El show de
aquella noche había sido un éxito: el sonido había salido impecable, las luces
violáceas habían funcionado a la perfección, a pesar de que durante la
prueba habían fallado más de lo
aceptable, las personas frente a ellos habían estado eufóricas durante todo el
repertorio; todo había sido perfecto. Luego del espectáculo, Shinpei y sus
compañeros de banda habían ido a una fiesta, lo cual no era anormal para un
grupo exitoso como ellos, habían bebido, reído y jugado karaoke a más no poder
inventándole tonos a sus propias canciones. Cerca de las cuatro de la mañana,
sintiéndose exhaustos, cada integrante de los Breakerz se dirigió hacia su casa
para descansar de una noche muy agitada.
Una vez en su
departamento, Shinpei se tiró sobre el sillón de la sala, recordando todo lo
que había sucedido, pero deteniéndose en un hecho particular: durante la
canción Real Love, Daigo había besado a su compañero Akihide, como era
costumbre al cantar ese tema. Pero ese día había sido diferente, algo dentro de
Shinpei había punzado, justo en el medio de su estómago, como su una gran aguja
lo atravesara de lado a lado. Por qué ahora? Hacía ya un par de años desde que
se cantaba esa canción con esa actuación en vivo, y jamás le había afectado,
entonces qué sucedía de diferente ahora? Shinpei intentó quitarse esos
pensamientos de la mente con un “debe haber sido algo que comí, mejor me
acostaré y mañana será otro día” para confortarse a sí mismo.
Al día siguiente,
la banda tenía la agenda libre; claro que después de dar un show ante cinco mil
personas tenían que descansar apropiadamente. Cerca de las seis de la tarde,
Shinpei decidió llamar a Daigo, vocalista de la banda, para que fuera a su casa
a pasar el rato y comentarle sobre una nueva canción en la que había estado
trabajando. Daigo le contestó que ya había planeado pasar la tarde con Akihide,
el otro guitarrista de la banda, por lo cual tenía que declinar su invitación.
Shinpei, por alguna razón, volvió a sentir ese pinchazo en el estómago: “qué me
está pasando? No se ha pasado el efecto de la mala comida todavía?”. Volvió a
despejar su mente, y decidió llamar a su hermano para comentarle sobre su nueva
canción.
Luego de un día
tranquilo con su hermano, Shinpei recibió una llamada de su manager, quien le
comunicaba que al día siguiente tendrían una reunión en la productora para
ultimar detalles sobre el show de la siguiente semana en Narita. Entusiasta
como era, Shinpei decidió ir a dormir temprano para tener el mejor ánimo al día
siguiente; y, antes de caer profundamente dormido, volvió a recordar el show
del día anterior. Repasando la lista de temas, llegó a Real Love, y volvió a
recordar esa extraña sensación que había tenido, pero justo antes de poder
pensar seriamente sobre ella, cayó rendido ante el sueño. “Mañana será un gran
día”.
La reunión
comenzó ni bien los tres integrantes de Breakerz arribaron a la productora, más
que nada porque Akihide tenía otro compromiso y no podía quedarse mucho tiempo.
Lamentablemente, éste debió retirarse temprano de la reunión debido a dicho
compromiso, por lo que quedaron Shinpei y Daigo solos con el manager y el
representante de la productora. Shinpei miró a su compañero y, sonriéndole, le
dijo “quedamos nosotros solos, como en los viejos tiempos!”. Como respuesta,
únicamente recibió una sonrisa cortés antes de volver a concentrarse en la
reunión. El show tendría la misma estructura básica que los demás: comenzar con
toda la energía, luego tranquilizar al público y hablarles, darles un poco de
lo que están esperando con cierto tema, y volver a bajar para terminar con un
tema explosivo y dejar a todos felices. Claro que, inesperadamente, ese
pinchazo en el estómago volvió al hablar de “cierto tema”, pero Shinpei decidió
no prestarle atención y enfocarse en la reunión que estaba atendiendo.
