12 de septiembre de 2014

Ramen Instantáneo

La misión de aquel día había sigo agotadora: un criminal se había atrincherado en su casa, tomando de rehén a su esposa y amenazando con matarla si no quitaban los radares de rastreo de matriz de su barrio. Finalmente, con la ayuda a los inspectores y los ejecutores, pudieron atrapar al criminal, pero la esposa ya había sido brutalmente golpeada. Ante ese hecho, el inspector Ginoza tendría mucho papeleo por hacer. Kougami, un ejecutor, se ofreció a ayudarlo, pero Ginoza le había respondido que alguien de su categoría no podía hacerlo.
Kougami se había retirado a su habitación en soledad, para cenar en paz y descansar de todo el ajetreo de la tarde. Una vez terminada la cena, se acostó en el sillón mirando hacia el techo. “Gino ha estado algo frío hoy conmigo, qué le sucederá? Estos últimos días ha estado muy distante y evita estar a solas conmigo en una habitación”. Esos pensamientos rondaban la cabeza de Kougami mientras veía girar las aspas de su ventilador de techo. Lo cierto era que, hacía ya un tiempo, él y el inspector Ginoza habían comenzado una especie de relación casual, más como compañeros sexuales que como pareja. Pero hacía algunas semanas que Gino, como él lo llamaba en la intimidad, no daba espacio a que algo sucediera.
Mientras reflexionaba sobre las actitudes de Gino, comenzó a recordar la última vez que habían estado juntos: el inspector había conseguido un permiso de la oficina y lo había llevado a su casa a comer [los ejecutores como Kougami no tienen permitido salir por su propia cuenta por ser criminales latentes, por lo que viven en una residencia especial de la Oficina de Seguridad y siempre deben salir junto a un inspector y con permiso de la Oficina]. Luego de la cena, Ginoza se había inclinado sobre la pileta de la cocina para lavar los utensilios y Kougami había ido a por él desde atrás, para comenzar a divertirse antes de llegar a la habitación. Kougami recordó el toque de Gino, intentando apartarlo diciéndole que debía lavar los platos, pero a la vez pidiendo implícitamente que no se detuviera; recordó lo firme que era su trasero, que sobresalía de su espalda aun con los pantalones puestos y lo llamaba al pecado; recordó sentir la presión sobre su mano al pasarla por la zona íntima de Ginoza, y cómo había comenzado a masajearlo mientras el inspector intentaba lavar los cubiertos. Ante esa última imagen mental, él mismo comenzó a ponerse duro, casi sin quererlo. Repentinamente, su celular vibró sobre la mesa, sobresaltándolo y sacándolo de su fantasía.
- Hola? -, preguntó al atender la llamada.
- Hola, Kougami? Soy Ginoza -, se escuchó al otro lado de la línea.
- Sí, Gino. Qué sucede?
- Ya he terminado el papeleo del trabajo de hoy y no he cenado nada, te parece si paso por su habitación y comemos algo? -, propuso el inspector.
- Claro, ven cuando quieras -, respondió Kougami. Aunque él ya hubiera comido, realmente quería ver a Gino y no le importaba si debía cenar otra vez.

