12 de octubre de 2014

Escondite I

- Chicos! Miren, miren lo que me compré! -, exclamó Daigo al entrar a la sala, agitando un papel.
Shinpei y Akihide, sus compañeros en la banda Breakerz, se quedaron mirándolo, extrañados: era un papel bastante grande para ser un envoltorio de caramelo o alguna foto impresa. De hecho, una vez que pudieron mirarlo más de cerca, notaron que se trataba de la escritura de una casa a orillas del lago Shinji. Cuando hubieron entendido todo lo que aquella escritura decía, lo miraron con expresiones que implícitamente pedían una explicación.
- Bueno, ya saben que el último disco ha sido un éxito de ventas… -, comenzó a decir Daigo tranquilamente. – Y admito que siempre quise hacer un viaje con ustedes, solamente nosotros tres, sin guardaespaldas ni managers ni nadie que pueda interrumpirnos… -, continuó, mientras iba elevando el tono de excitación en su voz. – Así que se me ocurrió que podía comprar una casita para que podamos ir a pasar un tiempo allí, sería como “La Casa de los Breakerz” si fuera un reality show! -, terminó entusiasmado.
Los dos guitarristas se miraron entre sí, completamente asombrados ante lo que acababan de escuchar: comprar una casa no era algo ordinario, realmente Daigo debía aprender a manejar mejor su dinero… Aunque luego de discutir algunos minutos, admitieron que era una idea excelente la de pasar unas mini vacaciones alejados de la ciudad y del trabajo. Acordaron que, una vez que la gira de presentación terminara, se irían un par de semanas a aquella casita del lago.
Las presentaciones salieron conforme a lo planeado y el disco había sido un completo éxito a lo largo de todo el país. Luego de terminar el último evento, Daigo miró alegremente a sus compañeros, sonrió con picardía y les dijo:
- No se han olvidado, cierto?... El lunes a las once de la mañana nos juntamos en mi casa, ya decidí que iremos en mi auto hacia a la casa del lago Shinji! -, exclamó, mostrándoles las llaves de su automóvil personal haciéndolas tintinear.

Aquel lunes, Daigo estaba terminando de preparar el bolso para llevarse a la casa del lago, cuando sonó el timbre dándole aviso de que Akihide había arribado.
- Daigo! Todavía no tienes listas las cosas?! -, preguntó el guitarrista, algo molesto.
- Ya, ya, Aki! En un momento terminaré de guardar todo! -, respondió Daigo. – Es que no encuentro el shampoo para clima húmedo -, terminó, mientras rebuscaba en los cajones del armario.
- Shinpei ya llegó, tú sigue buscando que iré a abrirle -, bufó Akihide, mientras miraba la pantalla de su celular que acababa de recibir un mensaje.
Saludando alegremente, Shinpei ingresó a la vivienda con una mochila de excursión colgada en la espalda. Al ver que ya estaban todos reunidos y el shampoo de Daigo no aparecía, todos se pusieron a buscarlo, hasta que lo encontraron tirado debajo de uno de los muebles del baño.
- Vamos? El viaje es bastante largo…-, preguntó Akihide, molesto por el retraso.
- Vamos! A la casa del lagoooo! -, exclamó Daigo, levantando el puño en señal de largada, gesto que Shinpei imitó inmediatamente.
La distancia que separaba Tokio de Shimane, la prefectura donde se encuentra el lago Shinji, era de aproximadamente 750 kilómetros, por lo que tenían una largo camino por recorrer. Respetando las velocidades máximas en las rutas y autopistas y parando para comer, el viaje tardó aproximadamente unas nueve horas, durante las cuales jugaron juegos de carretera como el juego de las patentes o los colores, se turnaron para conducir un rato cada uno, y cada tanto se echaban una cabezada en el asiento trasero del vehículo. Finalmente, cuando ya había caído la noche, llegaron a la nueva casa de Daigo, a la que decidieron llamar “El Escondite”.
- Chicos, tengo hambre -, protestó el cantante cuando hubieron terminado de acomodar sus cosas en las habitaciones. – Voy a la tienda a ver si consigo algo de comida preparada para no tener que cocinar… Todavía no probé esta cocina y no quiero estallar la casa en nuestra primera noche -, terminó entre risas, mientras tomaba su abrigo y se disponía a salir.
Al cabo de media hora, durante la cual Shinpei se las había arreglado para conectar el televisor y Akihide se había recostado a leer en una silla en el jardín trasero, Daigo regresó de la tienda muy contento con sus adquisiciones:
- Miren! Además de comida, conseguí un pequeño mapa de los alrededores! -, exclamó mientras se lo mostraba a los demás.
- Pásame la cena que la voy poniendo a calentar así comemos, yo también estoy hambriento -, dijo Akihide.
- Saben qué es genial?! -, siguió contando Daigo, luego de pasarle la bolsa a su amigo. – Hay una zona en la prefectura que se llama Misato! -, exclamó con una enorme sonrisa. Ante la mirada de confusión de sus amigos, se dio cuenta que jamás iban a entenderlo si no se explicaba: - Bien, para aquellos que no conocen la genialidad de Evangelion, - comenzó, sarcásticamente, - les cuento que el personaje principal se llama Ikari Shinji, y su comandante es Katsuragi Misato… Es como una zona perfecta para sentirse envuelto por la serie!
Luego de intercambiar miradas, Akihide y Shinpei se largaron a reír con toda la fuerza de sus pulmones. Aquel chico realmente era un otaku en lo que respectaba a Evangelion y cada mínima cosa, como los nombres del lago y la ciudad, la relacionaba con aquello. Eso era lo que necesitaban: estar tranquilos lejos de todo el mundo para poder reírse de ellos mismos y pasar un buen rato juntos.
La cena transcurrió pacíficamente y, luego de dejar todo ordenado, cada uno se retiró a su habitación. Realmente estaban cansados por tantas horas arriba del auto y querían dormir todo lo que pudieran. Después de todo, allí no había alarmas ni celulares que pudieran despertarlos a mitad de la noche o temprano en la mañana para salir corriendo a una reunión.