La semana
transcurrió entre ensayos y pruebas de vestuario, nada fuera de lo normal para
la vida de un rocker. Llegó el tan esperado sábado de concierto, y todos dieron
lo mejor de sí para hacer que los fans se llevaran en la memoria una experiencia
que no olvidarían. Quién sabe, quizás fuera esa su única oportunidad de verlos
en vivo, y la banda no quería arruinarles esa experiencia. Finalizado el
recital, cuando todos se dirigían a los camarines, Daigo notó algo extraño en
Shinpei, no estaba sonriente como cada vez que terminaban de tocar. “Oye Shin,
te sucede algo? Estás decaído”. “No es nada, no te preocupes”, respondió
Shinpei, y aceleró el paso hacia su camarín con la mirada baja.
Al llegar a su
cuarto privado, Shinpei no dejó siquiera entrar a su maquilladora, quien le
reclamaba que le dejase quitar el maquillaje del recital para que no le hiciera
mal a la piel. “Estoy bien, ya vete!”, se escuchó desde el otro lado de la
puerta, y la mujer no tuvo otro remedio que retirarse. Dentro de la habitación,
tirado en un sillón, fuera del alcance de las luces y los espejos clásicos de
los camarines, se hallaba el guitarrista, agazapado contra uno de los
apoyabrazos con la cabeza entre las manos. Qué le estaba pasando? No era normal
en él sentirse así luego de dar un concierto. Sería ese aguijonazo en el
costado que no dejaba de molestarlo la causa de todo esto? No, no tenía
sentido. Por qué iba a ponerse mal por algo así?, si solamente era parte del
espectáculo desde que el video salió a la luz hacía ya unos años. Daigo vestido
con un sombrero tipo policía, todos con collares de cadenas, y Akihide
recibiendo un beso del vocalista. “Es normal, no es así?! Pasa todo el tiempo!”
se dijo a sí mismo Shinpei, intentando convencerse.
Pasados veinte
minutos de la finalización del show, Shinpei, todavía sentado en el sofá del
rincón del camarín, escucha que golpean a su puerta: “Shin-san, puedo pasar?
Soy yo”. La voz de Daigo desde el otro lado lo atravesó aún más, pero sabía que
si no lo dejaba entrar, su amigo comenzaría a preocuparse… Un momento, amigo?
Esa pregunta resonó como un gong dentro de la cabeza de Shinpei, pero antes de
que terminara de sonar el eco del gong, Daigo ya estaba dentro de la
habitación.
“Hey, qué te
sucede?! Tú no eres así, jamás te había visto tan decaído después de tocar”,
comenzó a decir Daigo mientras entraba. Y a medida que iba avanzando, Shinpei
intentaba esconderse más y más de su vista. Acaso no quería verlo? No, no podía
ser, se conocían hace años y jamás le había ocultado nada. Comenzó realmente a
preocuparse por su amigo, verlo de esta manera también le afectaba a él, dado
que le tenía mucho cariño. “Vamos Shinpii, muéstrame tu linda ca…” No pudo
terminar la frase, al ver la enrojecida y húmeda cara de Shinpei enterrada entre
sus brazos. “Ooooye, qué diablos te sucede? Sabes que puedes contarme cualquier
cosa, no puedes pretender que me quede aquí sentado esperando y no que me des
una explicación de qué te pasa! Shiiinpeeeeiiiii!”. El sacudón que le dio Daigo
mientras le decía esto hizo volver en sí a Shinpei, que había estado como
perdido dentro de sus pensamientos. “Qué? Daigo?! No, qué haces aquí? Vete,
vete!”. Al decir esto, Shinpei intentó alejarlo de un empujón, lo que no tuvo
mucho éxito. Debido a ese pinchazo que no dejaba de sentirlo, al momento de
entrar a su camarín, había agarrado una de las botellas de ron que había sobre
la mesa, de la cual ya quedaba únicamente el envase vacío entre sus piernas.
“Shinpei, qué te está pasando?! De verdad me preocupas. Bien que sé que te
gusta tomar, pero nunca te he visto hacerlo a este nivel. No me iré hasta que
me digas qué pasa por tu cabeza”, espetó Daigo, sentándose junto a su amigo en
el sillón.
