Shinpei se había
desvelado mirando videos musicales en su Tablet, cuando escuchó la suave voz de
Akihide preguntándole si estaba despierto y podía pasar. Al recibir una
respuesta afirmativa, Akihide entró a la habitación y se sentó al lado de
Shinpei, quien estaba recostado sobre el respaldo de su cama.
- Bueno, me alegro
de que no me tengas miedo luego de lo que pasó hace un rato -, bromeó Shinpei,
cuando vio que Akihide no atinaba a sentarse lejos de él ni nada parecido.
- Claro que no,
tonto. Además, por qué iba a tener miedo, a lo sumo tendría asco -, respondió su
amigo, también en tono de broma.
- No puedes
dormir, ah? Pensé que te ibas a encerrar en tu habitación y poner música pacífica
para relajarte y dormir tranquilamente… -, comenzó Shinpei. – Quieres comer
algo? Tengo galletitas en mi mochila.
- No, no, gracias
-, respondió Akihide. – En realidad venía a hablar contigo… Me quedé pensando
en lo de hace rato, sabes?, y que creo eso es lo que no me dejó dormir.
Tomando el
paquete de galletitas y una lata de jugo frutal de su mochila, Shinpei se
acomodó en su cama para comenzar la conversación más seria que tendrían en
aquellas vacaciones:
- Bueno, y qué
pensabas? -, inquirió.
- Es que… Ah, no
puedo creer que ustedes hablaran de eso tan tranquilamente! Es decir, eso
debería ser algo íntimo de cada uno, no crees? -, repentinamente, Akihide se
sinceró con Shinpei, quien lo miraba asombrado ante lo que estaba escuchando.
–De verdad ya habías hablado con Daigo acerca de eso?
- Sí, seguro! -,
respondió Shinpei, como si fuera lo más natural del mundo. – Claro que la
primera vez él estaba igual que tú ahora, nervioso y toda la cosa… Pero luego
fue tornándose en un tema más entre los tantos que tocamos en nuestras salidas
o viajes.
La expresión de
Akihide cambió repentinamente, de estar intrigado por esas conversaciones, pasó
a estar impactado por la naturalidad con la que se lo tomaban sus dos
compañeros. Es decir, estaban hablando de excitarse con otro hombre!
- Está bien,
Akihide. No hay problema -, volvió a hablar Shinpei, sacando a su amigo de sus
propios pensamientos. – De verdad es algo momentáneo, de seguro te habrá pasado
mil veces! -, rió. Pero ante la seriedad de la cara de Akihide, decidió
continuar hablando: - Hay algo que quieras decirme o preguntarme o lo que sea?
Soy todo oídos -, terminó, con una sonrisa amable.
Akihide respiró
profundo, se acomodó en el colchón, y comenzó a hablar.
Desde la otra
habitación, Daigo escuchó unos cuchicheos y decidió levantarse a ver qué
sucedía. Si bien se había dormido casi al instante de haberse acostado, aún
tenía el sueño liviano y se despertó con los ruidos de la charla que provenía
del otro cuarto. Se levantó de la cama, tomó su bata de abrigo y se calzó las
pantuflas para salir a ver qué sucedía.
Como su
habitación estaba en el medio, decidió girar hacia la derecha para ver si el
ruido provenía de la habitación de Akihide. Al golpear y no recibir respuesta,
empujó suavemente la puerta para espiar adentro; al ver las luces apagadas y
nadie dentro, se dirigió hacia la habitación de Shinpei. Si bien tenía un gran
oído musical, en el estado de somnolencia en el que se encontraba no era muy
capaz de distinguir de dónde provenían los sonidos. Al llegar al cuarto de
Shinpei, golpeó la puerta, pero nuevamente no recibió respuesta. Intentó
empujarla y, afortunadamente, ésta no estaba trabada y pudo entrar.
- Chicos, qué…?!
-, exclamó ante la escena que se encontraba frente a él.
Rápidamente, sus
dos guitarristas dejaron de hacer lo que estaban haciendo para prestarle
atención a quien acababa de entrar. Daigo no daba crédito a sus ojos, estaría
aun soñando? Cómo podía ser que después de lo que había pasado en la chimenea
estuvieran haciendo eso?
- Daigo, podemos
explicarlo! -, atinó a decir Akihide acomodándose la camisa de su pijama.