A la media hora después de la llamada, dos golpes a la puerta de la habitación de Kougami le dieron a entender que Ginoza había llegado. El dueño de casa le abrió la puerta y lo invitó a pasar.
- Has terminado rápido el informe, Gino -, comenzó Kougami.
- De verdad quería sacármelo de encima, fue un caso horrible. Viste las fotos de la esposa? La golpeó hasta desfigurarla -, respondió Ginoza, recostándose en el sillón de la habitación; el mismo sillón donde Kougami había fantaseado con él unos minutos antes.
- Lo sé, lo sé… Oye, qué quieres comer? -, preguntó Kougami.
- No lo sé, cualquier cosa que tengas en el refrigerador estará bien -, dijo Ginoza, con la voz cansada, intentado despreocuparse del asunto.
Kougami sacó dos latas de ramen instantáneo y los puso a calentar. Realmente se había quedado pensando en aquellas imágenes de la cocina del departamento de Ginoza y, ahora que lo tenía a él allí, pretendía aprovechar la situación.
- Ya puse a calentar la comida… -, dijo mientras caminaba hacia el sillón donde se encontraba Ginoza. – Te apetece un aperitivo? -, le dijo, mientras acercaba su boca a la del inspector.
- Qué? Kouga…?
Ginoza no llegó a completar la frase porque Kougami ya estaba encima suyo, besándolo como si no lo hubiera hecho en meses.
- Kougami, espera… -, intentó decir Ginoza en un intervalo, - Qué estás…? Ah!...
Un repentino gemido escapó de su boca, al sentir la mano de Kougami contra su parte baja.
- Kou… La comida…
- Ssh, no te preocupes. El ramen estará listo en quince minutos, tenemos tiempo de sobra -, respondió Kougami, sin dejar de pasar su mano por las zonas sensibles de Ginoza.
Las grandes manos de Kougami hacían estremecer a Ginoza, quien no podía respirar normalmente ante esos estímulos. Luego de algunos besos fuertes, finalmente Ginoza se rindió al placer y dejó de pensar en el ramen para comenzar a participar del juego previo. Ahora él también masajeaba a Kougami, quien no había estado tranquilo desde que aquellas imágenes aparecieron en su mente cuarenta minutos antes. Se dejó quitar la camisa, al tiempo que él hacía lo mismo con la remera de Kougami.
- Te lo digo una vez más, -, comenzó a decir Kougami, - quieres un aperitivo? -, terminó con voz seductora.
Claro que Ginoza sabía a lo que se refería… Y la verdad es que él también estaba muy excitado y tenía ganas de hacerlo. Luego de aplastar fugaz pero fuertemente su boca contra la de Kougami, la cabeza de Ginoza se desplazó desde la cabeza hasta la ingle del ejecutor, quien ya no soportaba más la presión en su cintura. De un tirón, desabrochó los botones del uniforme y abrió los pantalones, dando paso a la ropa interior, la cual hizo a un lado. Realmente parecía que Kougami se había estado aguantando esas semanas en las que no habían hecho nada, porque ya estaba bien arriba. Introdujo el miembro de Kougami en su boca, mientras con una mano masajeaba la zona para aumentar el placer. Casi inmediatamente, la respiración de Kougami se aceleró aún más y sus manos comenzaron a pasear por la espalda de Ginoza, dejando algunas rayas y rasguñones aquí y allá.
- Basta… Gino, no puedo… más… -, intentó decir Kougami, pasados unos momentos.
El escuchar eso no hizo otra cosa que excitar aún más a Ginoza, quien siguió chupando con energía.
- Gino…! -, exclamó Kougami. – Apártate que sino…
No había terminado la frase, que Ginoza sintió un extraño sabor en su boca y tragó rápidamente.
- Si no hubiera estado dispuesto a llegar hasta el final, no hubiera empezado a hacerlo -, respondió, limpiándose los labios con la manga de su saco, que había quedado tirado a un costado del sillón.
- Y tú? Qué tal estás? -, preguntó despacio Kougami, volviendo a posar su mano en la cintura de Ginoza. – Necesitas algo de ayuda por aquí? -, dijo irónicamente, mientras toqueteaba a su compañero.
No sabía si era el efecto de no haberlo hecho en semanas o la emoción de que la fantasía que había tenido hace un rato se hubiera hecho realidad, pero Kougami ya estaba listo para un segundo round. Mientras lo besaba,  con una mano seguía masajeando a Ginoza y con la otra iba desabrochando su pantalón y bajándolo lentamente, hasta dejar al inspector completamente desnudo en su sillón. Luego de unos breves instantes de preparación, Kougami declaró:
- Voy a entrar, te haré sentir como ni en sueños lo imaginas -, susurró al oído de Ginoza.
El reloj del microondas indicó que faltaban cinco minutos para que la comida estuviese lista, tiempo más que suficiente para tener un poco de acción antes de la cena. Kougami comenzó a introducirse, lentamente para que su compañero no sintiera ningún dolor.
- No aprietes tanto, Gino, o te dolerá  -, bromeó Kougami, - Aunque, debo admitir que se siente excelente aquí dentro…
Al notar que el cuerpo de Ginoza se había acostumbrado, comenzó a moverse y a dar pequeñas estocadas: después de algunos encuentros, Kougami ya había descubierto los puntos débiles de Gino y sabía cómo hacerlo gemir de placer. Aumentando gradualmente la velocidad de las embestidas, al tiempo que con su mano libre no dejaba de masajear la parte delantera de Gino, Kougami no tardó en desenfrenarse y dar rienda suelta a su pasión. Ambos gritaban, de placer, de dolor, de emoción.
Con una embestida final, Kougami se vino por segunda vez en la noche, al tiempo que sentía la descarga de Ginoza en su mano derecha. Lentamente, salió del interior de Ginoza, para desplomarse en el sillón, agotado. Mientras ambos intentaban acompasar la respiración, sonó la alarma del microondas, avisando que el ramen ya estaba listo.
Kougami levantó la cabeza para ver de dónde provenía ese sonido, y luego volvió a recostarse en el sillón al lado de Gino para descansar un poco más. Unos minutos más tarde, se incorporó en el sillón y, mirando a Ginoza con una sonrisa, preguntó:
- Cenamos?

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