29 de septiembre de 2014

Sin Batería

Como banda que eran, los miembros de Breakerz casi siempre viajaban juntos en la misma camioneta con los vidrios polarizados y cortinas en todas sus ventanillas. En los viajes largos, compartían un micro privado con el resto de los miembros del staff, pero siempre iban juntos. De hecho, acostumbraban a sacarse fotos en los micros o los aviones haciéndole caras divertidas a quien se había dormido primero o a lo que estaban comiendo.
En uno de esos viajes por todo el país, habían llegado a la prefectura de Aomori, muy cerca de Hokkaido, la zona más fría de todo Japón. El viaje desde la terminal de micros hasta el hotel iba a ser largo, ya que habían elegido una posada de lujo en las afueras de la ciudad para no ser molestados por los fans. Una gran camioneta los estaba esperando a la salida de la terminal, lista para llevarlos al hotel, y otro vehículo que transportaría al resto de quienes los acompañaban. La distribución era siempre la misma: Daigo, Akihide y Shinpei viajaban en la misma camioneta, y el resto en la otra.
- Oigan, no quiero alarmarlos pero hace rato que estamos aquí parados y la camioneta no arranca… -, comentó Shinpei, luego de quince minutos de haber subido al vehículo y no haber arrancado.
Al oírlo decir eso, sus dos compañeros se percataron de la situación y comenzaron a correr las cortinas de las ventanillas para mirar hacia afuera para intentar enterarse de lo que estaba sucediendo. Cuando el personal que manejaría los vehículos se dio cuenta de la impaciencia de sus clientes, el chofer designado subió a la camioneta para explicarles la situación:
- Deben disculparnos de verdad, pero la camioneta se ha quedado sin batería y no podemos hacerla arrancar. Perdón! -, dijo el conductor, inclinando su cabeza en señal de disculpa.
- No probaron de pasarle corriente desde la otra camioneta? -, preguntó Shinpei, quien tenía una mínima idea de mecánica automotriz.
- Lo hemos intentado, pero la verdad es que no tenemos el cable adecuado y no podemos hacer eso -, explicó el hombre.
- Qué problema! -, se quejó Daigo. – Y ahora qué haremos? Quiero ir al hotel! Hace una hora salió el nuevo episodio de Psycho Pass y quiero verlo yaaa! -, protestó.
Akihide, quien se había mantenido sereno, rió por lo bajo, murmurando “siempre tan otaku…”
- Y si viajamos con el resto de la gente? Podemos apretarnos un poco y viajar todos juntos -, propuso Daigo.
- Lo cierto es que la otra camioneta está casi llena, sólo entraría una persona más y ustedes son tres… -, respondió pensativo el conductor.
- Yo voy! -, exclamó Daigo instantáneamente.
Los tres hombres que lo rodeaban lo miraron, sorprendidos de que quisiera viajar apretado, ya que siempre le gustaba estar tranquilo en su propio asiento donde pudiese estirarse.
- Qué me miran? -, preguntó Daigo desconcertado. – Matsu tiene una tablet enorme y podré ver el episodio online mientras viajo! -, dijo alegremente.
- No podría permitir eso, señor Naito! -, el conductor sonaba algo nervioso.
Después de una pequeña charla, Daigo logró convencer al hombre de dejar a Akihide y Shinpei en esa camioneta e ir al otro vehículo para viajar con Matsu y los demás al hotel.
- De verdad no se preocupe por nosotros, podemos esperar un rato hasta que consigan un cable de batería adecuado -, sonrió Akihide al preocupado chofer.
- Gracias chicos, gracias señor chofer! -, dijo enérgicamente Daigo, antes de pasarse al vehículo que esperaba detrás del suyo. – Nos vemos en el hotel! -, exclamó, mientras se bajaba y cerraba la puerta tras de sí, dejando al conductor afuera de la camioneta.

- Hemos quedado solos… -, Akihide parecía algo decaído y se cruzó de brazos.
- Vamos, Aki, qué sucede? -, preguntó Shinpei, algo preocupado.
- No es nada, sólo que tengo un poco de frío y no funciona la calefacción… -, confesó Akihide.
Shinpei miró con ternura a quien tenía a su lado: pequeño como era, intentó abrazarse a sí mismo para darse calor, lo que lo hizo parecer aún más chiquito. Despacio, se fue acercando a Akihide, quien temblaba de vez en cuando y se aferraba más a su campera.
- Tanto frío tienes? -, dijo Shinpei, al tiempo que masajeaba los hombros de Akihide por encima de su campera.
- No es nada, Shinpei, no te preocupes -, dijo Akihide, mirando hacia otro lado.
Al decir esto, Akihide se alejó de Shinpei, impidiendo que éste pudiera seguir pasando la mano por sus hombros para intentar darle calor. Impresionado ante ese gesto, Shinpei descifró el mensaje oculto de Akihide: tenía miedo de que los vieran en esa posición y que pensaran mal de ellos. Rápidamente, Shinpei tuvo una solución:
- Disculpe… - dijo, asomando la cabeza por la ventanilla de la camioneta, llamando al chofer.
- Sí, señor Inoue? Qué sucede? -, respondió inmediatamente el hombre.
- La otra camioneta ya se ha ido, verdad? -, preguntó Shinpei.
- Bueno, sí… -, el conductor sonaba algo avergonzado. – Cuando ustedes dijeron que no les molestaba esperar y vimos al señor Naito tan acelerado por llegar al hotel, decidimos que se marcharan primero…
- Oh no, no es problema! -, Shinpei intentó aclarar sus intenciones rápidamente. – De hecho se lo preguntaba porque me ha agarrado algo de sueño luego del viaje y pretendía cerrar las cortinas para intentar dormir algo. No me molestaría estar un tiempo aquí, si de todas formas quiero dormir algo, mejor que la camioneta esté quieta, cierto? -, dijo con una sonrisa.
- Claro, claro, no se preocupe! -, respondió el chofer, aliviado de que Shinpei no estuviera molesto por la partida de Daigo y los demás. – Cierre las cortinas e intente dormir, nosotros cerraremos la cabina de la camioneta y no lo molestaremos -, terminó, también con una sonrisa formal.
- Muchas gracias -, dijo Shinpei, antes de volver a meterse a la camioneta y cerrar la ventanilla.
Al ser un vehículo de transporte de pasajeros, tenía dos filas de asientos más la cabina de conducción, por lo que Shinpei se recostó sobre la fila del fondo y simuló intentar dormir, mientras Akihide seguía hecho una bola temblorosa en la fila del medio. Una vez que se hubo asegurado que el chofer había cerrado los vidrios que comunicaban el sector de pasajeros con la cabina de conducción, se incorporó rápidamente y abrazo a Akihide desde atrás.
- Shinpii, qué…?! -, atinó a decir Akihide, al sentir los fuertes brazos de Shinpei apretarle su pequeño cuerpo, dándole calor.
- Ssh, Aki, no digas nada. Ellos piensan que yo duermo, no hables muy fuerte -, advirtió Shinpei.
Con un rápido movimiento, Shinpei se pasó a la fila donde Akihide estaba sentado y se colocó a su lado, atrayéndolo hacia sí para poder abrazarlo mejor.
- Odio verte temblar, déjame darte algo de calor, vale? -, dijo tiernamente, mientras lo rodeaba con ambos brazos y lo acercaba de tal manera que la cabeza de Akihide quedase acurrucada en su pecho.
Akihide no pudo negarse, siempre había tenido debilidad por Shinpei, quien se veía muy fuerte por fuera pero era un osito de felpa por dentro y siempre quería abrazarlo. Apoyó su cabeza justo debajo de la de Shinpei, quien se acomodó para poder masajearlo por encima de la ropa y generarle algo de calor.
Shinpei comenzó a pasar sus manos por todo el cuerpo de Akihide, desde sus hombros hasta su cintura, intentando que dejara de temblar, cosa que sucedió algunos minutos después.
- Estás mejor? -, preguntó Shinpei, mientras pasaba suavemente su mano por la mejilla de Akihide.
- Sí, gracias Shinpi… -, respondió Akihide, sin poder ocultar lo confortable que se sentía en aquella posición.
- Puedo…? -, comenzó a decir Shinpei, dejando la frase inconclusa para ver si Akihide entendía lo que quería decirle.
- Claro -, una tierna sonrisa se dibujó en la cara de Akihide antes de estirarse para llegar a besar a Shinpei, quien estaba algunos centímetros más arriba.
Fue un beso tierno, lleno de amor entre los dos guitarristas de la banda Breakerz. Si bien tenían absoluta confianza en Daigo, su vocalista, habían comenzado su relación recientemente y todavía no se sentían listos para decírselo. Por esa razón debían andar a escondidas y cuidarse de que nadie los viera en ninguna situación que pudiera considerarse “sospechosa”.
- Ahora que me aseguré de que nadie nos molestará… Me dejas…? -, Shinpei parecía algo dubitativo, pero Akihide le sacó todas sus dudas cuando se incorporó en su asiento y lo abrazó fuertemente mientras pegaba sus labios a los de Shinpei.
- No puedo creer que te inventaras esa historia para que el chofer no nos molestara -, dijo Akihide luego de separarse. – Pero aun así… Gracias, estoy feliz de poder estar así contigo, realmente me haces muy bien -, terminó, con una sonrisa en su rostro.
Y a mí me hace bien verte bien, Aki -, respondió Shinpei. – De verdad me preocupabas cuando te aislabas en tu habitación a componer melodías tristes o canciones de desamor… Odié verte llorar aquel día que entré por accidente a tu habitación pensando que estabas durmiendo -, admitió con la mirada baja. – Desde ese día, me prometí a mí mismo que haría todo lo posible para poner una sonrisa en tu rostro.
- De qué…? -, la expresión de Akihide era de absoluta sorpresa. – Cuándo…?
- Bueno, recuerdas aquel concierto en Niigata hace unos meses? -, ante un asentimiento de cabeza de Akihide, Shinpei continuó: - Cerca de medianoche, fui a tu habitación para ver si tenías pilas de repuesto para mi control remoto. Golpeé la puerta, pero como no hubo respuesta, pasé en silencio para quitarte tu control. Cuando llegué a tu mesa de luz, tú estabas recostado de costado con los ojos cerrados, pretendiendo dormir… Pero tu cara estaba mojada y tenías una expresión rígida y angustiada -, Shinpei realmente sonaba triste al contar esa historia, por lo que Akihide también bajó su mirada, avergonzado. – No sé si estabas realmente dormido o si pretendías estarlo, pero juré por mis antepasados que encontraría la manera de borrar tus lágrimas y reemplazarlas por una sonrisa. Lo juré con tanta convicción que dije que se me cayera el pelo si no lo lograba, y tú sabes lo importante que es mi pelo! -, Shinpei intentó meter algo de humor para romper la tensión, y logró que Akihide soltara una risita.
- De verdad… No lo sabía, Shin, no tenía idea…
- Nunca esperé que lo supieras, pero bueno, hoy se me dio contártelo… -, Shinpei levantó su cabeza y se quitó los lentes oscuros antes de seguir hablando. – Lo cierto es que, en ese proceso de hacerte sonreír, descubrí otra parte de ti que me gustó más allá de lo que puede agradarme cualquier persona, realmente creo que me enamoré de ti -, dijo Shinpei algo sonrojado, mirando a Akihide a los ojos.
- Sabes qué, Shinpii? -, preguntó Akihide sonriendo. – Es la primera vez que me lo dices, realmente estoy muy feliz -, dijo, antes de darle un suave beso. – Y sabes qué también? No eres el único enamorado de alguien en esta camioneta…
Shinpei abrió enormes sus ojos, que rápidamente se llenaron de lágrimas de alegría, y volvió a rodear al pequeño Akihide con sus grandes brazos. “Realmente es un osito por dentro”, pensó Akihide, luego de entregarse a los brazos de Shinpei.