- Bueno, creo que
no hay mucho para explicar, Aki. Como que ya vio todo… -, dijo Shinpei
resignado.
Daigo seguía
parado bajo el marco de la puerta, paralizado todavía por lo que había visto.
Luego de algunos segundos, finalmente reaccionó y atinó a hacer una sola
pregunta:
- A ver... Sí,
Shinpi, tienes razón, vi todo. Sí, Aki, quiero que me lo expliquen. Pero
primero… Quién pincha a quién? O lo hacen ambos?
Esta vez fueron
los dos guitarristas los que se quedaron congelados ante la pregunta. Realmente
estaba preguntándoles eso? Que acaso no era obvio?
- Podemos… podemos
hablarlo tranquilamente por la mañana? -, rogó Akihide, terminando de
acomodarse la ropa, con la cara pintada con una intenso rubor rosado.
- No sabía que
también te gustaba hacer esto, Aki… -, dijo Daigo, mientras se acercaba a la
cama donde estaban, aun sentados, sus dos amigos. – Está bien que te dejas
besar por mí para los conciertos, pero Shinpei…?!
- Oye! -, se quejó
Shinpei.
- Vamos, sabes que
no es nada contra ti, Shinpi -, respondió Daigo sonriendo. – Sólo digo que no
sabía que Akihide estaba… bueno, interesado en este tipo de juegos…
- Me puedo ir? -,
volvió a pedir Akihide, cada vez más colorado.
- Qué? Acaso tu
cama es más grande? -, preguntó Daigo, girando la cabeza para mirarlo a la
cara. -Pensé que había conseguido que las tres fueran del mismo tamaño… -,
terminó, con expresión pensativa, antes de alegrar su cara: - Ya sé! Esperen
aquí un segundo, vale? Nooo see muevan!
Daigo salió
corriendo de la habitación, dejando a Shinpei y Akihide petrificados de la
sorpresa. Desde la habitación de al lado, se escucharon ruidos de cosas
cayéndose o siendo golpeadas, antes de que Daigo volviese a aparecer en el
cuarto de Shinpei, sosteniendo su colchón con las dos manos, intentando que no
se le cayera:
- Shinpi! Tira tu colchón al piso y hagamos una
super cama! -, propuso entusiasmado. Pero al ver que ninguno de los dos se
movía, dejó caer su colchón contra el piso para poder acercarse al dueño de
aquella pieza: - No me digas que ahora no quieres hacer nada, cierto? Después
de todo, hace un tiempo que ya no me pinchas… -, terminó con una sonrisa
pícara.
Shinpei no salía de su asombro: realmente Daigo
había dicho lo que había escuchado? Estaba hablando abiertamente de aquellas
noches de borrachera y aburrimiento donde se tocaban? Mientras todas esas
preguntas recorrían su cabeza, sintió el suave toque de Daigo en su
entrepierna, lo que lo sobresaltó y lo sacó de sus pensamientos, ante la
sorprendida mirada de Akihide.
- Daigo, qué…? -, atinó a decir Akihide.
- No te preocupes Aki, para ti también hay -,
respondió Daigo con voz seductora mientras se le acercaba. – Bueno, eso si tú
quieres… -, dijo, antes de darle un beso rápido para evaluar su reacción, pero
sin dejar de toquetear a Shinpei.
- Basta, Daigo! Así no se puede! -, estalló
Shinpei, empujándolo hacia el colchón que estaba en el piso y abalanzándose
sobre él. – Ésta es la manera de
hacer las cosas!
Una vez que pudo acomodarse arriba de Daigo, quien
quedó aprisionado en una jaula armada por los brazos y piernas de Shinpei, éste
comenzó a besarlo por todas partes, ante la atenta y sorprendida mirada de
Akihide desde arriba de la cama. No podía creer lo que estaba viendo, su cabeza
no entendía cómo sus dos amigos estaban allí en el piso haciendo esas cosas,
aunque parecía que su parte baja sí
lo entendía, porque comenzó a ponerse dura en cuanto los otros comenzaron a
tocarse.
- Aki… -, lo llamó Daigo. – Ven, no te quedes ahí
mirando… -, dijo entre jadeos, mientras Shinpei besaba su pecho ya desnudo y
comenzaba a quitarle los pantalones.
- Pero… Y qué hago? -, preguntó Akihide, todavía
desde la distancia.
