13 de octubre de 2014

Encondite II

Shinpei se había desvelado mirando videos musicales en su Tablet, cuando escuchó la suave voz de Akihide preguntándole si estaba despierto y podía pasar. Al recibir una respuesta afirmativa, Akihide entró a la habitación y se sentó al lado de Shinpei, quien estaba recostado sobre el respaldo de su cama.
- Bueno, me alegro de que no me tengas miedo luego de lo que pasó hace un rato -, bromeó Shinpei, cuando vio que Akihide no atinaba a sentarse lejos de él ni nada parecido.
- Claro que no, tonto. Además, por qué iba a tener miedo, a lo sumo tendría asco -, respondió su amigo, también en tono de broma.
- No puedes dormir, ah? Pensé que te ibas a encerrar en tu habitación y poner música pacífica para relajarte y dormir tranquilamente… -, comenzó Shinpei. – Quieres comer algo? Tengo galletitas en mi mochila.
- No, no, gracias -, respondió Akihide. – En realidad venía a hablar contigo… Me quedé pensando en lo de hace rato, sabes?, y que creo eso es lo que no me dejó dormir.
Tomando el paquete de galletitas y una lata de jugo frutal de su mochila, Shinpei se acomodó en su cama para comenzar la conversación más seria que tendrían en aquellas vacaciones:
- Bueno, y qué pensabas? -, inquirió.
- Es que… Ah, no puedo creer que ustedes hablaran de eso tan tranquilamente! Es decir, eso debería ser algo íntimo de cada uno, no crees? -, repentinamente, Akihide se sinceró con Shinpei, quien lo miraba asombrado ante lo que estaba escuchando. –De verdad ya habías hablado con Daigo acerca de eso?
- Sí, seguro! -, respondió Shinpei, como si fuera lo más natural del mundo. – Claro que la primera vez él estaba igual que tú ahora, nervioso y toda la cosa… Pero luego fue tornándose en un tema más entre los tantos que tocamos en nuestras salidas o viajes.
La expresión de Akihide cambió repentinamente, de estar intrigado por esas conversaciones, pasó a estar impactado por la naturalidad con la que se lo tomaban sus dos compañeros. Es decir, estaban hablando de excitarse con otro hombre!
- Está bien, Akihide. No hay problema -, volvió a hablar Shinpei, sacando a su amigo de sus propios pensamientos. – De verdad es algo momentáneo, de seguro te habrá pasado mil veces! -, rió. Pero ante la seriedad de la cara de Akihide, decidió continuar hablando: - Hay algo que quieras decirme o preguntarme o lo que sea? Soy todo oídos -, terminó, con una sonrisa amable.
Akihide respiró profundo, se acomodó en el colchón, y comenzó a hablar.

Desde la otra habitación, Daigo escuchó unos cuchicheos y decidió levantarse a ver qué sucedía. Si bien se había dormido casi al instante de haberse acostado, aún tenía el sueño liviano y se despertó con los ruidos de la charla que provenía del otro cuarto. Se levantó de la cama, tomó su bata de abrigo y se calzó las pantuflas para salir a ver qué sucedía.
Como su habitación estaba en el medio, decidió girar hacia la derecha para ver si el ruido provenía de la habitación de Akihide. Al golpear y no recibir respuesta, empujó suavemente la puerta para espiar adentro; al ver las luces apagadas y nadie dentro, se dirigió hacia la habitación de Shinpei. Si bien tenía un gran oído musical, en el estado de somnolencia en el que se encontraba no era muy capaz de distinguir de dónde provenían los sonidos. Al llegar al cuarto de Shinpei, golpeó la puerta, pero nuevamente no recibió respuesta. Intentó empujarla y, afortunadamente, ésta no estaba trabada y pudo entrar.
- Chicos, qué…?! -, exclamó ante la escena que se encontraba frente a él.
Rápidamente, sus dos guitarristas dejaron de hacer lo que estaban haciendo para prestarle atención a quien acababa de entrar. Daigo no daba crédito a sus ojos, estaría aun soñando? Cómo podía ser que después de lo que había pasado en la chimenea estuvieran haciendo eso?