Los siguientes días transcurrieron en completa tranquilidad, con los chicos todavía acostumbrándose a aquella casa, descubriendo que, por ejemplo, las canillas estaban puestas al revés y si abrían la que decía “caliente” para bañarse, iban a congelarse. El primer jueves de aquellas dos semanas, decidieron alquilar un bote e ir a dar un paseo por el lago con unas cañitas de pescar improvisadas con ramas y gusanos de azúcar en la punta del hilo; no esperaban atrapar ningún pez, pero se la pasaron de maravilla en medio de tanta paz.
Durante el fin de semana comenzó a hacer frío, por lo que intentaron prender la calefacción, pero luego de hablar con el hombre que atendía en el negocio de comidas, se enteraron de que el gas había sido anulado hacía un par de semanas gracias a que un sismo había abollado uno de los caños transportadores y habían cortado el suministro por razones de seguridad.
- Bueno, creo que finalmente la chimenea servirá para algo más que para juntar polvo… -, dijo Shinpei, arremangándose el buzo y comenzando a acomodar unos leños que había apilados al costado del hogar.
Ante la atenta mirada de sus amigos, luego de algún rato, Shinpei finalmente logró prender un pequeño fuego, que fue creciendo a medida que las llamas iban alcanzando más partes de los troncos. Como el primer día se habían dividido las tareas de la casa para el resto de las vacaciones, Daigo y Akihide decidieron que aquella noche Shinpei estaría exento de lavar la vajilla de la cena en agradecimiento por haber logrado prender la chimenea.
Después de comer, los tres se sentaron frente al hogar, sintiéndose como cuando eran pequeños y hacían campamentos en el jardín de sus casas, contando historias de terror o jugando a ver dibujos en las llamas. En cierto momento, Akihide se levantó de la sala y fue hacia su habitación, de la que regresó con una manta encima de su espalda.
- Tienes frío, Akihide? -, preguntó Daigo, al verlo aparecer así abrigado.
- Sí, algo… -, respondió Akihide, algo avergonzado. – Normalmente después de comer me entra frío, pero como estos últimos días hubo una temperatura agradable, no me había sucedido.
Daigo y Shinpei intercambiaron una mirada cómplice y se lanzaron, uno de cada lado, a abrazar a su compañero al grito de “Akiiii, te abrigaremoooos!”. Rápidamente, Akihide intentó zafarse de los brazos de sus amigos, pero sabía que no podía hacer nada frente a los otros dos, que eran considerablemente más fuertes que él y dejó de luchar contra ellos. Luego de algunos minutos en aquella posición, durante los cuales no dejaron de conversar, Akihide volvió a pedir:
- Chicos, ya suéltenme, vale? Ya no tengo más frío… -, y agregó: - Además, Shinpi, hace rato que hay algo de tu lado que me está pinchando en el costado…
Al oír eso, Shinpei rápidamente se apartó de Akihide, volviendo a su lugar original frente a la fogata.
- Oye, eso fue rápido… -, comento Daigo. – Sospechosamente rápido… Hay algo que quieras decirnos, Shiinpiii? -, preguntó irónicamente.
- Qué? Hey, no! Pero qué dices? -, respondió Shinpei algo nervioso.
- Pues yo creo que sé perfectamente lo que digo, y tú también lo sabes… -, siguió riendo Daigo.
- Qué? No, no, no! Basta! -, se molestó Shinpei. – O acaso nunca has pinchado a nadie, eh? -, retrucó levantando una ceja.