- Sólo déjate llevar -, respondió Daigo, que era el
único que podía hablar. -, Acércate y déjamelo a mí…
Despacio, Akihide se fue acercando a Daigo, quien
no podía respirar normalmente y jadeaba continuamente, y a Shinpei, que no
quitaba su cabeza de la cintura de Daigo, a la que había llegado luego de
lamerle todo el pecho. Sintiendo cada vez más presión en su pantalón, Akihide
comenzó a pensar que quizás, después de todo, no fuera tan mala idea hacer
aquello. Al final, si no le gustaba lo que hacían, se iría a su habitación y se
olvidaría de toda la situación.
- Ven… -, dijo Daigo, estirando sus brazos hasta
tomar la cara de Akihide entre sus manos para besarlo nuevamente.
Aquella vez fue un beso pasional y sentido: no
como el anterior que había sido apenas un roce, ni como los que se daban
durante los recitales que eran “de mentiritas”, como les llamaban ellos. El
movimiento de los labios de Daigo y su lengua introduciéndose en su boca le
dieron a entender a Akihide que aquello iba totalmente en serio, y finalmente
comenzó a responder a los estímulos. Al igual que en la película de El Hombre
Araña, Daigo estaba con la cabeza dada vuelta con respecto a él, por lo que fue
un tipo de beso que no había experimentado nunca, mucho menos con él.
Dejando escapar algún suave gemido cada tanto,
Daigo comenzó a masajear a Akihide, quien había logrado colocarse completamente
detrás de la cabeza de Daigo, por lo que su cintura y la mano de su compañero
pudieron encontrarse fácilmente. Cuando Akihide ya tenía los pantalones a medio
bajar y la camisa nuevamente abierta, se escuchó la voz de Shinpei:
- Lo siento, pero no puedo seguir con esto… -, dijo
repentinamente, levantando su cabeza. – Ya sabes lo que tienes que hacer -,
terminó, mirando a Daigo a los ojos con expresión firme.
- Claro… Perdóname Aki, podrías correrte un
momento? -, preguntó Daigo con una sonrisa.
Akihide, sorprendido de que sus dos amigos supieran
exactamente lo que debían hacer, se movió hacia atrás unos pasos mientras Daigo
se daba vuelta y Shinpei se incorporaba sobre sus rodillas. Realmente parecía
la escena de una película para adultos, pero debía admitir que lo estaba
disfrutando. Daigo había quedado apoyado sobre sus rodillas y sus codos, con la
espalda arqueada y su cintura apuntando hacia arriba; Shinpei estaba con la
espalda erguida, también apoyado sobre sus rodillas y con su cintura apuntando
hacia Daigo, mientras metía su mano por un lugar que Akihide no había visto
nunca.
- Nunca habías visto algo así, cierto? -, bromeó
Shinpei, sin dejar de masajear a Daigo. Claro que ninguno de ellos se esperaba
que algo así pudiese suceder, por lo que no tenían lubricante y Shinpei
realmente debía preparar la zona para que Daigo no sufriese ningún dolor
innecesario.
- Qué estás haciendo? -, preguntó Akihide
intrigado.
La risa de Daigo desde el colchón fue la respuesta
recibida, seguida de una explicación acerca de que era necesario lubricar la
zona para poder entrar sin hacer daño. Al escuchar esto, Akihide se levantó y
salió de la habitación.
- Crees que lo hayamos asustado? -, pregunto
Shinpei apenado, agachando su cabeza para mirar a Daigo.
- No lo sé… Parecía bastante entusiasmado hasta
hace un momento… -, reflexionó Daigo, antes de ver a Akihide regresar a la
habitación con un pequeño frasco en su mano. – Qué es eso?
- Bueno, no sé si será lo mismo… -, comenzó a decir
Akihide, algo dubitativo. – Pero es mi botella de crema para las manos, no sé
si servirá… -, Ante la enorme sorpresa de sus dos amigos, volvió a hablar para
intentar aclarar las cosas: - Es que si yo también voy a participar, no quiero
que me duela ni nada parecido!
Daigo y Shinpei se miraron antes de volver los
ojos hacia su amigo, que les había causado una gran ternura con su inocencia.
- Sirve, Aki, muchas gracias -, dijo Daigo, tomando
la cara de Akihide entre sus manos para poder volver a besarlo despacio y
comenzar a tocarlo nuevamente.