Después de
escucharlo respirar fuerte y pesado durante varios minutos, Daigo finalmente
pudo ver la cara de Shinpei en su totalidad: enrojecida por el alcohol y la
presión que ejercía sobre sus manos, húmeda por las lágrimas que había rodado
por ella durante un largo rato, con restos de maquillaje que ya casi era
imperceptibles por el “lavado” involuntario de las manifestaciones de sus
emociones. “Hey, sabes que puedes decirme cualquier cosa, cierto? No es la
primera vez que te veo deprimido, pero nunca te he visto TAN deprimido.” Un
sollozo fue la respuesta a eso. “Vamos, que no muerdo, cuéntame qué te sucede,
vale?”. Shinpei finalmente levantó la vista y clavó sus ojos en los de Daigo:
jamás lo había mirado así, el vocalista realmente se preocupó al ver esa mirada
intensa y directa de su guitarrista. “Así que quieres saber qué me pasa, eh?”,
dijo apresuradamente Shinpei, “así que de verdad quieres saber lo que me
pasa?”. Los efectos de la botella de ron se hacían presentes en su tono de voz.
“Pero claro que quiero saberlo, eres mi amigo y te quiero, no quiero estar
preocupado por ti”, respondió Daigo. “JAH, amigo!”, soltó repentinamente
Shinpei, “acaso un “amigo” no se debe preocupar por sus amigos? Acaso un
“amigo” no debería pensar en los sentimientos de sus amigos? Acaso un “amigo”
no sabe cuándo detenerse antes de dañar
a sus amigos?!”
Impresionado,
Daigo no supo qué decir antes semejante discurso. Tenía la sensación de que su
amigo se había sentido de alguna manera traicionado por él, de ahí que hubiera
repetido tantas veces esa palabra, aunque no estaba seguro en qué sentido podía
ser. “Shinpii, tú sientes que yo te he hecho algo malo?”, preguntó tímidamente.
La única respuesta fue un sollozo mezclado con un bufido de enojo. “Dímelo, por
favor. Si no sé qué es lo que te molesta de mí, jamás podré cambiarlo. Además,
sabiendo que te sientes así, no puedo estar tranquilo de que seguiremos
manteniendo esta amistad intacta”. Diciendo esto, Daigo levantó la cara de
Shinpei, que había vuelto a bajarla en señal de vergüenza. “Sabes qué pasa?
Desde que hicimos ese estúpido video de Real Love que todo piensan en ti y
Akihide como “la pareja de la banda”, y lo odio, sabías?! Siempre termino
siendo yo el relegado, el que está de relleno, el que hace las guitarras “con
Aki-sama”… Yo fundé esta banda contigo, maldición, y ese Akihide llegó para meterse
entre nosotros como si nada! Todos creen que ustedes se ven hermosos, sabes?,
todos creen que podrían ser pareja en la vida real y hasta escriben artículos e
historias ficticias acerca de ustedes dos! Y yo dónde encajo en todo esto?!”
Shinpei expulsó esto como un gato expulsa su bola de pelo: tosiendo entre
lágrimas, todo seguido apenas parando para recuperar el aliento. Luego, su voz
y su cabeza volvieron a bajar para continuar su discurso, ante la mirada
sorprendida y silenciosa de su compañero. “Daigo, sabes? Nunca creí que esto me
afectara. Tú me conoces, sabes que me gusta salir con chicas todo el tiempo y
soy alegre siempre. Pero hace cierto tiempo que no puedo seguir siendo así. Si
bien sigo saliendo con mujeres y trato de seguir pareciendo alegre frente a
todo el mundo, la verdad es que, por dentro, no me siento así. Desde aquel
Boudoukan de la semana pasada, que siento como si una abeja gigantesca me
hubiese clavado su aguijón en el medio de mi cuerpo, y lo hundiera más y más
cada vez que “cierto tema” sale en la conversación… Jeh, no puedo creer que
esté diciendo esto…”, dijo entre risas nerviosas. “Dilo, sácalo de tu sistema.