Pasada media hora, la camioneta comenzó a ronronear y arrancó su marcha, cuando un móvil de la compañía de transportes fue a auxiliarlo y le dio energía. El chofer no miró hacia sus pasajeros, ya que Shinpei le había pedido que no los molestara para intentar dormir.
En el sector trasero de la camioneta, Shinpei y Akihide realmente se habían dormido, dándose calor mutuo en un eterno abrazo que llenaba sus almas de felicidad.

27 de septiembre de 2014

Tarjeta de Invitación

Ambos habían recibido una misteriosa invitación: “viernes 3 de octubre, 21:30 hs, calle Fujisan nº 3514. Preguntar por Inori”. No sabían exactamente qué era, pero de verdad les daba intriga.
- Mira, Shinpii -, había dicho Daigo el día que le llegó la tarjeta. – Qué crees que sea?
- Pues no lo sé -, admitió Shinpei. – Pero me encantaría saberlo, ya que a mí me ha llegado lo mismo!
- Están hablando de esta misteriosa tarjeta? -, preguntó Akihide, entrometiéndose en la conversación, mientras mostraba que él también tenía una igual.
Confundidos, los tres amigos comenzaron a especular acerca de qué podría tratarse aquel lugar, pero luego el tema fue pasando de largo y lo olvidaron.

