28 de agosto de 2014

New York, New York

- Nueva York?! - preguntó sorprendido Rei.
Los Crusherz, banda de rock conformada por Shougo (voz), Haru y Rinpei (guitarras), habían decidido ir a grabar parte de su siguiente disco a Nueva York, donde supuestamente había “otro aire” que les traería nuevas ideas musicales para agregar a sus canciones. Claro que todo era un plan elaborado para ayudar a Shougo en su relación con Rei, de quien había estado enamorado desde que lo conoció.
Así comienza esta historia, a comienzos del capítulo cinco de la novela de Back Stage, al momento en que Shougo, Haru, Rinpei y Rei arriban a Nueva York.

- Bueno chicos, vamos a separarnos en dos taxis, vale? Todas nuestras valijas no van a caber en uno solo -, dijo Shougo al salir de la terminal.
- De acuerdo. Haru y yo iremos por un lado, tú ve con Rei en el próximo taxi que se aproxime y nos veremos en el hotel directamente -, respondió Rinpei.
Claro que, al ser un aeropuerto internacional, los cuatro pudieron encontrar taxi rápidamente. Cargaron su equipaje, parte en los baúles de los autos amarillos y parte con ellos en la cabina, y partieron hacia el hotel.
- Lo hiciste a propósito, verdad? -, preguntó con una mirada sarcástica Haru.
- Qué cosa?
- El hacer que Shougo fuera con Rei en el taxi en vez de contigo o conmigo.
- Bueno, qué otra cosa podía hacer? No se supone que viajamos hasta aquí para ayudarlo? Además, no creo que me hubiera sentido cómodo viajando con Sagara-san, apenas si hemos cruzado palabras alguna vez… -, contestó Rinpei.
Llegaron al hotel algunos minutos después que el taxi de Shougo y Rei, ya que ellos habían tomado por otra ruta. Al llegar a la recepción, se encontraron con un problema: desde Japón, habían hecho la reserva para cuatro habitaciones sólo para ellos (claro que el resto del equipo de la banda tendría sus propios cuartos); cada músico tendría su propia habitación, y Rei tendría una separada. El conflicto comenzó cuando la recepcionista les comunicó que no había cuatro sino tres habitaciones reservadas a su nombre, y al ser un hotel de tanta categoría, no había forma de conseguirles una habitación extra. Rei estalló frente al mostrador de la recepción: como manager, él tenía la obligación de encargarse de ese tipo de temas, pero tanto la barrera del idioma como el hecho de que hubiera sido Shougo y no él quien había hecho las reservaciones en un primer momento, le impidieron hacer nada más que enfurruñarse con sí mismo por no poder resolver el problema.
- Rei, tranquilízate, quieres? Estás haciendo un escándalo en el medio de la recepción y no es para tanto! -, intentó calmarlo Shougo.
- Pero no puede ser esta situación, son unos incompetentes! Idiots! – seguía refunfuñando Rei en un inglés para nada bueno y apenas comprensible.
- Está bien, no te preocupes. Miss, could you ask the buttons to take our luggage upstairs? – Comenzó a hablar Shougo en un Inglés que, si bien tenía un marcado acento japonés, era perfectamente entendible por la recepcionista, - Mr. Sagara and I will share a room, it’s ok.
Rei se quedó atónito ante ese despliegue idiomático, ya que no creía que Shougo supiera hablar Inglés a ese nivel.