Quizás, diciéndolo, haces que ese aguijón que mencionas, finalmente pueda salir
de tu cuerpo”, incitó Daigo con una sonrisa. El ambiente estaba cargado de
tensión, pero aun así, Shinpei pudo esbozar una débil sonrisa ante esa
propuesta. “Lo ves? Ya estás sonriendo de nuevo. Vamos, dime lo que quieras
decirme, soy todo oídos”, volvió a decir Daigo.
Nada y a la vez
todo pasaba por la cabeza de Shinpei, no podía pensar claramente por el alcohol
que había ingerido, pero lo único que sí tenía en claro era que necesitaba
decírselo. Allí. En ese momento. Le diría todo lo que cruzaba su mente, y que
fuera lo que tuviera que ser. “Sabes?, tienes razón, nunca he podido ocultarte
nada. Por alguna razón, siempre has sido muy perceptivo en cuanto a mis
sentimientos se refiere: sabías cuándo estaba mal, cuándo estaba enojado o
ansioso. Siempre lo supiste. Y creo que de alguna forma, seguramente no de una
que pueda entender completamente, yo también sabía que esto me estaba
sucediendo, incluso antes del aguijonazo”. Shinpei debió hacer una pausa,
durante la cual no pensó nada, solamente dejó caer sus lágrimas sobre las manos
de Daigo, apoyadas en sus rodillas dobladas sobre el sillón. Daigo sabía que no
debía decir nada, sino el momento se estropearía y Shinpei se sentiría aún peor, después de todo,
realmente conocía a su amigo y sabía cuándo debía hablarle y cuando debía
respetar su silencio. Y así, el guitarrista continuó su discurso: “es más fácil
si te lo pongo de este modo: ese aguijonazo comencé a sentirlo cuando los vi a
Akihide y a ti besarse durante el Real Love del Budoukan… Me entiendes?...”
Los ojos de Daigo
se abrieron como platos, por supuesto que entendía lo que Shinpei quería decir.
“Sí, claro que te entiendo…”, dijo en una voz casi inaudible. De verdad no
podía creerlo: Shinpei pensando en eso? Si bien entendía a lo que se refería,
no lograba terminar de comprenderlo. “Bueno, pues… Es eso. Creo que de alguna
manera, siento… celos de Akihide por poder hacer… eso contigo.” Las palabras se
trababan en la boca de Shinpei, pero lentamente lograban salir a la luz. “Creo
que es porque… uhm… quizás me gustes… O algo así”, terminó diciendo Shinpei,
mientras su cara enrojecía aún más por la vergüenza de estar diciendo semejante
cosa. Éste no pudo verlo, pero Daigo tenía la vista clavada en sus manos,
apoyadas sobre Shinpei, intentando absorber todo lo que acababa de escuchar y
tratando de pensar en una respuesta coherente para darle a su amigo.
Durante algunos
minutos, ninguno de los dos se movió: Shinpei con la cabeza gacha, expulsando
algunas lágrimas más en intervalos alargados; Daigo, mirando fijo hacia abajo y
sintiendo en sus manos las cálidas emociones de Shinpei cayendo sobre ellas.
Finalmente, cuando sintieron que el silencio debía ser roto, Daigo fue el
primero en dar el paso: quitó sus manos de la piernas de Shinpei, para posarlas
sobre sus mejillas, aún húmedas y enrojecidas. “De verdad sientes esto,
Shinpii? Bueno, claro que es de verdad, sino no te hubieras puesto así”, dijo
mientras pasaba su manga por la última lágrima de Shinpei, secándola. “Sabes?,
no tenías por qué ponerte así. Está bien que es un tema difícil de tratar, y
obviamente no podías hacerlo con Akihide presente, pero tampoco tenías por qué
callarlo. Al final, mira a lo que hemos llegado”. Shinpei, respirando pesado,
sintió un calor que lo envolvía internamente, como curando la zona de la herida
del aguijón. Gracias a esa sensación, pudo volver a sonreír débilmente y mirar
a los ojos a quien tenía enfrente. Daigo prosiguió: “no quiero que estés mal,
Shinpii, eres mi amigo de años, y no soporto verte así. Aparte, sabes?, lo que
yo hago en escena con Akihide, es únicamente porque el show lo pide; desde ese
estúpido video que la gente espera ver ese beso arriba del escenario, y
nosotros debemos dárselo. Quiero que sepas que no significa nada, de acuerdo?