Dos días faltaban para el tres de octubre, y repentinamente Shinpei preguntó, luego de terminar un ensayo:
- Chicos, se acuerdan de esa invitación para ver a esa tal “Inori”? No era esta semana?
Akihide y Daigo se miraron, volviendo a traer aquella tarjeta a sus mentes.
- Cierto! -, exclamó Daigo. – Qué haremos?
- No sé si debamos ir, suena algo peligroso… -, respondió Akihide, dubitativo.
- Pues yo digo que vayamos! -, afirmó Shinpei con firmeza. – Simplemente podemos hacer que la gente de seguridad chequee el lugar antes de entrar para asegurarnos de que no es una conspiración para encerrarnos y hacernos aspirar helio y arruinar nuestras voces o algo así…
Las carcajadas escaparon de los tres amigos, quienes, luego de una breve discusión, decidieron atenerse al plan de Shinpei y hacer que sus guardaespaldas revisaran el lugar antes de entrar. Además, acordaron llegar cada uno por su lado, por si se trataba de un ataque sorpresa a la camioneta donde viajaban. Después de todo, nunca se sabía hasta qué punto podía llegar el fanatismo de alguien; “es decir, a John Lennon lo asesinó un fan!”, pensaron.
Daigo fue el primero en llegar al misterioso lugar: una escalera descendiente llegaba hasta una puerta roja levemente iluminada bajo el nivel del suelo. Frente a ella, un gran hombre controlaba la entrada y la salida de aquel lugar.
- Oye Takehiro, realmente es seguro este lugar? -, le preguntó Daigo a su guardaespaldas, algo preocupado por su integridad física.
- Sí, señor Naito. No se preocupe que hemos chequeado todo el perímetro antes de traerlo -, respondió formalmente Takehiro.
Lentamente, y sin separarse nunca de Takehiro, Daigo descendió por aquella estrecha escalera, hasta toparse con el hombre de la entrada:
- Buenas noches, vengo a ver a Inori -, la voz de Daigo salió firme y clara, por lo que el hombre lo dejó pasar, pero no así a su guardaespaldas. Luego de una breve discusión, Takehiro accedió a quedarse fuera del local, pero diciéndole a Daigo que gritara en caso de que algo sucediera y él iría a buscarlo.
Una vez adentro, una bella mujer lo condujo hasta un sillón cercano a la puerta, donde le pidió que se sentara y aguardara por unos momentos. Cinco minutos después, escuchó la suave voz de Akihide decir “qué tal, me dijeron que preguntara por Inori”, para luego verlo entrar al recinto donde él estaba. Aquel lugar era realmente extraño: la sala estaba tenuemente iluminada, algunos sillones se repartían por los rincones, mientras que una barra como si fuera un bar irradiaba luces de colores desde sus costados.
- Aki, esto es muy extraño -, susurró Daigo, una vez que Akihide se hubiera sentado a su lado en aquel sillón. – Cuando venga Shinpi, echemos un vistazo alrededor y vámonos, sí? -, parecía realmente asustado.
Antes de que Akihide pudiese contestarle, la mujer que los había guiado hasta aquel sillón volvió a aparecer para decirles que la siguieran.
- Pero señorita, -, respondió Akihide educadamente, - falta llegar uno de nosotros.
- No se preocupe, señor Satou -, respondió tranquilamente la mujer. – El señor Inoue ya se encuentra en el interior del lugar. Síganme, por favor.
Luego de intercambiar miradas de confusión, Daigo y Akihide se levantaron del sillón y comenzaron a caminar detrás de ella: pasaron por un pasillo largo y débilmente iluminado, hasta finalmente llegar a una habitación, la cual la mujer abrió con una llave que llevaba colgada del cuello.
- Adelante -, dijo, haciéndoles señas para que pasen. – Allí tienen un sillón, pónganse cómodos que el señor Inoue estará aquí en cualquier instante.
Al entrar, tanto Daigo como Akihide se llevaron una enorme sorpresa: aquel lugar era lo más parecido a un LoveHo (hotel para parejas) que habían visto, con accesorios de todo tipo sobre la mesa y espejos cubriendo parte de las paredes y el techo. Lo más impresionante era, para los dos muchachos, la enorme cama en el centro de la habitación, llena de pétalos de rosa sobre sábanas de suave algodón.
- PERO QUÉ…?! -, comenzó a chillar Daigo, pero antes de poder terminar la frase, la mujer que los había llevado hasta allí, se había retirado y cerrado la puerta tras de sí.
- Mira, Daigo. Aquí hay algo… -, dijo Akihide por sobre las protestas incesantes de Daigo. – Parece una carta dirigida a nosotros -, continuó mientras le mostraba un sobre con sus nombres escritos en él.
- Eh? A ver, a ver, léela Aki! -, se entusiasmó Daigo, mientras se acercaba a Akihide.
- “Para Daigo y Akihide” -, comenzó a leer. – “Espero que no se tomen a mal esto, realmente creo que se lo merecen y sobre todo, que lo NECESITAN.” …Que lo necesitamos…? -, Akihide no podía creer lo que estaba leyendo, pero igualmente continuó hasta el final: - “Pueden enojarse conmigo todo lo que quieran luego, pero primero disfruten de este regalo.” Y la firma… Shinpei! … “Postdata: perdón si entendí mal las cosas, si no quieren hacer nada, tomen lo que quieran del frigobar, la cuenta va por mí”.
Daigo y Akihide se quedaron helados luego de entender a qué se refería Shinpei con que creía que lo “necesitaban”. Lentamente, Daigo fue acercándose a la cama, donde se sentó todavía sin poder creer lo que estaba viviendo.
- Agh, no puedo creerlo! -, exclamó Akihide, sentándose al lado de Daigo y revoleando la carta.
- Cierto?! Ese Shinpii imagina cosas…
El silencio reinó en la habitación, antes de que Akihide se percatara del sonrojo que presentaba Daigo en sus mejillas.
- Qué sucede, Daigo? Te sientes bien? Estás algo rojo… -, Akihide tocó la frente de Daigo para ver si tenía fiebre.
- No es… nada, Aki, déjalo -, respondió Daigo, haciéndose a un lado y alejándose de la mano de Akihide.
Perceptivo como era, Akihide rápidamente entendió a qué se debían sus acciones:
- De verdad quieres hacer esto? -, preguntó tímidamente, ya con algo de color en su propia cara.
La cabeza de Daigo se giró para poder ver a Akihide a la cara: sus ojos se clavaron los unos en los otros y el rubor en las mejillas de ambos se fue haciendo gradualmente más intenso.
- Sólo… Déjame intentarlo, vale? -, dijo vergonzosamente Daigo, mientras se acercaba a su compañero. – Sólo imagina que estamos arriba de un escenario o practicando alguna canción…
- No, Daigo -, respondió Akihide categóricamente. – Si me imagino que estoy en un ensayo, no podría hacer esto -, dijo antes de apretar sus labios fuertemente contra los de Daigo, mientras pasaba sus brazos alrededor del cuerpo del otro.
- Aki, qué…? -, Daigo no entendía del todo qué estaba sucediendo, pero debía admitir que le gustaba lo que sentía.
- Ssh, no digas nada y hazle caso a Shinpei que dijo que lo aprovecháramos… -, respondió rápidamente Akihide, antes de abalanzarse sobre Daigo, quien esta vez sí respondió a las caricias de Akihide y comenzó a pasear sus manos por todo el cuerpo de su guitarrista preferido.
No pasó mucho tiempo hasta que ambos terminaron rozando piel con piel. De alguna manera, ambos lograron librarse de sus barreras morales que le impedían hacer todo aquello arriba de un escenario y dieron rienda suelta a su pasión. Shinpei tenía razón: realmente necesitaban hacer eso.
Lentamente, pero a la vez de manera acelerada, comenzaron a conocerse como si jamás se hubieran rozado siquiera antes: sus manos tocaban lugares que nunca pensaron tocar, sus bocas recorrían desde la cabeza hasta la cintura semi desnuda del otro, y sus voces se escuchaban como jamás imaginaron que sonarían.
- Daigo, espera! -, Akihide sonaba algo desesperado al separarse momentáneamente de Daigo.
- Qué sucede, Aki? -, Daigo tampoco podía respirar normalmente.
- Nada, no sucede… nada, es sólo que… Quiero tocarte por debajo de tus pantalones -, dijo Akihide, avergonzado de las palabras que acababa de decir.
- Bueno, y qué problema hay? -, pregunto Daigo, algo desconcertado. – Acaso te molesta el cinto? Dímelo directamente y me lo desabrocho!
Las risas de Akihide inundaron momentáneamente el recinto, mientras Daigo maniobraba con la hebilla de su cinturón.
- Está bien, no es eso -, respondió con una sonrisa, mientras volvía a besarlo. – De verdad, no es nada -, terminó, mientras pasaba su mano por la ropa interior de Daigo, quien no pudo evitar soltar un respingo de sorpresa mezclada con placer.
- A-aki!, -, soltó Daigo, mientras comenzaba a responder a los toques de Akihide, haciendo lo mismo con la zona baja de su compañero. – Déja- me… Hay algo que siempre me pregunté cómo se sen- sentía…
Lentamente, Daigo comenzó a masajear el pecho de Akihide, mientras bajaba su cabeza hacia su cintura, besando todo su cuerpo en el camino. Para cuando llegó a su meta, bromeó con que “hay algo en mi camino!”, antes de quitarle los pantalones y la ropa interior y comenzar a succionar el miembro de Akihide.
- Da-Daigo, qué…?  -, Akihide no lograba respirar normalmente. Jamás esperó que un hombre lo hiciera sentir se esa manera, pero realmente estaba sucediendo y se sentía increíble.
Una vez acostumbrado a la idea, lo cual realmente le llevó algunos pocos segundos, comenzó a masajear el pelo de Daigo y a mover, casi involuntariamente, la cintura al ritmo de los besos y las lamidas de quien lo hacía sentir de aquella manera.
- Bas-basta Daigo, te ensucia--AH! -, Akihide no pudo reprimir una exclamación ante un especial movimiento de Daigo, quien no dejaba de tocarlo y pasar su boca por toda la zona. – Daigo, hazte a un lado!
La advertencia llegó tarde, y la cara de Daigo terminó cubierta por finas líneas blancas.
- Lo… Lo siento mucho! No pude contenerme! -, Akihide enterró la cabeza entre sus manos, avergonzado de sí mismo.
- Oye, oye Aki… -, Daigo se limpió rápidamente con la sábana y se acercó a la cara de Akihide. – No tienes de qué disculparte, vale?
Akihide seguía con la cara escondida, por lo que Daigo decidió, como siempre hacía, utilizar el humor para romper la tensión y distender a su amigo:
- Ahora, Aki… Debo admitir que tengo un problema con esto… -, al ver que Akihide levantaba levemente su cabeza, continuó: - Hay algo apretándome los pantalones, pero no sé si estoy listo para desvestirme frente a ti… -, terminó, mirando a Akihide con una sonrisa comprensiva, quien le devolvió el gesto.
- Bueno, hay algo que puedes hacer… Pero sólo si estás listo! -, respondió riendo, mientras se recostaba sobre el colchón, haciéndole un gesto a Daigo que insinuaba que se le acercara.
Con una amplia sonrisa en su rostro, Daigo se acercó a Akihide y volvió a besarlo, mientras él aflojaba el botón del pantalón de Daigo y comenzaba a tocarlo por debajo de la ropa.
- Sabes algo, Aki? -, dijo Daigo, alejándose momentáneamente. – Creo que estoy listo para que me veas…
- Oh, vamos! No recuerdas aquella vez que olvidaste trabar la puerta del baño del micro y entré accidentalmente? -, rió Akihide. – Nada de lo que vea será nuevo para mí!
Daigo volvió a sonreír ante el recuerdo de aquella desafortunada ocasión, y se acercó nuevamente para besar a Akihide, quien estiró su mano y comenzó a tocar nuevamente a Daigo. Finalmente, ambos quedaron completamente desnudos y aprovecharon la situación: sus manos iban y venían por todas partes, provocándoles sensaciones que ni en el más erótico de sus sueños habían sentido.
Intentando imitar lo que hacía normalmente con una mujer, Daigo comenzó a introducir un dedo dentro de Akihide, quien al principio se quejó de lo extraño que se sentía, pero luego comenzó a disfrutarlo y a pedir más y más.
- Tú dices que quieres más, Aki, pero el siguiente paso es… bueno, ya sabes… -, Daigo parecía algo avergonzado de decir la palabra justa.
- Lo sé, y estoy preparado -, respondió Akihide. – Pero antes debo pedirte dos cosas…
- Dos?!
- Sí, Daigo, dos cosas -, al ver que Daigo asentía, Akihide continuó: - Primero: ves ese frasco de allí? Úsalo! -, dijo, señalando un pequeño envase de plástico con tapa color naranja. – Y segundo… Quiero que te pongas ese collar que está arriba de la mesa.
Daigo asintió sin chistar al primer pedido, pero ante la segunda petición, abrió de par en par sus ojos, preguntándose en qué diablos estaba pensando Akihide para pedirle aquello. Interpretando su mirada, Akihide se explicó:
- Bueno, debo admitir que siempre me gustó ese tipo de vestimenta desde que la usamos para grabar el video de Real Love… Y sería adecuado que te lo pusieras, siendo tú y siendo yo… No sé si me entiendes… Ah, no importa. Sólo póntelo! -, resopló Akihide, molesto ante tener que dar tantas explicaciones.
- Claro que sí… Amo -, susurró Daigo, luego de ponerse el collar al cuello y comenzar a masajear nuevamente la parte posterior de Akihide, quien comenzó a gemir incontrolablemente. – Estás listo?
- Más que listo, hazlo! -, exclamó Akihide.
Lentamente, Daigo comenzó a introducirse en su interior, dándole tiempo a su compañero a que se acostumbre a la sensación de tener algo dentro suyo. Una vez que vio que Akihide comenzaba a estar a gusto, inició los movimientos de cadera que lo llevaron a tener sensaciones que con ninguna mujer había logrado.
No por nada Akihide le había pedido que se pusiera aquel collar: repentinamente, tironeó de la cadena que salía del cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo intensamente, mientras le clavaba sus uñas en la espalda, dejándole gruesas líneas rosadas.
- Aki, aki! -, Daigo gritaba su nombre en el éxtasis, realmente estaba fuera de sí, y Akihide no podía siquiera emitir una palabra coherente, por lo que se limitaba a respirar lo más normalmente que podía. – Debo sali—salirme! Sino…
Akihide se negó rotundamente, moviéndose él mismo para no dejar que Daigo saliera de su cuerpo. No le importaba si acababa sucio con la descarga de Daigo, simplemente quería continuar aquella placentera sensación el mayor tiempo posible. Luego de un par de entradas más, Daigo se desplomó contra el colchón, agotado por lo que acababa de hacer e intentando recuperar el aliento.
- De verdad… Eres increíble… Aki… -, dijo Daigo, todavía respirando con dificultad.
- Lo mismo… digo… -, Akihide se encontraba en la misma situación, intentando acompasar su respiración y desacelerar su pulso.
- Debo admitir que Shinpei tenía razón, parece que de verdad necesitábamos esto -, bromeó Daigo, una vez que ambos se hubieran calmado.
Akihide no dijo nada, pero se rió por lo bajo, dando a entender que estaba de acuerdo.
- Igualmente… Ya le daremos su merecido por jugarnos esta broma… -, dijo Akihide, serio.
- Se merece que lo dejemos besar a la coneja en el próximo recital, qué te parece? -, preguntó Daigo, entre risas, a lo que Akihide respondió con más risas y un asentimiento de cabeza.
Luego de reír un rato acostados en la cama, mirándose a ellos mismos en el espejo del techo de la habitación, Akihide propuso tomar un baño y dejar aquel lugar para ir a comer algo afuera. Después de todo, habían ido allí pensando que comerían algo con Shinpei y no habían cenado nada (además de que la actividad física les había abierto el apetito). Por turnos, mientras Akihide se bañaba, Daigo revisaba los distintos cajones y estanterías con accesorios de aquella habitación, agarrando todos los dulces que encontraba. Al salir Akihide del baño, Daigo entró a ducharse, mientras que quien quedó afuera se cambiaba y organizaba un poco el desastre que había dejado Daigo luego de su búsqueda de caramelos.