De inmediato, aparecieron cuatro chicos de unos veinte años vestidos de rojo, listos para cargar las valijas de sus nuevos huéspedes hacia sus habitaciones: la de Shougo y Rei estaría en el tercer piso, y las de Haru y Rinpei en el quinto. Claro que, al igual que en el aeropuerto, se separaron en dos parejas para subir en los ascensores con todo el equipaje.
Apenas pasados diez minutos de que los maleteros del hotel se hubieran retirado, Rinpei escuchó venir desde la habitación contigua un grito de lamento de Haru. Esto lo alertó, e inmediatamente salió al pasillo para golpear la puerta de la habitación de su compañero.
- Haru?! Haru, qué sucede, estás bien?!
Haru abrió la puerta al instante, agitado por la situación:
- Ay, Rinpii, no te imaginas! Hay un chorro de agua cayendo en el medio de la habitación, justo a los pies de mi cama!
Dicho esto, Rinpei no pudo evitar sonreír. Haru no estaba herido ni nada parecido, pero el hecho de saber que no iba a poder dormir tranquilo por ese chorrito cayendo constantemente a los pies de su cama, sabía que iba a volverlo loco.
- Tranquilo Haru, vamos a pedir servicio a la habitación para que arreglen esto de inmediato.
- No, no, no. No voy a poder quedarme aquí sabiendo que el techo está húmedo y puede caerme un pedazo de pintura arriba de la cama en cualquier momento! No quiero esta habitación! -, continuó murmurando Haru. Si bien se lo veía pacífico desde afuera, en la intimidad tenía una cierta obsesión por las cosas perfectas y, a raíz de eso, le salía el niño caprichoso que todos llevamos dentro. Claro que si algo como esto sucedía estando con otra persona, nunca hubiera hecho semejante escena; pero con Rinpei era diferente, con él sí podía sentirse libre de actuar como quisiera.
- Vale, vale, tranquilízate. Ya dijeron que no hay otra habitación disponible, sino se la hubieran dado a Sagara-san. Qué te parece si duermes conmigo por ahora y luego vemos si se desocupa algún cuarto para ti? -, aventuró Rinpei.
Una mezcla de emociones pasaron por la cabeza de Haru: por una parte, se moría de ganas de compartir habitación con Rinpei, pero a la vez estaba preocupado sobre lo que dirían los demás.
- Vamos, que aquí no nos conoce nadie. Además, quién podría decirnos algo? Sencillamente podríamos ser dos amigos que se juntan a la noche a beber algo y uno termina quedándose dormido de borracho en la habitación del otro… - Rinpei no quería dar el brazo a torcer.
- Déjame pensarlo un rato, quieres? Iré a recorrer el hotel mientras lo decido, dicen que tiene un sector de jardín impresionante y me vendría bien para poner la mente en blanco -, respondió Haru.