De hecho, bueno, no me gusta ponerle una escala a mis sentimientos hacia otras
personas, pero creo que te estimo más a ti que a él.” Habiendo escuchado esto,
Shinpei no pudo contener una nueva oleada de lágrimas, que Daigo se encargó de
absorber con la manga de su remera. “Yo te quiero a ti, Shinpii, a nadie más quiero como te quiero a ti, de
acuerdo?”, dijo mirándolo a los ojos. Luego de un breve momento de sostenerle
la mirada, Daigo acercó su cara a la de Shinpei. “De acuerdo?”, volvió a
preguntar, justo antes de posar sus labios sobre los del otro.
Sus ojos cerrados,
sus labios pegados, sus manos juntas. Shinpei volvió a lagrimear, esta vez sin
poder especificar exactamente por qué estaba llorando de nuevo. Al sentir el
cálido líquido sobre sus propias mejillas, Daigo se separó y lo miró
tiernamente: “hey, no tienes por qué llorar, de acuerdo? No es malo esto que te
sucede. De hecho, no te sientes mejor? O acaso sigues teniendo el aguijón en tu
estómago?”, dijo con una sonrisa. Inmediatamente, Shinpei se percató de que esa
cálida sensación de hace un rato, había “curado” su herida punzante. Se alejó
lentamente de Daigo, quien seguía mirándolo desde donde estaba, para reírse
solo. “Oh, no puedo creer que haya dicho esto. Lo siento, de verdad lo siento”,
comenzó a disculparse, pero fue detenido por un “no te disculpes por tus
sentimientos”, seguido de una tierna caricia en la mejilla. Una sonrisa se
dibujó en ambos rostros, luego del intenso momento que acababan de vivir.
“Vamos Shinpii,
déjame que te limpie el maquillaje así vamos a casa a relajarnos, vale?”, dijo
Daigo con una sonrisa, esa sonrisa tan característica que hace que hasta la
persona más triste de la tierra se alegre. “A tu casa?”, respondió sorprendido
Shinpei. “Sí… no parece como que estarás bien pasando la noche solo en tu
apartamento. Vamos, tengo un colchón extra bajo mi cama”, dijo Daigo, sin dejar
de sonreír. “Bueno, qué más da… Además, si vamos a pasar la noche juntos, puedo
contarte acerca del tema que estuvo dando vueltas en mi mente desde hace unos
días, y quizás puedas ayudarme a terminarlo!” Shinpei se incorporó con la
energía que lo caracterizaba y volvió a esbozar esa sonrisa que había perdido
desde que el aguijón lo había atravesado.
Luego de
asegurarse de que Shinpei estuviera presentable otra vez, salieron del camarín
disculpándose por la demora y, excusándose en que el show los había dejado
exhaustos, se saltarían la fiesta a la que estaban invitados. Aquella noche, en
casa de Daigo, todo volvió a ser como era: ellos dos, sentados en el piso de la
sala, hablando de música y comiendo comida chatarra mientras componían una
canción nueva.
Finalmente,
Everlasting Luv vio la luz en el
siguiente disco de Breakerz, sólo con una diferencia que nadie notó: Shinpei
había escrito esa letra durante “la semana del aguijón”, pero le rogó a Daigo
que dijese que había sido é quien la había escrito. Por qué? Sencillamente
porque él era la cabeza de la banda y quien escribía la mayoría de las
canciones de amor que tocaban. Nadie, excepto ellos dos, supo nunca este cambio
de nombres de compositores. Nadie, excepto ellos dos, que intercambiaban una
mirada cómplice segundos antes de comenzar a tocarla en vivo. Nadie, excepto
ellos dos, sabía este secreto. Y sería algo que quedaría en su recuerdo para
siempre, como el momento clave en su relación de… amistad?
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