Al día siguiente volvieron a encontrarse para ensayar: una vez que Daigo y Akihide entraron al estudio, Shinpei los estaba esperando con una amplia y cómplice sonrisa que dejaba al descubierto todos sus dientes, completamente consciente de lo que sus compañeros habían hecho la noche anterior.

26 de septiembre de 2014

Debut

Era su primer concierto luego de la separación de la banda que lo había llevado a la fama: los Breakerz habían decidido tomarse un tiempo para que cada uno desarrollara su música en solitario. Shinpei había estado buscando y reclutando músicos para su nuevo proyecto, tanto por internet como llamando a viejos colegas del medio. Finalmente, luego de una intensa búsqueda, nació Muscle Attack: una banda ruidosa y alegre para llenar el vacío musical en el que Shinpei se encontraba luego de dejar que Daigo y Akihide tomaran sus propios caminos. Claro que no habían dejado de hablarse, después de estar tantos años juntos, no podían separarse así sin más.
- Aki! El sábado debuto con Muscle, vendrás, cierto?!
Claro que iría, no se lo perdería por nada del mundo. Si bien Akihide estaba trabajando en su propio disco instrumental, no le haría ningún mal tomarse la noche libre para ir a ver en qué andaba Shinpei, musicalmente hablando, ya que él sabía perfectamente en qué andaba con su vida.
- Daigo! Este sábado tengo mi primer recital con los Muscle, te quiero ahí, vale?
Aunque su apretada agenda no le permitía tomarse mucho tiempo libre, Daigo no pudo negarse a semejante invitación. Después de todo, sabía que Shinpei contaba con un gran talento musical y tenía muchas ganas de ver lo que había logrado en solitario.

El día había llegado y Shinpei estaba muy nervioso: daba vueltas de un lado a otro en su camarín, retocando su cabello, decidiendo qué lentes usaría, afinando una y mil veces su guitarra, sentándose y parándose continuamente sin poder quedarse quieto por más de treinta segundos. De repente, unos golpes sonaron a su puerta:
- Shinpei-sama! Jong-sama lo necesita en su camarín! -, se escuchó al otro lado de la puerta.
Shinpei tomó uno de los tantos lentes que tenía sobre su mesa y salió de su vestidor para dirigirse al de Jong, su bajista, a ver qué necesitaba. Luego de pedir permiso y entrar, se encontró con que, además de Jong, allí también se encontraban Shunp y Hidehiro (guitarrista y baterista respectivamente).
- Qué sucede? Reunión de grupo para calmarnos un poco? -, bromeó Shinpei.
Luego de una corta conversación y charla motivacional para quitarse los nervios de encima, Hidehiro, quien conocía bien a Shinpei desde hacía años, anunció:
- La verdad es, Shinpei… Te tenemos una sorpresa…
Sorprendido, Shinpei se quedó en silencio mirando a sus compañeros, mientras iban todos hacia la puerta del baño del vestidor donde se encontraban.
- Esperemos que te guste! -, exclamaron todos al unísono, mientras abrían la puerta del pequeño baño.
Una figura flaca y alta se vislumbró desde dentro, quien levantó los brazos y esbozó una sonrisa al ver que finalmente lo dejaban salir de aquel baño.
- Sorpresa Shinpiiiiiiiiiiiiii! -, exclamó Daigo, mientras se abalanzaba sobre su ex – compañero de banda, quien no podía salir de su asombro.
Ambos se fundieron en un cálido abrazo, mientras el resto de la banda Muscle Attack sonreía al verlos, felices de que a Shinpei le hubiera gustado la “sorpresa” que le habían organizado. La verdad es que Hidehiro había visto a Daigo sentado tranquilamente en el sector VIP del pequeño teatro donde tocarían, esperando a que comenzara la función, y se le había ocurrido invitarlo al detrás de escena para alegrar a Shinpei. Le comunicó su idea al resto de la banda, y tanto Shunp como Jung estuvieron a bordo del plan.
- La verdad es que sólo vine a decirte lo que ya sabes… -, ante las palabras de Daigo, Shinpei se quedó confundido, por lo que éste continuó: - Eres un excelente músico, Shinpi, y lo sabes. No te lo digo como amigo sino colega: aleja los nervios de tu mente y concéntrate en disfrutar del show. Igual que cuando estábamos a punto de entrar al Boudoukan, vale? La frente alta, la sonrisa enorme, y el beso de la buena suerte! -, dijo Daigo, antes de darle un rápido y suave beso a Shinpei, quien no pudo hacer más que sonreír tiernamente. Realmente disfrutaba de esa sorpresa que su banda le había organizado y ya estaba mucho más relajado.
- Vamos chicos, tenemos una audiencia que nos está esperando, no los decepcionemos! -, exclamó Shinpei, luego de abrazar a Daigo y agradecerle su visita.