Ante la repregunta, Daigo fue lentamente soltando a Akihide, quien finalmente pudo acomodarse en su sitio después de liberarse de quienes lo tenían aprisionado.
- Vamos, no se trata de mí! -, respondió intentando ocultar su nerviosismo.
- Chicos, pueden explicarme quién pinchó a quién y por qué? -, los interrumpió Akihide, quien no terminaba de comprender la situación.
- No es nada, ya déjalo, vale? -, respondió Shinpei con un resoplido. – Y tú… -, dijo, señalando a Daigo, - Si me sigues molestando, voy a ir a pincharte cuando menos te lo esperes!
- Bueno, basta, me hartaron los dos con sus misterios! -, estalló Akihide. – Van a cortar esto ya o… O los pincharé yo a ustedes! -, amenazó, ante lo que recibió como respuesta dos fuertes carcajadas de parte de sus amigos.
- Buena manera de romper la tensión, Aki, eh? -, pudo decir Daigo cuando dejó de reírse.
Akihide realmente no tenía idea de lo que estaban hablando, por lo que los miró a ambos, con un gran signo de interrogación implícito en toda su cara.
- Mira… -, comenzó a explicarle Shinpei. – En los recitales, cuando de repente sientes a Daigo muy cerca cuando le toca besarte o lo que sea… Nunca has sentido algo en la cintura o en la parte baja de la panza? -, preguntó tranquilamente. Luego de que Akihide se detuviera a pensar unos segundos e hiciera un gesto afirmativo, Shinpei continuó: - Bueno, eso que te pincha… No es un cinturón ni parte del vestuario… No sé si me explico… -, terminó, moviendo las manos haciendo señas como para que Akihide sacara su propia conclusión.
- Qué… No, espera, QUÉ COSA?! -, exclamó Akihide.
Finalmente había entendido a lo que se referían sus compañeros, por lo que se sintió bastante idiota por lo que había dicho anteriormente; aunque, por otra parte, no podía creer cómo podían “pincharlo” tan tranquilamente y jamás haberle dicho nada.
- Eso significa que…? -, comenzó a preguntar. – Ustedes… se calientan pensando en mí? -, terminó, de la forma más educada que le salió.
Nuevamente, la única respuesta que recibió fueron las risas de Daigo y Shinpei, quienes claramente ya habían tenido una conversación al respecto.
- No, no entiendes nada! -, atinó a decir Daigo entre carcajadas.
- Nada que ver, Akihide! Estás imaginando cosas! -, dijo Shinpei, también riendo. – Es simplemente que el contacto del momento hace que sucedan esas cosas, no es por nada en particular -, explicó. – En el escenario, Daigo se pone así por la emoción misma del concierto, a muchos músicos les sucede! Y lo de recién fue porque, bueno… estábamos muy juntos uno con el otro y reaccionó así… Eres hombre, sabes cómo funcionan estas cosas! -, terminó, con una sonrisa que no logró contagiar a un Akihide todavía shockeado ante la escena y la explicación.
Cuando finalmente lograron convencer a Akihide de que no era nada particular con él, repentinamente se dieron cuenta de que eran cerca de las dos de la mañana, por lo que cada uno se dirigió hacia su habitación para dormir.
- Ay chicos, hoy de seguro sueño alguna cosa extraña gracias a ustedes! -, rió Akihide, antes de cerrar la puerta.

Luego de media hora desde haberse separado, él ya estaba acostado, aunque no había logrado conciliar el sueño y se había puesto a ver videos en su Tablet. Sorpresivamente, escuchó unos suaves golpecitos a su puerta antes de ver a su amigo asomarse preguntando “oye, estás despierto…?”.



Continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario