron a
entender que Ginoza había llegado. El dueño de casa le abrió la puerta y lo
invitó a pasar.
- Has terminado
rápido el informe, Gino -, comenzó Kougami.
- De verdad quería
sacármelo de encima, fue un caso horrible. Viste las fotos de la esposa? La golpeó
hasta desfigurarla -, respondió Ginoza, recostándose en el sillón de la
habitación; el mismo sillón donde Kougami había fantaseado con él unos minutos
antes.
- Lo sé, lo sé…
Oye, qué quieres comer? -, preguntó Kougami.
- No lo sé, cualquier
cosa que tengas en el refrigerador estará bien -, dijo Ginoza, con la voz
cansada, intentado despreocuparse del asunto.
Kougami sacó dos
latas de ramen instantáneo y los puso a calentar. Realmente se había quedado
pensando en aquellas imágenes de la cocina del departamento de Ginoza y, ahora
que lo tenía a él allí, pretendía aprovechar la situación.
- Ya puse a
calentar la comida… -, dijo mientras caminaba hacia el sillón donde se
encontraba Ginoza. – Te apetece un aperitivo? -, le dijo, mientras acercaba su
boca a la del inspector.
- Qué? Kouga…?
Ginoza no llegó a
completar la frase porque Kougami ya estaba encima suyo, besándolo como si no
lo hubiera hecho en meses.
- Kougami, espera…
-, intentó decir Ginoza en un intervalo, - Qué estás…? Ah!...
Un repentino
gemido escapó de su boca, al sentir la mano de Kougami contra su parte baja.
- Kou… La comida…
- Ssh, no te
preocupes. El ramen estará listo en quince minutos, tenemos tiempo de sobra -,
respondió Kougami, sin dejar de pasar su mano por las zonas sensibles de Ginoza.
Las grandes manos
de Kougami hacían estremecer a Ginoza, quien no podía respirar normalmente ante
esos estímulos. Luego de algunos besos fuertes, finalmente Ginoza se rindió al
placer y dejó de pensar en el ramen para comenzar a participar del juego
previo. Ahora él también masajeaba a Kougami, quien no había estado tranquilo
desde que aquellas imágenes aparecieron en su mente cuarenta minutos antes. Se
dejó quitar la camisa, al tiempo que él hacía lo mismo con la remera de
Kougami.
- Te lo digo una
vez más, -, comenzó a decir Kougami, - quieres un aperitivo? -, terminó con voz
seductora.
Claro que Ginoza
sabía a lo que se refería… Y la verdad es que él también estaba muy excitado y
tenía ganas de hacerlo. Luego de aplastar fugaz pero fuertemente su boca contra
la de Kougami, la cabeza de Ginoza se desplazó desde la cabeza hasta la ingle
del ejecutor, quien ya no soportaba más la presión en su cintura. De un tirón,
desabrochó los botones del uniforme y abrió los pantalones, dando paso a la
ropa interior, la cual hizo a un lado. Realmente parecía que Kougami se había estado
aguantando esas semanas en las que no habían hecho nada, porque ya estaba bien
arriba. Introdujo el miembro de Kougami en su boca, mientras con una mano
masajeaba la zona para aumentar el placer. Casi inmediatamente, la respiración
de Kougami se aceleró aún más y sus manos comenzaron a pasear por la espalda de
Ginoza, dejando algunas rayas y rasguñones aquí y allá.
- Basta… Gino, no
puedo… más… -, intentó decir Kougami, pasados unos momentos.
El escuchar eso
no hizo otra cosa que excitar aún más a Ginoza, quien siguió chupando con
energía.
- Gino…! -,
exclamó Kougami. – Apártate que sino…
No había
terminado la frase, que Ginoza sintió un extraño sabor en su boca y tragó rápidamente.
- Si no hubiera
estado dispuesto a llegar hasta el final, no hubiera empezado a hacerlo -,
respondió, limpiándose los labios con la manga de su saco, que había quedado
tirado a un costado del sillón.
- Y tú? Qué tal
estás? -, preguntó despacio Kougami, volviendo a posar su mano en la cintura de
Ginoza. – Necesitas algo de ayuda por aquí? -, dijo irónicamente, mientras
toqueteaba a su compañero.
No sabía si era
el efecto de no haberlo hecho en semanas o la emoción de que la fantasía que
había tenido hace un rato se hubiera hecho realidad, pero Kougami ya estaba
listo para un segundo round. Mientras lo besaba, con una mano seguía masajeando a Ginoza y con
la otra iba desabrochando su pantalón y bajándolo lentamente, hasta dejar al
inspector completamente desnudo en su sillón. Luego de unos breves instantes de
preparación, Kougami declaró:
- Voy a entrar, te
haré sentir como ni en sueños lo imaginas -, susurró al oído de Ginoza.
El reloj del microondas
indicó que faltaban cinco minutos para que la comida estuviese lista, tiempo
más que suficiente para tener un poco de acción antes de la cena. Kougami comenzó
a introducirse, lentamente para que su compañero no sintiera ningún dolor.
- No aprietes
tanto, Gino, o te dolerá -, bromeó
Kougami, - Aunque, debo admitir que se siente excelente aquí dentro…
Al notar que el
cuerpo de Ginoza se había acostumbrado, comenzó a moverse y a dar pequeñas
estocadas: después de algunos encuentros, Kougami ya había descubierto los
puntos débiles de Gino y sabía cómo hacerlo gemir de placer. Aumentando gradualmente
la velocidad de las embestidas, al tiempo que con su mano libre no dejaba de
masajear la parte delantera de Gino, Kougami no tardó en desenfrenarse y dar
rienda suelta a su pasión. Ambos gritaban, de placer, de dolor, de emoción.
Con una embestida
final, Kougami se vino por segunda vez en la noche, al tiempo que sentía la
descarga de Ginoza en su mano derecha. Lentamente, salió del interior de
Ginoza, para desplomarse en el sillón, agotado. Mientras ambos intentaban
acompasar la respiración, sonó la alarma del microondas, avisando que el ramen
ya estaba listo.
Kougami levantó
la cabeza para ver de dónde provenía ese sonido, y luego volvió a recostarse en
el sillón al lado de Gino para descansar un poco más. Unos minutos más tarde,
se incorporó en el sillón y, mirando a Ginoza con una sonrisa, preguntó:
- Cenamos?
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