Las luces estaban apagadas, por lo que nadie en el público podía ver nada más que el reflejo de su celular, listo para filmar la primera canción. Repentinamente, todas las luces se encendieron y las guitarras de Shinpei y Shunp comenzaron a sonar a todo volumen. La gente respondió enérgicamente, y los Muscle Attack comenzaron su concierto de debut.
Shinpei recorría con la mirada a quienes estaban abajo del escenario, disfrutando del concierto. En una de esas pasadas, pudo encontrar el sector VIP en el primer piso del teatro. En aquel momento, su universo dio un vuelco de 180º al verlo a Akihide sentado en primera fila, tomando un café mientras lo miraba cantar, con una sonrisa en la cara. Un impulso de gritarle “Aki!” pujó por salir, pero Shinpei pudo controlarlo y el recital continuó sin que nadie se percatara de lo que sucedía en el interior del guitarrista principal de aquella nueva banda.
El concierto salió perfecto,  incluso aún mejor de lo que habían esperado. Luego de terminar su presentación, la banda se retiró a sus camarines y el público fue vaciando despacio el lugar. Claro que en el sector VIP nadie estaba forzado a irse en cuanto el concierto terminara, sino que podían esperar a que sus autos los fueran a buscar o incluso a que la banda saliera de los vestidores para saludarlos.
Una vez que Shinpei se hubiera bañado y cambiado, decidió salir para ver si Akihide aún no se había retirado del teatro. Apurado, recorrió los pasillos que conectaban los camarines con el espacio del público y rápidamente llegó al sector VIP del lugar. Fue enorme la decepción que se llevó Shinpei al no ver a Akihide entre quienes quedaban en aquel lugar; Daigo ya le había dicho que debía retirarse en cuanto el show terminara, por lo que no le extrañó no verlo allí y decidió llamarlo al día siguiente. Entristecido, volvió lentamente a su vestidor arrastrando los pies: cómo podía ser que se hubiera ido sin siquiera saludar? Tendría sueño? Le dolería la cabeza? O acaso… no le habría gustado el espectáculo? Miles de ideas cruzaron su mente mientras recorría de nuevo el pasillo hacia su camarín, y ninguna de ellas le daba ánimos como para ir a la fiesta que tendrían en casa de Jong luego del concierto.
Al doblar la curva que tomaba el pasillo que lo llevaba a su vestidor, se llevó la segunda sorpresa de la noche: una pequeña silueta vestida de gris y negro estaba parada en su puerta, mirando hacia el frente con los ojos pacíficos:
- Aaaaaaakiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! -, exclamó Shinpei mientras corría los pocos metros que lo separaban de Akihide, que estaba justamente allí esperándolo.
Cuando hubo llegado hasta él, Akihide esquivó su abrazo, para abrir la puerta del camarín y dirigirse hacia dentro, invitando a Shinpei a hacer lo mismo. Habiéndose asegurado que la puerta había quedado bien cerrada, Akihide se lanzó a los brazos de Shinpei, quien lo miraba sin entender todavía por qué había esquivado su saludo:
- No quería darte tu felicitación allí afuera -, dijo Akihide, mientras lo miraba tiernamente. – Fue un concierto hermoso, te felicito, Shin -, terminó, antes de apretar sus labios contra los de Shinpei, quien no salía de su asombro.
Justo cuando pensaba que Akihide se había ido, lo encuentra en su propio vestidor. La energía le volvió al alma y le devolvió el abrazo y el beso a Akihide, quien no lo soltaba desde hacía ya varios segundos.
- De verdad pensaba que te habías ido -, dijo Shinpei, con un dejo de tristeza en su voz. – De hecho, pensé que no te había gustado y te habías marchado temprano…
- Nunca haría eso, Shinpii, y lo sabes. Respeto a los músicos hasta su última nota, aunque no me guste lo que están haciendo. Además, cómo puedes pensar que me iría sin verte? Tontito -, respondió Akihide sonriendo, mientras daba suaves golpecitos sobre la húmeda cabellera de Shinpei.
Nuevamente se fundieron en un cálido abrazo, que duró varios minutos en los que no se dijeron nada, sencillamente porque no necesitaban decirse nada, la fuerza que hacían para no soltarse decía todo lo que sentían uno por el otro.
- Ahora tienes la fiesta en casa de Jong, verdad? -, preguntó Akihide, luego de separarse.
- Sí, de hecho debería ir a verlo ahora mismo… -, respondió Shinpei, pensativo.
- Ve, no te preocupes por mí. Sólo quise pasar a saludarte antes de irme.
- Espera, Aki! Si no he vuelto dentro de cinco minutos, puedes irte tranquilo -, pidió Shinpei. – Pero por cinco minutos, quédate aquí, vale?
Confundido, Akihide asintió sin discutir y vio partir a Shinpei. A fin de cuentas, no le afectaba en nada esperar cinco minutos en aquel vestidor. Luego de pasados cuatro minutos y veinte segundos, la puerta del camarín volvió a abrirse y Shinpei ingresó nuevamente, algo agitado:
- Vamos, Aki -, lo llamó, extendiéndole la mano.
- Eh? A dónde vamos? -, preguntó Akihide, confundido, pero tomando la mano que Shinpei le ofrecía.
- A casa, le conté a Jong que estabas aquí y me respondió “Akihide-san está aquí? Y qué estás haciendo aquí conmigo?! Ve con él!”… Así que aquí estoy, vamos! -, explicó alegremente Shinpei.
- Por qué…? -, Akihide no lograba comprender la respuesta de Jong, hasta que una idea loca apareció en su mente: - Espera Shinpei, acaso Jong sabe… de esto?
Shinpei bajó la mirada, avergonzado, dándole a entender a Akihide que efectivamente Jong estaba al tanto de su situación. En un primer momento, Akihide comenzó a enojarse y a ponerse nervioso, pero esos sentimientos fueron rápidamente barridos por la ternura que le causaba la sonrojada cara de Shinpei.
- Está bien, Shinpii. Vamos a tu casa, ya podremos comprar algo para comer en el camino -, accedió, mientras se levantaba del sillón y volvía a tomar la mano de Shinpei. –Ah! Y dale las gracias a Jong-san y al resto de la banda de mi parte, y pídeles perdón por no ir a su fiesta -, agregó.
Una enorme sonrisa volvió a dibujarse en la cara de Shinpei, quien apretó la mano de Akihide para salir del camarín hacia la camioneta que lo esperaba fuera del teatro.

Shinpei comenzó a repasar todo lo que había sucedido aquella noche: su primer concierto con Muscle Attack, la sorpresa de Daigo saludándolo en su camarín antes del show, la energía positiva de la gente que los había ido a ver, la completa ausencia de errores técnicos en el concierto… Pero ninguna de aquellas cosas había sido tan hermosa como poder dormir abrazado a la persona que amaba.
Una vez más, giró su cabeza para ver el pequeño cuerpo de Akihide durmiendo a su lado, con una pequeña sonrisa en su rostro, como si estuviera soñando algo que le agradaba. Pasó su mano suavemente por la mejilla de Akihide, al tiempo que susurraba “gracias por esta noche Aki, te amo”, antes de rendirse él mismo ante el sueño.

25 de septiembre de 2014

Real Love: Detrás de Escena

Cadenas, cuero, ropa de red, esposas, látigos y sometimiento. Al video de Real Love no le faltaba ningún elemento para hacerlo erótico, que fue lo que planearon hacer desde un primer momento. Daigo era el protagonista, siendo prisionero de una dominatriz, que lo obligaba a tomar leche de un plato sin cuchara, que lo tenía esposado para hacerle lo que quisiera y él debía dejarse hacer. Akihide y Shinpei serían otros prisioneros de aquella mujer, quien los tenía como diversión para sacarlos a jugar cuando se le antojara. Claro que, como pasa en la mayoría de las filmaciones de series de televisión y videos musicales con este tipo de escenas, los actores quizás sientan “algo más” que los lleve más allá de lo que la cámara pide.
No era como si Daigo y Akihide jamás hubieran tenido algún acercamiento; de hecho, en varios de sus conciertos habían estado muy cerca y las fans habían comenzado a creer que eran una de esas bandas que hacían “fanservice” para deleite de su público. A diferencia de los conciertos en vivo, cuando era apenas un acercamiento y luego cada uno seguía por su lado, la filmación del video los obligaba a hacer una y otra toma de ese beso que quedaría grabado, y ambos estaban nerviosos.
Poco a poco, fueron perdiéndole el miedo al beso, lo intentaron una y otra vez hasta que estuvieron conformes con la filmación, e incluso Daigo pidió si podían hacer una toma extra. En el medio de la filmación, el vocalista dejó escapar que deberían dejar la cámara filmando luego de la que canción terminase para que él y Akihide se siguieran besando, y elegir las mejores imágenes e incluirlas en el video. Al escuchar eso, la tercera pata de la banda, Shinpei, quien estaba sentado detrás de las cámaras viendo cómo sus dos amigos intentaban besarse sin reírse, tuvo una idea. Claro que necesitaban terminar de filmar aquel video ese día, por lo que no dijo nada hasta que el trabajo estuvo terminado.

- Oye, Daigo! -, le dijo Shinpei, mientras miraban cómo había quedado la toma final. – De verdad pareces estar disfrutando esto, eh? -, bromeó.
- Pero claro, Shinpii! -, respondió alegremente Daigo. – Ya lo tengo a Aki-sama a mis pies!
Claro que esta broma pasó desapercibida para Daigo, quien no se imaginaba lo que le esperaba al finalizar el trabajo de aquel día.
- Buen trabajo a todos, está todo terminado! -, se escuchó gritar al director por su megáfono. – Los extras ya pueden retirarse y la banda puede volver a sus camarines.
Habiendo escuchado esto, cada integrante se dirigió a la habitación privada que tenía preparada para cambiarse y volver a ponerse ropas normales. En el trayecto entre el set de filmación y el pasillo donde se encontraban los vestidores, los tres integrantes fueron riendo y bromeando sobre lo bien que la habían pasado durante esa filmación y que, aunque estaban algo cansados, había sido un gran día y había resultado en un gran video.
- Aah, qué cansancio! -, suspiró Daigo, al llegar a su camarín y lanzarse de espaldas hacia el gran sillón que había contra una de las paredes. De repente, escuchó tres golpes a la puerta: - Sí, quién es? -, preguntó. Definitivamente diría que se estaba cambiando si era su manager para apurarlo.
- Soy Shinpei! -, se escuchó al otro lado de la puerta.
- Shinpi, pasa!
Shinpei entró alegremente a la habitación, cerrando la puerta detrás de sí.
- De verdad te pasaste hoy, eh? -, dijo bromeando. – Quedó muy real el beso con Akihide!
- Fue muy divertido, Shinpi! -, respondió Daigo, también con una sonrisa. – Aunque debo admitir que me costó mucho hacerlo, no podía parar de reírme!
- Se notaba! Yo los veía desde las pantallas y me partía de la risa!
Luego de algunas bromas de ida y vuelta por parte de ambos, Shinpei comenzó a ponerse serio, pero no lo suficiente como para que Daigo pudiera darse cuenta.
- De verdad se te veía muy compenetrado allí adentro… -, comenzó Shinpei.
- Bueno, no podía hacer otra cosa, Shinpi. Si no me concentraba, comenzaba a reírme de nuevo y arruinaba la toma -, se excusó Daigo.
- Ahora… Qué pasaría si Akihide se te abalanzara en la vida real tal como tú te le abalanzaste en la filmación? -, inquirió, dejando deslizar un pequeño tono de broma lleno de seriedad.
- Eh? -, los ojos de Daigo se abrieron con sorpresa, al notar que su amigo estaba extrañamente cerca suyo al preguntarle eso.
Shinpei dejó de lado cualquier indicio de humor para acercarse todavía más a Daigo para contestarle:
- Eso mismo que te dije, Daigo. Qué pasaría si se te lanzara así como tú te lanzaste? Qué harías?
Daigo no sabía qué responder, se había quedado sin palabras, como pocas veces en la vida le había sucedido. Simplemente, se quedó con la vista fija en Shinpei, quien no le sacaba los ojos de encima, recorriendo todo su cuerpo con la mirada.
- Shinpei, qué… No te entiendo, qué quieres decir…? -, atinó a decir.
Tomando la cara de Daigo con una mano, y pasando la otra por encima de la camiseta de red que el vocalista todavía llevaba puesta, Shinpei le respondió:
- Que qué quiero decir? Pues eso mismo, qué harías si otro chico se te lanza para besarte? -, preguntó, sin dejar quieta la mano que bailaba por el pecho de Daigo, pasando por debajo de su camiseta y comenzando a acariciar su pecho.
Daigo se sonrojó inmediatamente, frente al  suave roce de las fuertes manos de Shinpei, sin saber exactamente cómo responder a eso. Inesperadamente y sin poder controlarlo, un pequeño gemido escapó de su boca cuando su amigo comenzó a juguetear con su pezón,  sujetando con más fuerza su cara frente a la de él.
- Bueno, sí así es el asunto… -, comenzó a decir Shinpei, mientras se acercaba peligrosamente a la cara de Daigo, - Déjame hacer lo que vine a hacer.
Sin darle tiempo a responder, Shinpei pegó sus labios contra los de un sorprendido Daigo, quien se quedó paralizado por unos segundos, antes de reaccionar y separarse.
- Shi-shi-shiiiinpi, qué estás haciendo?! -, exclamó con un fuerte suspiro, ya que la mano de su amigo jamás había dejado de pasear por su pecho.
- A decir verdad, verlos a ustedes dos besarse ha despertado algo en mí, y quería probar qué se sentía besar a otro chico -, intentó explicarse, apartándose de Daigo y quitando sus manos de donde las tenía.
Realmente, Daigo no sabía qué pensar: por una parte, era un gran shock lo que había hecho Shinpei, pero por otra parte… Besaba verdaderamente bien, y además sabía dónde debía tocarlo para hacerlo sentir placer. Mientras deliberaba dentro de su cabeza, levantó la mirada para encontrarse con un Shinpei apenado de sus acciones, con la cabeza gacha y la cara del mismo color rojo intenso de la cinta que habían usado en la filmación del video para taparle los ojos.
- Espera, no te pongas así! -, exclamó Daigo, al notar la expresión de su amigo. – Debo admitir… que realmente tienes muy en claro lo que quieres, eh?
- Ah? -, Shinpei estaba totalmente sorprendido.
- Bueno… -, esta vez fue Daigo quien se mostraba avergonzado, - Has venido a mi camarín así sin más y lograste besarme y que no pudiera defenderme…
- Lo sien--! -, las palabras de Shinpei quedaron truncas ante la interrupción de Daigo:
- Déjame terminar. No quiero decir que haya sido malo, sólo que fue inesperado. Me avergüenza decir esto pero… besas muy bien, Shinpii -, dijo Daigo, agachando la cabeza.
Esta vez fueron los ojos de Shinpei los que se volvieron redondos de la sorpresa, tanto por las palabras de Daigo como por el beso que recibió a continuación. Sin poder creer todavía lo que estaba sucediendo, respondió enérgicamente a aquel beso que había estado esperando hacía un tiempo ya. Después de todo, él siempre se había ido con Akihide, y ahora sentía que, de alguna manera, le había ganado a su compañero guitarrista.
Shinpei volvió, casi sin quererlo, a pasar su mano por debajo de la camiseta de red de Daigo, quien respondía a sus toques con respiraciones agitadas y espasmos al ser tocado en lugares especialmente sensibles. Para cuando tomó conciencia de lo que estaba haciendo, una de sus manos ya se encontraba en la cintura del pantalón de cuero de Daigo, donde notaba una creciente presión.
- Whoa, de verdad debe gustarte lo que hago -, dijo Shinpei, medio bromeando y medio sorprendido de la reacción física de Daigo.
- Sshh, no digas nada -, dijo Daigo, poniendo un dedo sobre la boca de Shinpei.
Daigo realmente sonaba agitado, pero al ser tocado, comenzó a hacer lo mismo con la parte baja de Shinpei, la cual pudo notar que se encontraba en las mismas condiciones. Luego de ese cruce de toques, ambos se dieron cuenta de que lo que estaban haciendo y de que realmente lo estaban disfrutando.
Todo sucedió en un flash para ambos, ninguno supo exactamente qué hicieron o cómo lo hicieron, pero sus besos y roces fueron volviéndose cada vez más intensos, la ropa comenzó a volar por toda la habitación, dejándose puestos únicamente los accesorios utilizados para el video. Shinpei tenía puestas dos pulseras de grueso cuero, a las que Daigo se sujetó cuando Shinpei tomó sus manos para sostenerlo contra el sillón. A su vez, Daigo tenía puesto un collar con una cadena, de la que Shinpei tironeó para acercarlo hacia sí y besarlo aún más.
Acostado en el sillón, empujado hacia abajo por un Shinpei fuera de control, Daigo disfrutaba de la situación: si bien besar a un hombre no era nada nuevo, ser tocado de aquella manera por uno sí era una experiencia nueva y la estaba disfrutando al máximo.
- Realmente te parece bien esto? -, preguntó Shinpei, deteniéndose por un momento y tomando control de la situación.
- Siempre tienes que decir algo, eh Shinpei?! -, Daigo parecía algo molesto. – Si me pareciera mal, no te diría que la crema que usan para darle brillo a mi rostro se encuentra en el segundo cajón de aquel mueble y que vayas a buscarla para completar esto.
Shinpei sonrió con toda su cara, mientras besó suavemente a Daigo antes de levantarse de aquel sillón para ir a buscar lo que le había dicho. Una vez que hubo alcanzado el pote, cubrió sus dedos con algo de crema para poder comenzar a masajear la zona posterior de Daigo; si bien nunca había hecho eso con un chico, se imaginó que era el mismo proceso que con una mujer (y eso sí  sabía cómo hacerlo).
- Estás bien? -, preguntó preocupado, al ver las expresiones de Daigo.
- No te pero-cupes… Sólo que… se siente algo extr—Ah!
Shinpei se dio cuenta que había tocado un punto sensible de Daigo, por lo que siguió masajeándolo mientras pasaba su lengua por el pecho de su compañero. Daigo comenzó a respirar fuertemente y emitir algunos gemidos en respuesta a los movimientos de Shinpei.
- Lo siento, no puedo contenerme! -, exclamó Shinpei, antes de levantar la cadera de Daigo para ponerla a la misma altura que la suya.
Shinpei sabía perfectamente cómo manejar esa situación: comenzó por entrar despacio dentro de Daigo, quien lanzaba constantes gemidos ante las embestidas de Shinpei, quien a la vez, masajeaba su parte delantera para no dejar de darle placer. Una vez que hubo entrado completamente, Shinpei comenzó a aumentar la velocidad y la fuerza de sus entradas, lo que hacía que ambos se fundieran en un placer extremo, que los llevó rápidamente al límite.
- Dai… No pue-do más! -, gritó Shinpei entre exhalaciones agitadas.
- Sigue, sigue, no pares! -, Daigo no pudo más que decir esto ante lo que estaba sintiendo.
Shinpei sintió un gran alivio cuando pudo descargar dentro de Daigo, que a su vez ya había hecho lo propio en la mano de su compañero que no había dejado de tocarlo en ningún momento.
Exhaustos, se recostaron sobre el sillón para retomar su ritmo de respiración normal. Cerca de cinco minutos después, resonaron unos golpes a la puerta: era, esta vez sí, el manager, preguntándole a Daigo si le faltaba mucho y si sabía dónde estaba Shinpei.
- Está aquí conmigo, vino a alcanzarme mi teléfono que había quedado en su mochila, en un momento salimos -, respondió, intentando sonar lo más natural posible. Afortunadamente, sus camarines estaban conectados, por lo que Shinpei podría ir rápidamente a buscar su ropa y cambiarse antes de salir del camarín.
Mirándose a los ojos, ambos sonrieron y suspiraron ante lo que acababan de hacer. Se acomodaron un poco las cabelleras en el baño, luego de lavarse los restos de crema que les habían quedado en la cintura, y salieron a buscar al manager, que los estaba esperando para retirarse del lugar.

