Como banda que
eran, los miembros de Breakerz casi siempre viajaban juntos en la misma
camioneta con los vidrios polarizados y cortinas en todas sus ventanillas. En los
viajes largos, compartían un micro privado con el resto de los miembros del
staff, pero siempre iban juntos. De hecho, acostumbraban a sacarse fotos en los
micros o los aviones haciéndole caras divertidas a quien se había dormido
primero o a lo que estaban comiendo.
En uno de esos
viajes por todo el país, habían llegado a la prefectura de Aomori, muy cerca de
Hokkaido, la zona más fría de todo Japón. El viaje desde la terminal de micros
hasta el hotel iba a ser largo, ya que habían elegido una posada de lujo en las
afueras de la ciudad para no ser molestados por los fans. Una gran camioneta
los estaba esperando a la salida de la terminal, lista para llevarlos al hotel,
y otro vehículo que transportaría al resto de quienes los acompañaban. La distribución
era siempre la misma: Daigo, Akihide y Shinpei viajaban en la misma camioneta,
y el resto en la otra.
- Oigan, no quiero
alarmarlos pero hace rato que estamos aquí parados y la camioneta no arranca…
-, comentó Shinpei, luego de quince minutos de haber subido al vehículo y no
haber arrancado.
Al oírlo decir
eso, sus dos compañeros se percataron de la situación y comenzaron a correr las
cortinas de las ventanillas para mirar hacia afuera para intentar enterarse de
lo que estaba sucediendo. Cuando el personal que manejaría los vehículos se dio
cuenta de la impaciencia de sus clientes, el chofer designado subió a la
camioneta para explicarles la situación:
- Deben
disculparnos de verdad, pero la camioneta se ha quedado sin batería y no
podemos hacerla arrancar. Perdón! -, dijo el conductor, inclinando su cabeza en
señal de disculpa.
- No probaron de
pasarle corriente desde la otra camioneta? -, preguntó Shinpei, quien tenía una
mínima idea de mecánica automotriz.
- Lo hemos
intentado, pero la verdad es que no tenemos el cable adecuado y no podemos
hacer eso -, explicó el hombre.
- Qué problema! -,
se quejó Daigo. – Y ahora qué haremos? Quiero ir al hotel! Hace una hora salió
el nuevo episodio de Psycho Pass y quiero verlo yaaa! -, protestó.
Akihide, quien se
había mantenido sereno, rió por lo bajo, murmurando “siempre tan otaku…”
- Y si viajamos
con el resto de la gente? Podemos apretarnos un poco y viajar todos juntos -,
propuso Daigo.
- Lo cierto es que
la otra camioneta está casi llena, sólo entraría una persona más y ustedes son
tres… -, respondió pensativo el conductor.
- Yo voy! -,
exclamó Daigo instantáneamente.
Los tres hombres
que lo rodeaban lo miraron, sorprendidos de que quisiera viajar apretado, ya
que siempre le gustaba estar tranquilo en su propio asiento donde pudiese
estirarse.
- Qué me miran? -,
preguntó Daigo desconcertado. – Matsu tiene una tablet enorme y podré ver el
episodio online mientras viajo! -, dijo alegremente.
- No podría
permitir eso, señor Naito! -, el conductor sonaba algo nervioso.
Después de una
pequeña charla, Daigo logró convencer al hombre de dejar a Akihide y Shinpei en
esa camioneta e ir al otro vehículo para viajar con Matsu y los demás al hotel.
- De verdad no se
preocupe por nosotros, podemos esperar un rato hasta que consigan un cable de
batería adecuado -, sonrió Akihide al preocupado chofer.
- Gracias chicos,
gracias señor chofer! -, dijo enérgicamente Daigo, antes de pasarse al vehículo
que esperaba detrás del suyo. – Nos vemos en el hotel! -, exclamó, mientras se
bajaba y cerraba la puerta tras de sí, dejando al conductor afuera de la
camioneta.
- Hemos quedado
solos… -, Akihide parecía algo decaído y se cruzó de brazos.
- Vamos, Aki, qué
sucede? -, preguntó Shinpei, algo preocupado.
- No es nada, sólo
que tengo un poco de frío y no funciona la calefacción… -, confesó Akihide.
Shinpei miró con
ternura a quien tenía a su lado: pequeño como era, intentó abrazarse a sí mismo
para darse calor, lo que lo hizo parecer aún más chiquito. Despacio, se fue
acercando a Akihide, quien temblaba de vez en cuando y se aferraba más a su
campera.
- Tanto frío tienes?
-, dijo Shinpei, al tiempo que masajeaba los hombros de Akihide por encima de
su campera.
- No es nada, Shinpei,
no te preocupes -, dijo Akihide, mirando hacia otro lado.
Al decir esto, Akihide
se alejó de Shinpei, impidiendo que éste pudiera seguir pasando la mano por sus
hombros para intentar darle calor. Impresionado ante ese gesto, Shinpei descifró
el mensaje oculto de Akihide: tenía miedo de que los vieran en esa posición y
que pensaran mal de ellos. Rápidamente, Shinpei tuvo una solución:
- Disculpe… -
dijo, asomando la cabeza por la ventanilla de la camioneta, llamando al chofer.
- Sí, señor Inoue?
Qué sucede? -, respondió inmediatamente el hombre.
- La otra
camioneta ya se ha ido, verdad? -, preguntó Shinpei.
- Bueno, sí… -, el
conductor sonaba algo avergonzado. – Cuando ustedes dijeron que no les
molestaba esperar y vimos al señor Naito tan acelerado por llegar al hotel,
decidimos que se marcharan primero…
- Oh no, no es
problema! -, Shinpei intentó aclarar sus intenciones rápidamente. – De hecho se
lo preguntaba porque me ha agarrado algo de sueño luego del viaje y pretendía
cerrar las cortinas para intentar dormir algo. No me molestaría estar un tiempo
aquí, si de todas formas quiero dormir algo, mejor que la camioneta esté
quieta, cierto? -, dijo con una sonrisa.
- Claro, claro, no
se preocupe! -, respondió el chofer, aliviado de que Shinpei no estuviera
molesto por la partida de Daigo y los demás. – Cierre las cortinas e intente
dormir, nosotros cerraremos la cabina de la camioneta y no lo molestaremos -,
terminó, también con una sonrisa formal.
- Muchas gracias
-, dijo Shinpei, antes de volver a meterse a la camioneta y cerrar la
ventanilla.
Al ser un
vehículo de transporte de pasajeros, tenía dos filas de asientos más la cabina
de conducción, por lo que Shinpei se recostó sobre la fila del fondo y simuló
intentar dormir, mientras Akihide seguía hecho una bola temblorosa en la fila
del medio. Una vez que se hubo asegurado que el chofer había cerrado los
vidrios que comunicaban el sector de pasajeros con la cabina de conducción, se
incorporó rápidamente y abrazo a Akihide desde atrás.
- Shinpii, qué…?!
-, atinó a decir Akihide, al sentir los fuertes brazos de Shinpei apretarle su pequeño
cuerpo, dándole calor.
- Ssh, Aki, no
digas nada. Ellos piensan que yo duermo, no hables muy fuerte -, advirtió Shinpei.
Con un rápido movimiento,
Shinpei se pasó a la fila donde Akihide estaba sentado y se colocó a su lado, atrayéndolo
hacia sí para poder abrazarlo mejor.
- Odio verte
temblar, déjame darte algo de calor, vale? -, dijo tiernamente, mientras lo
rodeaba con ambos brazos y lo acercaba de tal manera que la cabeza de Akihide quedase
acurrucada en su pecho.
Akihide no pudo
negarse, siempre había tenido debilidad por Shinpei, quien se veía muy fuerte
por fuera pero era un osito de felpa por dentro y siempre quería abrazarlo. Apoyó
su cabeza justo debajo de la de Shinpei, quien se acomodó para poder masajearlo
por encima de la ropa y generarle algo de calor.
Shinpei comenzó a
pasar sus manos por todo el cuerpo de Akihide, desde sus hombros hasta su
cintura, intentando que dejara de temblar, cosa que sucedió algunos minutos después.
- Estás mejor? -,
preguntó Shinpei, mientras pasaba suavemente su mano por la mejilla de Akihide.
- Sí, gracias
Shinpi… -, respondió Akihide, sin poder ocultar lo confortable que se sentía en
aquella posición.
- Puedo…? -, comenzó
a decir Shinpei, dejando la frase inconclusa para ver si Akihide entendía lo
que quería decirle.
- Claro -, una
tierna sonrisa se dibujó en la cara de Akihide antes de estirarse para llegar a
besar a Shinpei, quien estaba algunos centímetros más arriba.
Fue un beso
tierno, lleno de amor entre los dos guitarristas de la banda Breakerz. Si bien
tenían absoluta confianza en Daigo, su vocalista, habían comenzado su relación recientemente
y todavía no se sentían listos para decírselo. Por esa razón debían andar a
escondidas y cuidarse de que nadie los viera en ninguna situación que pudiera
considerarse “sospechosa”.
- Ahora que me
aseguré de que nadie nos molestará… Me dejas…? -, Shinpei parecía algo
dubitativo, pero Akihide le sacó todas sus dudas cuando se incorporó en su
asiento y lo abrazó fuertemente mientras pegaba sus labios a los de Shinpei.
- No puedo creer
que te inventaras esa historia para que el chofer no nos molestara -, dijo Akihide
luego de separarse. – Pero aun así… Gracias, estoy feliz de poder estar así
contigo, realmente me haces muy bien -, terminó, con una sonrisa en su rostro.
- Y a mí me hace
bien verte bien, Aki -, respondió Shinpei. – De verdad me preocupabas cuando te
aislabas en tu habitación a componer melodías tristes o canciones de desamor…
Odié verte llorar aquel día que entré por accidente a tu habitación pensando
que estabas durmiendo -, admitió con la mirada baja. – Desde ese día, me
prometí a mí mismo que haría todo lo posible para poner una sonrisa en tu
rostro.
- De qué…? -, la
expresión de Akihide era de absoluta sorpresa. – Cuándo…?
- Bueno, recuerdas
aquel concierto en Niigata hace unos meses? -, ante un asentimiento de cabeza
de Akihide, Shinpei continuó: - Cerca de medianoche, fui a tu habitación para
ver si tenías pilas de repuesto para mi control remoto. Golpeé la puerta, pero
como no hubo respuesta, pasé en silencio para quitarte tu control. Cuando llegué
a tu mesa de luz, tú estabas recostado de costado con los ojos cerrados, pretendiendo
dormir… Pero tu cara estaba mojada y tenías una expresión rígida y angustiada
-, Shinpei realmente sonaba triste al contar esa historia, por lo que Akihide también
bajó su mirada, avergonzado. – No sé si estabas realmente dormido o si
pretendías estarlo, pero juré por mis antepasados que encontraría la manera de
borrar tus lágrimas y reemplazarlas por una sonrisa. Lo juré con tanta
convicción que dije que se me cayera el pelo si no lo lograba, y tú sabes lo
importante que es mi pelo! -, Shinpei intentó meter algo de humor para romper
la tensión, y logró que Akihide soltara una risita.
- De verdad… No lo
sabía, Shin, no tenía idea…
- Nunca esperé que
lo supieras, pero bueno, hoy se me dio contártelo… -, Shinpei levantó su cabeza
y se quitó los lentes oscuros antes de seguir hablando. – Lo cierto es que, en
ese proceso de hacerte sonreír, descubrí otra parte de ti que me gustó más allá
de lo que puede agradarme cualquier persona, realmente creo que me enamoré de ti
-, dijo Shinpei algo sonrojado, mirando a Akihide a los ojos.
- Sabes qué, Shinpii?
-, preguntó Akihide sonriendo. – Es la primera vez que me lo dices, realmente
estoy muy feliz -, dijo, antes de darle un suave beso. – Y sabes qué también? No
eres el único enamorado de alguien en esta camioneta…
Shinpei abrió
enormes sus ojos, que rápidamente se llenaron de lágrimas de alegría, y volvió
a rodear al pequeño Akihide con sus grandes brazos. “Realmente es un osito por
dentro”, pensó Akihide, luego de entregarse a los brazos de Shinpei.
Pasada media
hora, la camioneta comenzó a ronronear y arrancó su marcha, cuando un móvil de
la compañía de transportes fue a auxiliarlo y le dio energía. El chofer no miró
hacia sus pasajeros, ya que Shinpei le había pedido que no los molestara para
intentar dormir.
En el sector trasero
de la camioneta, Shinpei y Akihide realmente se habían dormido, dándose calor
mutuo en un eterno abrazo que llenaba sus almas de felicidad.