Shinpei tomó el frasco de Akihide y comenzó a
encremar la zona de entrada de Daigo,
mientras éste lamía el miembro de su otro guitarrista, luego de terminar de
quitarle sus pantalones, haciendo que finalmente los tres quedaran
completamente desnudos.
Todo sucedió en un borrón para los tres: Shinpei
tenía agarrado a Daigo por la cintura mientras masajeaba su parte trasera con
la mano y lo lamía de vez en cuando; a su vez, Daigo tenía la cabeza enterrada
entre las piernas de Akihide mientras paseaba los labios por su miembro, y éste
último estaba sentado con la espalda apoyada contra un mueble sintiendo la
suave y rápida lengua de Daigo rondar por toda su zona íntima.
- Estás… listo? -, preguntó Shinpei, levantando la
mirada y viendo a Daigo de reojo. – Perdóname pero no puedo contenerme más.
- Nnh… Sí, Shin… Hazlo -, respondió Daigo mientras
no se apartaba de Akihide. – Disculpa, Aki. Podrías moverte un momento? No
quiero golpearte ni morderte sin darme cuenta…
Akihide lo miró extrañado, pero sonrió y se
levantó del colchón ante la sorprendida mirada de sus compañeros.
- Qué? Acaso pensaban que me quedaría mirando? -,
preguntó irónicamente mientras caminaba hacia donde se encontraba Shinpei, a
punto de entrar en Daigo. – No me quedaré de brazos cruzados mientras ustedes
la pasan bien… -, terminó, ya ubicado detrás de Shinpei, tomando su cabeza para
besarlo.
Finalmente, los tres sucumbieron a la pasión y
dieron rienda suelta a sus más íntimas y extrañas fantasías. Después de todo, especialmente
Akihide, nunca habían pensado que hacer un trio entre hombres podría ser tan
placentero y divertido. Mientras Shinpei penetraba a Daigo con fuerza, éste
enterraba la cabeza en el colchón para no gritar demasiado, y Akihide besaba
todo el torneado cuerpo de Shinpei al ritmo de sus embestidas.
Cada vez más rápido y más fuerte, Shinpei entraba
en Daigo, hasta que, casi sin darse cuenta, descargó dentro de él antes de caer
rendido en el colchón.
- Dios… De verdad… hacía mucho que no… te pinchaba
-, dijo Shinpei, intentando recuperar el aliento.
- Parece que no era el único que lo necesitaba… -,
bromeó Daigo, dándose vuelta y acostándose sobre tu espalda, dejando al descubierto su propio miembro
erguido, dado que todavía no había descargado lo suyo.
- Oigan… -, interrumpió Akihide, captando la
atención de sus amigos. – Daigo, lo que te hacían parecía realmente divertido…
-, dijo avergonzado.
- Oh, Aki! Quedaste celoso? -, pregunto Daigo en
tono burlón. – También quieres que te pinchen? -, terminó, plantando un suave
beso en los labios de Akihide mientras volvía a masajear su miembro.
- Oy… Ah! -, respondió Akihide con un respingo. –
Sí que sabes lo que hay que hacer, eh Daigo…?
- No digas más -, lo calló Daigo, mientras lo
arrinconaba contra la pared de la habitación. – Shinpi, patea tu maleta hacia
aquí, quieres?
Shinpei, todavía exhausto por la acción, se
incorporó levemente para darle un empujón a su valija vacía. Aprovechando que
se había levantado, se estiró para alcanzar el colchón de su cama y colocarlo
junto a él. Luego de acomodarlo, volvió a recostarse, recuperando el aire.
- Súbete aquí, vale? Eres muy chiquito para mí -,
dijo Daigo entre risas, haciéndole señas a Akihide para que se parara encima de
la maleta.
- Oye! -, protestó Akihide, pero fue rápidamente
callado por un pasional beso de Daigo. – Qué ha…Ah! -, exclamó, al sentir que
Daigo no solamente lo besaba sino que comenzaba a tocarle el trasero con la
mano llena de crema.
- Ya te dije, Aki. Relájate y déjate llevar -, le
respondió Daigo, poniéndole uno de sus dedos limpios sobre la boca.
Realmente Daigo sabía lo que debía hacer, por lo
que Akihide comenzó a estremecerse ante los toques de su amigo. Casi sin darse
cuenta, él también comenzó masajear el
miembro de Daigo con una mano, mientras con la otra se agarraba de su espalda y
le mordía el hombro.