El videoclip de Real Love  fue un absoluto éxito, tanto en las ventas como en las actuaciones que realizaban en los conciertos en vivo. Lo único que cambió fue el hecho de que tanto Daigo como Shinpei sintieran un especial cariño por esa canción cada vez que la escuchaban en algún comercial de sus recitales o ellos mismo cuando la practicaban. Si bien Daigo seguía besándose con Akihide, nunca lo hacía sin antes dirigirle una mirada cómplice a Shinpei, quien sonreía y daba todo de sí en el solo de guitarra que le tocaba en aquella canción.
Para toda la gente, Real Love sería “la canción donde Daigo besa al guitarrista”, sin saber que la verdad fue que hizo mucho más con su guitarrista, sólo que no con el que ellos creen.

17 de septiembre de 2014

Concierto Fallido

La historia toma lugar a mediados del capítulo 24 del manga Love Stage, cuando Shougo recibe la urgente llamada de Rei y sale corriendo, dejando el concierto antes de empezar.

La gente había comenzado a llegar al estadio muy temprano en la mañana y, para la hora a la que los Crusherz llegaron allí, ya había una considerable fila en la puerta. Shougo, Haru y Rinpei ingresaron por una entrada lateral, junto con las camionetas que trasladaban los equipos de sonido. Luego de saludar a todos los trabajadores del lugar que los acompañarían durante toda la noche, cada uno de los integrantes de dirigió a su camarín para comenzar a prepararse para el concierto. Una vez que el equipo encargado del maquillaje (tres adorables y enérgicas jóvenes llamadas Miho, Shiho y Maho) hubiera terminado su trabajo, los tres integrantes de la banda de reunieron en el vestidor del vocalista, Shougo, para hacer la concentración previa y dar los últimos toques de afinación a sus instrumentos.
- Shougo-kun, tu teléfono está sonando -, le avisó Haru, al tiempo que el celular de Shougo vibraba sobre la mesa del camarín.
Shougo interrumpió por un momento su conversación con el jefe de iluminación del estadio para atender la llamada afuera de la habitación. Haru lo miró extrañado: normalmente Shougo pedía que no lo llamaran antes de un concierto para tranquilizarse antes de salir a dar todo de sí. Sacando a Haru de sus pensamientos, Rinpei preguntó desconcertado, mirando a su alrededor:
- Y Shougo? Fui a buscar mi caja de púas hace un momento y estaba aquí para terminar de prepararnos.
- Recibió una llamada y está hablando afuera, no lo has visto? -, respondió Haru.
- Pues no… Pero ya conoces a Shougo, siempre caminando mientras habla por teléfono -, rió Rinpei. - Seguramente se haya ido por algún pasillo mientras conversaba.
Mientras los guitarristas conversaban acerca de la lista de temas de aquel día, Shougo volvió a entrar a la habitación con un aura de desesperación y preocupación a su alrededor:
- Haru-san, Rinpei…! -, alcanzó a decir entre respiraciones agitadas.
Los dos se dieron vuelta para mirar a su compañero, quien realmente lucía mal.
- Lo siento! Debo ir a ver a Rei! -, exclamó Shougo.
Una mezcla de expresiones de mezclaron ante aquella declaración: la cara de Shougo seguía expresando nerviosismo y desesperación, Rinpei se sobresaltó ante la noticia y comenzó a reclamarle que el concierto estaba a punto de empezar y no podía irse así como así, mientras que la cara de Haru era la única que reflejaba tranquilidad:
- Entiendo, adelante. Pensaremos en algo -, respondió Haru. – Pero tú pagas los gastos de transporte, de acuerdo? -, agregó con una sonrisa.
El alivio se reflejó en la cara de Shougo, quien salió disparando se la habitación luego de lanzarle un fugaz pero sincero “gracias!” a Haru.
- Espera, Haru! Realmente puedes…? -, comenzó a balbucear Rinpei, con un tono cada vez más notorio de nerviosismo en su voz. Después de todo, el inicio del concierto sería dentro de diez minutos y el vocalista acababa de marcharse!
- Sus ojos estaban serios -, respondió tranquilamente Haru. –Además… Alguien que canta sólo para la persona que ama, no podría hacerlo si el precio a pagar fuera no poder ayudar a esa persona cuando lo necesita.
Rinpei se quedó estupefacto frente a la explicación de Haru: realmente había deducido todo eso sólo por las pocas palabras de Shougo antes de marcharse? Y además, qué diablos harían para remontar un concierto en el que el público espera ver un trío y sólo hay un dúo disponible?!
Al ver la cara de desesperación de Rinpei, Haru se acercó a él y le dijo al oído:
- Si un día yo llegara a estar con Shougo y algo te pasara a ti, lo dejaría y saldría corriendo para ir a verte, igual que él ha hecho recién. Ponte en su lugar un momento…
Rinpei se sonrojó levemente durante un instante: las suaves palabras de Haru habían logrado calmarlo, por alguna razón, ese chico tenía un efecto mágico sobre él y lograba quitarle todas sus preocupaciones. Giró la cabeza para mirar a Haru a los ojos y le sonrió:
- No sé cómo lo haces, pero gracias por estar siempre a mi lado -, le dijo, acariciando su mejilla. – Pero prométeme que nunca más me harás pensar en que algo puede sucederte, se me oscurece desde la punta del pelo hasta el fondo de mi alma de sólo imaginarlo -, agregó con la mirada baja.
Echaron una mirada alrededor de la habitación: el jefe de iluminación se había retirado luego de que Shougo lo hiciera y se habían quedado solos allí. Rinpei volvió a clavar sus ojos en los de Haru, se quitó sus gafas oscuras y lo besó tiernamente. Claro que Shougo había visto sus ojos alguna vez, al igual que su familia y algunos amigos muy cercanos, pero Haru era la única persona que podía  ver sus ojos como realmente eran: por fuera y a simple vista eran de un oscuro y duro marrón, pero por dentro eran de un claro color miel, dulce como la persona que los llevaba siempre ocultos.

- Disculpen la demoraaa, soy Rinpei de los Crusherz! -, exclamó Rinpei al subir al escenario entre gritos y aplausos. – Por favor, denle la bienvenida a… Haruuu! -, dijo, mientras señalaba a su derecha, donde un haz de luz iluminaba a Haru mientras caminaba hacia el centro del escenario entre más ovaciones del público.
Al mirar hacia adelante, ambos pudieron ver un estadio lleno hasta el tope, donde no cabía un alfiler entre toda la gente. Sería difícil, pero estaba decidido a hacerlo. Respiró hondo y volvió a acercarse al micrófono:
- De verdad lamento decir esto… Pero Shougo hoy no podrá estar aquí con nosotros -, comenzó a decir, antes de que los murmullos del público taparan su voz. Se armó de coraje y continuó hablando: - No se preocupen que no le ha ocurrido nada grave, sólo una leve descompostura que le trajo algo de fiebre. Lamentamos haberlos hecho entrar, pero estábamos esperando a ver si a último momento mejoraba… - Ante los gritos de “qué?”, “está Shougo bien?”, “qué le ha sucedido?” y cosas por el estilo, Rinpei repasó mentalmente la última parte de la excusa que había ideado con Haru unos minutos antes (acordada con un histérico Sotomura) y volvió a hablar: - Dado que no podremos dar el concierto hoy, están todos invitados el mes que viene, el día veinte, a volver a este hermoso estadio a la exclusiva presentación de nuestro nuevo single! Las entradas que tienen en sus manos serán válidas para ese día, así que asegúrense de no perderlas! Ustedes y sólo ustedes podrán ingresar al evento, así que por favor sepan disculparnos y esperamos verlos de nuevo dentro de un mes! -, terminó.
Los gritos de alegría ante las palabras “presentación exclusiva” se mezclaron con los que se quejaban sobre la repentina cancelación del concierto. Escuchando aquellas voces, Haru y Rinpei volvieron a los camarines.
- Lo hiciste muy bien, Rinpii. Hay que animarse a enfrentar a diez mil personas que no sabes cómo reaccionarán -, lo alentó Haru, masajeando la espalda de Rinpei.
- Sí, bueno… Lo importante es que ya terminó -, suspiró Rinpei. – Oye, quieres ir a cenar algo? Ya que el concierto no se hará, la fiesta tampoco… Y debo admitir que tengo algo de hambre, los nervios me abrieron el apetito -, confesó.
Haru lo miró con ternura: realmente parecía muy fuerte por fuera, pero por dentro sólo era un osito de peluche a quien quería abrazar todo el tiempo.
- Claro… Pero estamos algo lejos de casa, - bromeó, - vayamos directo al hotel y cenemos allí, así nadie puede molestarnos, qué te parece? -, propuso.
Luego de un asentimiento de cabeza, Haru y Rinpei salieron del camarín para dirigirse a la camioneta que los llevaría de vuelta al hotel.

- Recepción, en qué puedo ayudarle? -, escuchó Haru al otro lado del teléfono.
- Buenas noches. Llamo de la Platinum Suite del quinto piso para preguntar si podría pedirle la cena.
- Claro. Qué desea comer esta noche, señor? -, preguntó amablemente la recepcionista.
Luego de unos treinta minutos, Haru y Rinpei estaban sentados a la mesa de la habitación, mirando una vieja película romántica mientras cenaban un sencillo pero delicioso saltado de carne y  verduras con diferentes salsas. Después de terminar de comer, ambos se acomodaron en el sillón para ver el final de la película “Nocking Hill”, en la que el protagonista corre hacia su amada y la recupera luego de sortear una serie de problemas.
- Sabes, me dejaste pensando… -, comenzó a decir Rinpei, acariciando la frente de Haru, quien estaba recostado sobre sus piernas. – De verdad no sé qué haría si algo te sucediera, seguramente haría lo mismo que Shougo y saldría corriendo a buscarte…
Haru le respondió con una sonrisa que hablaba por sí sola: Rinpei era todo su mundo, quien lo entendía mejor que nadie y estaba siempre allí para él cuando algo le sucedía; desde cosas sencillas como regular la temperatura de su té, hasta elevarse del piso sobre una silla para limpiar el ventilador de techo al que él no alcanzaba ni siquiera subido a la mesa.
- Ven, aprovechemos para descansar esta noche y durmamos temprano. Mañana tendremos que enfrentar a la gente de SenaPro y a los organizadores del concierto de hoy para darles explicaciones y será un largo día -, respondió Haru, incorporándose del sillón y tomando a Rinpei de la mano para llevarlo hacia la habitación.
Se cambiaron la ropa y se metieron bajo las sabanas. Rinpei estaba totalmente dispuesto a dormir abrazado a Haru, pero éste tenía otras intenciones:
- Oye, Rinpii. De verdad pretendes dormirte así sin más? -, preguntó con una mirada irónica.
- Quieres que te abrace? -, respondió Rinpei, distraído.
- De verdad eres malo con las indirectas, eh? -, suspiró Haru, al tiempo que se acercaba a Rinpei para besarlo.
- Oh, así que de esto se trata… -, rió Rinpei. – Bueno, tú lo pediste…
Dejando la frase por la mitad y con un movimiento rápido pero nada brusco, logró dar vuelta a Haru para ponerlo debajo de él. De verdad era muy divertido cuando Haru intentaba comenzar el juego previo, pero al final, ambos sabían cómo terminarían. A diferencia de otras veces, Haru estaba realmente enérgico aquella noche, y no se quedó en los besos clásicos que anticipaban lo que sucedería. No solamente comenzó a masajear la parte baja de Rinpei sino que, cuando ya lo notó duro, alejó sus labios de los de su pareja para bajar hacia la zona de la cintura.
- Haru, qué…? -, intentó decir Rinpei, antes de emitir un suspiro agitado al sentir el suave roce de la lengua de Haru. – De verdad e-estás entusias-mado hoy… eh?
Levantando levemente la mirada, Haru se volvió a acercar a la cara de Rinpei:
- Estoy realmente feliz de no haber tenido el concierto, así no estamos cansados y podemos hacer lo que queramos -, dijo, antes de darle un fugaz beso. – Déjame malcriarte un poco, quieres? -, terminó con una sonrisa pícara, mientras volvía a agachar la cabeza.
Frente a ese tipo de estímulos, Rinpei no podía estarse quieto y comenzó a pasar su mano sobre la espalda de Haru, dejando gruesas marcas cuando el placer le hacía clavarle las uñas en la piel.
Una vez que Haru se hubiese dado cuenta de que Rinpei estaba casi en su límite, lentamente comenzó a alejarse de la zona pélvica de Rinpei, dándole tiempo a relajarse para no acabar todavía. Cuando sus cabezas estuvieron a la misma altura, ambos se fundieron en un pasional beso, que fue subiendo en su intensidad y temperatura, hasta que Rinpei tomó el cuerpo de Haru y lo acomodó entre sus piernas, mientras masajeaba su parte trasera para prepararla para lo que vendría.
- Quiero tenerte frente a mí hoy, está bien? -, preguntó repentinamente Rinpei, interrumpiendo lo que estaba haciendo con su mano llena de lubricante.
- Haz lo que quieras, Rinpei. Soy todo tuyo -, respondió Haru, todavía agitado por los besos y los masajes que recibía de parte de su compañero, quien lo besó y volvió a acomodarlo en su cintura.
Haru tomó del cuello a Rinpei, una vez que este se encontraba en su interior, para abrazarlo mientras se acostumbraba a la sensación de tenerlo adentro suyo. Lentamente, Rinpei comenzó a moverse, regulando sus acciones para que Haru no sintiera otra cosa más que placer. A medida que aumentaba la velocidad y fuerza de sus movimientos, Haru le tiraba del pelo y mordía su cuello, en señal de desesperación y placer extremo.
- Estás… excelente… -, exhaló Rinpei, antes de advertirle a Haru que si no se detenía, descargaría en su interior.
- No te… detengas -, dijo, a su vez, un agitado Haru. – Yo también es- estoy en mi límite, hagá-moslo juntos!
Diciendo esto, Rinpei volvió a aumentar la fiereza de sus embestidas, lo que Haru disfrutaba completamente y se lo hacía saber mediante gemidos y gritos de placer.
- Haru, me… Ah! -, suspiró Rinpei, mientras bajaba la mirada y veía que Haru también se había venido unos momentos atrás.
Exhaustos, ambos se acostaron boca arriba en aquella cama enorme, intentando recuperar el ritmo normal de respiración.
- Iré un momento al baño a lavarme, ya vengo -, se excusó Haru, quien terminó yendo acompañado al cuarto de baño, donde ambos tomaron una ducha juntos y se divirtieron un poco más antes de dormirse profundamente cerca de la madrugada.

- Buenos días, bello durmiente -, dijo suavemente Rinpei, despertando a Haru desde la puerta de la habitación, sosteniendo una mesa portable con un desayuno preparado para dos.
- Buenos días, niño colorido -, respondió Haru, bromeando entre bostezos. Siempre que quería burlarse de Rinpei, hacía alusión a las locas y divertidas tinturas que ponía en el cabello.
- Vaaamos, que te hice el desayuno y todo! -, protestó Rinpei, aunque sabía perfectamente que era un chiste inocente.
Luego de desayunar juntos en la cama, se vistieron y se prepararon para salir hacia las oficinas de los organizadores del fallido recital, sin antes hablar con Shougo para que éste les cuente cómo había ido todo con Rei.
- Salimos? -, dijo Rinpei en el umbral de la puerta, extendiendo su mano hacia Haru, quien todavía estaba colocándose sus zapatos.
- Claro!
Haru tomó la mano que Rinpei le ofrecía, lo besó fugazmente antes de salir del cuarto, y abrieron la puerta para salir juntos a vivir un nuevo día.