Llegada la hora del almuerzo, los Crusherz se reunieron en el salón comedor para hablar sobre la sesión de estudio que tendrían más tarde. Luego de una mañana tranquila y relajada en una de las sillas reclinables del jardín del hotel, Haru había decidido que iría a la habitación de Rinpei a pasar la noche, pero sin decirles a los del hotel, no fuera cosa que pensaran “cosas extrañas” sobre ellos. Cuando le comunicó la noticia, Rinpei casi salta hasta el techo de la alegría, pero Haru lo contuvo y le recordó dónde estaban y cómo debían comportarse.
Aquella tarde fueron a conocer el estudio en el que grabarían su próxima canción, a hablar con los productores y a probar sus instrumentos. A partir de las seis de la tarde, ya todos se encontraban libres de trabajo: Haru y Rinpei les dijeron a Shougo y Rei que tenían planes de recorrer la ciudad y comprar recuerdos, por lo que se fueron por su lado.
- Ojalá que a Shougo le salga todo bien, no crees? -, comenzó Rinpei.
- Eso espero, no sé si pueda soportar otro más de sus berrinches de “extraño a Rei” -, dejó escapar Haru entre risas. Claro que no era cierto: si bien no le agradaban los caprichos de Shougo, él era uno de sus más cercanos amigos y no iba a dejarlo tirado cuando se sintiera mal.
- Ooooye, qué malo eres! -, respondió riendo Rinpei, -Y a dónde quieres ir? Mira, tomé esto del hotel, tiene todos los lugares interesantes de la ciudad! Central Park, Empire State, la famosa Estatua de la Libertad, aunque a ella hay que llegar en barco y no quiero que te marees…
Rinpei alcanzó a dar vuelta la cabeza para encontrarse con la tierna mirada de Haru. Ante la pregunta de “qué pasa?”, sólo recibió como respuesta una sonrisa y un “nada, nada”. Haru sabía que Rinpei se preocupaba por él, que lo conocía desde la punta del pelo hasta las uñas de los pies, y que siempre pensaría en lo que le gustaba y lo que no tanto.
- Vamos Rinpii, dicen que en el Central Park hay ardillas correteando por ahí! -, dijo emocionado Haru, al tiempo que tomaba la mano de Rinpei y salía caminando apresurado hacia adelante. Después de todo, era cierto que allí no los conocía nadie y podían andar como quisieran, sin miedo a ser descubiertos.
Fueron a todas partes: luego de tomar una pequeña merienda en el Central Park, fueron a la Quinta Avenida a comprar cosas, y finalmente terminaron la recorrida del día en el Rockefeller Center, donde cenaron en el lujoso restaurant que tenía dentro.
- Oye Haru… Gracias por hoy -, dijo sonrojándose Rinpei.
- Eh? -, respondió sorprendido Haru.
- Bueno, anduvimos tomados de la mano, recorrimos lugares geniales, y ahora terminamos cenando en este gran restaurant… No lo sé, se siente como si hubiera sido la perfecta tarde romántica en la gran ciudad -, explicó Rinpei. De verdad se había sentido muy querido por Haru durante toda aquella tarde, y sintió que era lo correcto decírselo.
- Rinpei… Rinpii-chan, no tienes por qué decirme esto! Así como tú te preocupas de que me vaya a marear si vamos a visitar la Estatua, yo me preocupo porque tus días estén llenos de luz, e intento lograr eso dentro de mis posibilidades -, dijo Haru, tomando la mano de Rinpei sobre la mesa mientras hablaba.
Ya no necesitaban decirse nada más, sus miradas decían todo lo que las palabras no llegarían a describir ni en cien diccionarios. Pasado ese momento de sinceridad emocional, terminaron su cena y se dirigieron directamente al hotel. Se decía que Nueva York tenía una gran vida nocturna, pero la verdad era que solamente querían volver al hotel y descansar de aquél día de paseo.
- Sigues firme en venir a dormir a mi habitación, verdad? -, dijo entusiasmado Rinpei.
- Ssshh, Rinpei, cállate! Ya estamos en el hotel, cuida tus actitudes, vale?
Si bien le molestaba esa actitud sobreprotectora en cuanto a su relación, Rinpei seguía encontrando divertida la expresión de Haru al ponerse nervioso de que pudieran verlos, y la molestia desaparecía instantáneamente.

Llegaron a la habitación de Rinpei, y Haru no hizo ningún amague a retirarse, lo cual extrañó pero agradó a Rinpei. Apenas hubieran cruzado el umbral del cuarto y cerrado la puerta, Haru se lanzó sobre la espalda de Rinpei para abrazarlo como si fuera su osito de peluche.
- Eeey, Haru! A qué viene esto? -, preguntó Rinpei sonriente.
- A nada, sencillamente a que tenía ganas de abrazarte un ratito. Está mal? -, contestó avergonzado Haru.
- Claro que no, está perfecto -, terminó Rinpei, dándose vuelta y tomando la cara de Haru desde la barbilla para levantarla y besarla. –Estaba esperando este momento desde la cena -, concluyó Rinpei, antes de continuar el beso.
Ambos se fundieron en un abrazo eterno y apretado, antes de continuar con el beso que habían dejado sin terminar. Ese beso los llevó al sillón de la habitación, donde comenzaron a ver una película (Haru recostado sobre las rodillas de Rinpei), pero que no llegaron a terminar de ver por dedicarse a otras cosas. Lentamente, con el correr de la película, la mano de Haru fue hacia la entrepierna de Rinpei, mientras éste besaba tiernamente su frente y acariciaba su pelo. Llegado cierto punto, Haru sintió que no podía resistir más sin realizar algún movimiento, por lo que se incorporó y besó a Rinpei con fuerza, muy distinto del tierno y suave beso que se habían dado al entrar a la habitación. Rinpei respondió alegremente, acomodándose en el sillón de manera de Haru pudiese arrodillarse sobre su cintura.
Entre besos y abrazos cada vez más apasionados, fueron desvistiéndose mutuamente, hasta quedar en ropa interior, ante lo que Haru propuso pasar a la cama de la habitación. No supo si debía ser así o si Rinpei había hecho alguna llamada sin que él se diera cuenta para que esto sucediera, pero la cama era de tamaño matrimonial; fuera como fuera, Haru estaba feliz de poder pasar la noche junto a la persona que amaba.
Luego de un rato de juego bruto, ambos cayeron rendidos ante el sueño. A la mañana siguiente, Haru se despertó bajo el gran brazo de Rinpei, posado sobre su costado abrazándolo: Rinpei había estado tan feliz de poder dormir con él, que ni en sueños lo había soltado. Haru sonrió para sí mismo, se dio vuelta, y despertó a Rinpei con un suave beso y una caricia en la mejilla. Éste abrió despacio sus ojos, para encontrarse cara a cara con su media naranja: su expresión fue primero de sorpresa, ya que no recordaba dónde estaba o por qué Haru estaba al lado suyo, pero luego de unos segundos todo volvió a su mente y una sonrisa se dibujó en su cara.
- Buen día, lindo -, dijo tiernamente Haru, - sé qué te gusta desayunar, así que quédate aquí que iré a buscar comida al buffet del hotel. – Y antes de que Rinpei pudiese reaccionar, continuó, - Ni intentes levantarte a ayudarme, sé que te gusta quedarte un ratito en la cama luego de despertarte. Ahora vuelvo -, dijo Haru, dándole un beso antes de salir de la habitación.
Abajo, en el buffet del hotel, Haru se encontró con un Shougo recién levantado y completamente despeinado:
- Todo bien, Shougo? Parece que tu plan va de maravillas, cierto? -, preguntó Haru con una sonrisa.
- Eeh? Ah… el plan… sí… -respondió Shougo lentamente, -perdona, todavía no se me ha ido todo el sueño. Rei ya se levantó y debe haber ido a quejarse a la recepción por las habitaciones o algo, porque me levanté y no estaba. Sea como sea, tú todo bien? Cómo ha ido tu noche?
- De veras muy bien, con Rinpii fuimos a un restaurant muy elegante y luego vinimos aquí a ver una película -, respondió Haru, sin poder evitar sonreír.
- Ah! Veo que tu noche también ha ido de maravillas! –dijo Shougo alegremente.
Claro que Shougo estaba al tanto de la situación de Haru y Rinpei, por eso se alegró de que sus dos amigos hubieran podido pasar la noche juntos. Pero, conociendo a Haru, Shougo no hizo ningún comentario extra porque, de otra manera, el “cállate que estamos en un buffet” saldría inmediatamente de la boca de Haru; por lo que se limitó a sonreír.

- El desayuno está listo, Rinpii! Arriba! – exclamó alegremente Haru al entrar a la habitación, para encontrarse con un Rinpei todavía acostado en la cama, dormitando. Apoyó la bandeja de desayuno en la mesa y se encaminó hacia la cama: -vamos Rinpii, que nos espera un nuevo día.
Dicho eso, Rinpei abrió los ojos, sonrió ampliamente, y arrastró a Haru hacia la cama con él. Haru intentó protestar sobre si se estaba haciendo el dormido, pero Rinpei lo silenció posando su dedo sobre la boca de Haru: -buen día, amor mío. Vamos a desayunar -, le dijo antes de darle un beso rápido y levantarse de la cama.

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