- Bien… Si en algún momento no puedes más, avísame,
vale? -, dijo Daigo luego de algún rato de juego previo. – No quiero que la
pases mal…
- No digas más -, esta vez fue Akihide quien apoyó
un dedo sobre la boca de Daigo. – Voy a pasarla bien, lo presiento -, terminó,
sin dejar de toquetearlo.
Al ver la firme decisión de Akihide, Daigo tomó
una de sus piernas y la levantó en el aire para poder dejar el orificio de
entrada en una posición cómoda.
- Aquí va… -, dijo mientras comenzaba a
introducirse lentamente.
Fue la sensación más extraña que había tenido,
pero aun así, Akihide la estaba disfrutando completamente. Sabía que toda la
extrañeza del principio valdría la pena por lo que vendría después, “si no, no
sería tan divertido como lo he visto”, pensó.
Una vez que Daigo estuvo completamente adentro, le
avisó que comenzaría a moverse despacio para que se acostumbrara.
- Estás bien… Aki? -, le preguntó, algo agitado.
- Per-- perfecto -, respondió Akihide jadeando.
–Oye, qué…?! -, exclamó, al sentir la piel de Shinpei apoyándose en la espalda
de Daigo, de la cual él estaba agarrado.
- Tú lo dijiste antes cuando yo estuve con Daigo,
no podía quedarme ahí mirando, cierto? -, respondió Shinpei tranquilamente.
Al sentir los besos de Shinpei y los rasguñones de
Akihide en su espalda, Daigo realmente se desbocó y comenzó a embestir a un
Akihide que no podía creer de lo que se había perdido todos esos años. Por un
momento, dejó de tocar a Daigo para pasar su mano por el cabello de Shinpei,
que estaba a la misma altura que la cabeza de quien lo estaba penetrando.
Cuando quiso darse cuenta, la mano de Shinpei ya se encontraba masajeándole el
miembro, atrapado entre su pecho y el de Daigo.
- Realmente… Te entusiasmaste… Eh, Aki? -, preguntó
irónicamente Shinpei.
- Cállate -, le respondió Akihide, al tiempo que
tomaba su cabeza y lo besaba por encima del hombro de Daigo, que seguía
moviéndose sin parar.
- A-Aki… -, comenzó a decir Daigo entre jadeos. –
No pue-- no puedo… más!
- No me im-importa! Sigue, sigue! -, gritó Akihide,
totalmente fuera de sí. –Yo tam… Shinpi! -, exclamó, al sentir que se venía
gracias a los toques del guitarrista.
Luego de un par de estocadas más, Akihide sintió
cómo todo el cuerpo de Daigo se relajaba y se retiraba. Él también se fue
soltando y terminó apoyado contra la pared, todavía temblando de la emoción y
la excitación.
- Aah… Al final, traje mi colchón para que todos
estuviésemos cómodos y terminamos haciéndolo contra la pared -, se lamentó
Daigo, tirándose de espaldas contra los colchones que seguían tirados en el
suelo, dejando al descubierto una gran mancha blanca sobre su panza.
- Oye… Lamento eso… -, se disculpó Akihide,
señalando el pecho de Daigo.
- Qué…? -, preguntó Daigo, antes de mirar hacia
dónde Akihide le señalaba. – Ah no, no te preocupes! Apenas me había dado cuenta
-, dijo con una sonrisa tranquilizadora.
- Y yo lamento haberme metido… -, agregó Shinpei,
sintiendo que estaban en el momento de disculpas-post-acto. – Es que de verdad
no podía quedarme acostado ahí mientras ustedes se divertían…
- Vaaamos! Ya corten con eso! -, Daigo parecía
molesto pero divertido a la vez. – Pero ya que estamos, lamento haber hundido la
tapa de tu valija para mi diversión, Shinpii…
- Qué hiciste qué cosa?! -, exclamó Shinpei,
levantándose del colchón y yendo hacia su maleta. – Esto me las pagarás, Daigo!
-, terminó riendo, levantando el bolso y amenazando a su amigo con tirársela si
no se la reparaba.
Entre risas y burlas sobre lo que acababan de
hacer, luego de ir al baño por turnos y lavarse, se fueron durmiendo uno por
uno, todavía desnudos, en aquella cama tamaño doble, improvisada en la
habitación de Shinpei de aquella casa a la que le quedaba perfectamente el
nombre de Escondite.
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