- Daigo, podemos explicarlo! -, atinó a decir Akihide acomodándose la camisa de su pijama.
- Bueno, creo que no hay mucho para explicar, Aki. Como que ya vio todo… -, dijo Shinpei resignado.
Daigo seguía parado bajo el marco de la puerta, paralizado todavía por lo que había visto. Luego de algunos segundos, finalmente reaccionó y atinó a hacer una sola pregunta:
- A ver... Sí, Shinpi, tienes razón, vi todo. Sí, Aki, quiero que me lo expliquen. Pero primero… Quién pincha a quién? O lo hacen ambos?
Esta vez fueron los dos guitarristas los que se quedaron congelados ante la pregunta. Realmente estaba preguntándoles eso? Que acaso no era obvio?
- Podemos… podemos hablarlo tranquilamente por la mañana? -, rogó Akihide, terminando de acomodarse la ropa, con la cara pintada con una intenso rubor rosado.
- No sabía que también te gustaba hacer esto, Aki… -, dijo Daigo, mientras se acercaba a la cama donde estaban, aun sentados, sus dos amigos. – Está bien que te dejas besar por mí para los conciertos, pero Shinpei…?!
- Oye! -, se quejó Shinpei.
- Vamos, sabes que no es nada contra ti, Shinpi -, respondió Daigo sonriendo. – Sólo digo que no sabía que Akihide estaba… bueno, interesado en este tipo de juegos…
- Me puedo ir? -, volvió a pedir Akihide, cada vez más colorado.
- Qué? Acaso tu cama es más grande? -, preguntó Daigo, girando la cabeza para mirarlo a la cara. -Pensé que había conseguido que las tres fueran del mismo tamaño… -, terminó, con expresión pensativa, antes de alegrar su cara: - Ya sé! Esperen aquí un segundo, vale? Nooo see muevan!
Daigo salió corriendo de la habitación, dejando a Shinpei y Akihide petrificados de la sorpresa. Desde la habitación de al lado, se escucharon ruidos de cosas cayéndose o siendo golpeadas, antes de que Daigo volviese a aparecer en el cuarto de Shinpei, sosteniendo su colchón con las dos manos, intentando que no se le cayera:
- Shinpi! Tira tu colchón al piso y hagamos una super cama! -, propuso entusiasmado. Pero al ver que ninguno de los dos se movía, dejó caer su colchón contra el piso para poder acercarse al dueño de aquella pieza: - No me digas que ahora no quieres hacer nada, cierto? Después de todo, hace un tiempo que ya no me pinchas… -, terminó con una sonrisa pícara.
Shinpei no salía de su asombro: realmente Daigo había dicho lo que había escuchado? Estaba hablando abiertamente de aquellas noches de borrachera y aburrimiento donde se tocaban? Mientras todas esas preguntas recorrían su cabeza, sintió el suave toque de Daigo en su entrepierna, lo que lo sobresaltó y lo sacó de sus pensamientos, ante la sorprendida mirada de Akihide.
- Daigo, qué…? -, atinó a decir Akihide.
- No te preocupes Aki, para ti también hay -, respondió Daigo con voz seductora mientras se le acercaba. – Bueno, eso si tú quieres… -, dijo, antes de darle un beso rápido para evaluar su reacción, pero sin dejar de toquetear a Shinpei.
- Basta, Daigo! Así no se puede! -, estalló Shinpei, empujándolo hacia el colchón que estaba en el piso y abalanzándose sobre él. – Ésta es la manera de hacer las cosas!
Una vez que pudo acomodarse arriba de Daigo, quien quedó aprisionado en una jaula armada por los brazos y piernas de Shinpei, éste comenzó a besarlo por todas partes, ante la atenta y sorprendida mirada de Akihide desde arriba de la cama. No podía creer lo que estaba viendo, su cabeza no entendía cómo sus dos amigos estaban allí en el piso haciendo esas cosas, aunque parecía que su parte baja lo entendía, porque comenzó a ponerse dura en cuanto los otros comenzaron a tocarse.
- Aki… -, lo llamó Daigo. – Ven, no te quedes ahí mirando… -, dijo entre jadeos, mientras Shinpei besaba su pecho ya desnudo y comenzaba a quitarle los pantalones.
- Pero… Y qué hago? -, preguntó Akihide, todavía desde la distancia.
- Sólo déjate llevar -, respondió Daigo, que era el único que podía hablar. -, Acércate y déjamelo a mí…
Despacio, Akihide se fue acercando a Daigo, quien no podía respirar normalmente y jadeaba continuamente, y a Shinpei, que no quitaba su cabeza de la cintura de Daigo, a la que había llegado luego de lamerle todo el pecho. Sintiendo cada vez más presión en su pantalón, Akihide comenzó a pensar que quizás, después de todo, no fuera tan mala idea hacer aquello. Al final, si no le gustaba lo que hacían, se iría a su habitación y se olvidaría de toda la situación.
- Ven… -, dijo Daigo, estirando sus brazos hasta tomar la cara de Akihide entre sus manos para besarlo nuevamente.
Aquella vez fue un beso pasional y sentido: no como el anterior que había sido apenas un roce, ni como los que se daban durante los recitales que eran “de mentiritas”, como les llamaban ellos. El movimiento de los labios de Daigo y su lengua introduciéndose en su boca le dieron a entender a Akihide que aquello iba totalmente en serio, y finalmente comenzó a responder a los estímulos. Al igual que en la película de El Hombre Araña, Daigo estaba con la cabeza dada vuelta con respecto a él, por lo que fue un tipo de beso que no había experimentado nunca, mucho menos con él.
Dejando escapar algún suave gemido cada tanto, Daigo comenzó a masajear a Akihide, quien había logrado colocarse completamente detrás de la cabeza de Daigo, por lo que su cintura y la mano de su compañero pudieron encontrarse fácilmente. Cuando Akihide ya tenía los pantalones a medio bajar y la camisa nuevamente abierta, se escuchó la voz de Shinpei:
- Lo siento, pero no puedo seguir con esto… -, dijo repentinamente, levantando su cabeza. – Ya sabes lo que tienes que hacer -, terminó, mirando a Daigo a los ojos con expresión firme.
- Claro… Perdóname Aki, podrías correrte un momento? -, preguntó Daigo con una sonrisa.
Akihide, sorprendido de que sus dos amigos supieran exactamente lo que debían hacer, se movió hacia atrás unos pasos mientras Daigo se daba vuelta y Shinpei se incorporaba sobre sus rodillas. Realmente parecía la escena de una película para adultos, pero debía admitir que lo estaba disfrutando. Daigo había quedado apoyado sobre sus rodillas y sus codos, con la espalda arqueada y su cintura apuntando hacia arriba; Shinpei estaba con la espalda erguida, también apoyado sobre sus rodillas y con su cintura apuntando hacia Daigo, mientras metía su mano por un lugar que Akihide no había visto nunca.
- Nunca habías visto algo así, cierto? -, bromeó Shinpei, sin dejar de masajear a Daigo. Claro que ninguno de ellos se esperaba que algo así pudiese suceder, por lo que no tenían lubricante y Shinpei realmente debía preparar la zona para que Daigo no sufriese ningún dolor innecesario.
- Qué estás haciendo? -, preguntó Akihide intrigado.
La risa de Daigo desde el colchón fue la respuesta recibida, seguida de una explicación acerca de que era necesario lubricar la zona para poder entrar sin hacer daño. Al escuchar esto, Akihide se levantó y salió de la habitación.
- Crees que lo hayamos asustado? -, pregunto Shinpei apenado, agachando su cabeza para mirar a Daigo.
- No lo sé… Parecía bastante entusiasmado hasta hace un momento… -, reflexionó Daigo, antes de ver a Akihide regresar a la habitación con un pequeño frasco en su mano. – Qué es eso?
- Bueno, no sé si será lo mismo… -, comenzó a decir Akihide, algo dubitativo. – Pero es mi botella de crema para las manos, no sé si servirá… -, Ante la enorme sorpresa de sus dos amigos, volvió a hablar para intentar aclarar las cosas: - Es que si yo también voy a participar, no quiero que me duela ni nada parecido!
Daigo y Shinpei se miraron antes de volver los ojos hacia su amigo, que les había causado una gran ternura con su inocencia.
- Sirve, Aki, muchas gracias -, dijo Daigo, tomando la cara de Akihide entre sus manos para poder volver a besarlo despacio y comenzar a tocarlo nuevamente.
Shinpei tomó el frasco de Akihide y comenzó a encremar  la zona de entrada de Daigo, mientras éste lamía el miembro de su otro guitarrista, luego de terminar de quitarle sus pantalones, haciendo que finalmente los tres quedaran completamente desnudos.
Todo sucedió en un borrón para los tres: Shinpei tenía agarrado a Daigo por la cintura mientras masajeaba su parte trasera con la mano y lo lamía de vez en cuando; a su vez, Daigo tenía la cabeza enterrada entre las piernas de Akihide mientras paseaba los labios por su miembro, y éste último estaba sentado con la espalda apoyada contra un mueble sintiendo la suave y rápida lengua de Daigo rondar por toda su zona íntima.
- Estás… listo? -, preguntó Shinpei, levantando la mirada y viendo a Daigo de reojo. – Perdóname pero no puedo contenerme más.
- Nnh… Sí, Shin… Hazlo -, respondió Daigo mientras no se apartaba de Akihide. – Disculpa, Aki. Podrías moverte un momento? No quiero golpearte ni morderte sin darme cuenta…
Akihide lo miró extrañado, pero sonrió y se levantó del colchón ante la sorprendida mirada de sus compañeros.
- Qué? Acaso pensaban que me quedaría mirando? -, preguntó irónicamente mientras caminaba hacia donde se encontraba Shinpei, a punto de entrar en Daigo. – No me quedaré de brazos cruzados mientras ustedes la pasan bien… -, terminó, ya ubicado detrás de Shinpei, tomando su cabeza para besarlo.
Finalmente, los tres sucumbieron a la pasión y dieron rienda suelta a sus más íntimas y extrañas fantasías. Después de todo, especialmente Akihide, nunca habían pensado que hacer un trio entre hombres podría ser tan placentero y divertido. Mientras Shinpei penetraba a Daigo con fuerza, éste enterraba la cabeza en el colchón para no gritar demasiado, y Akihide besaba todo el torneado cuerpo de Shinpei al ritmo de sus embestidas.
Cada vez más rápido y más fuerte, Shinpei entraba en Daigo, hasta que, casi sin darse cuenta, descargó dentro de él antes de caer rendido en el colchón.
- Dios… De verdad… hacía mucho que no… te pinchaba -, dijo Shinpei, intentando recuperar el aliento.
- Parece que no era el único que lo necesitaba… -, bromeó Daigo, dándose vuelta y acostándose sobre tu espalda,  dejando al descubierto su propio miembro erguido, dado que todavía no había descargado lo suyo.
- Oigan… -, interrumpió Akihide, captando la atención de sus amigos. – Daigo, lo que te hacían parecía realmente divertido… -, dijo avergonzado.
- Oh, Aki! Quedaste celoso? -, pregunto Daigo en tono burlón. – También quieres que te pinchen? -, terminó, plantando un suave beso en los labios de Akihide mientras volvía a masajear su miembro.
- Oy… Ah! -, respondió Akihide con un respingo. – Sí que sabes lo que hay que hacer, eh Daigo…?
- No digas más -, lo calló Daigo, mientras lo arrinconaba contra la pared de la habitación. – Shinpi, patea tu maleta hacia aquí, quieres?
Shinpei, todavía exhausto por la acción, se incorporó levemente para darle un empujón a su valija vacía. Aprovechando que se había levantado, se estiró para alcanzar el colchón de su cama y colocarlo junto a él. Luego de acomodarlo, volvió a recostarse, recuperando el aire.
- Súbete aquí, vale? Eres muy chiquito para mí -, dijo Daigo entre risas, haciéndole señas a Akihide para que se parara encima de la maleta.
- Oye! -, protestó Akihide, pero fue rápidamente callado por un pasional beso de Daigo. – Qué ha…Ah! -, exclamó, al sentir que Daigo no solamente lo besaba sino que comenzaba a tocarle el trasero con la mano llena de crema.
- Ya te dije, Aki. Relájate y déjate llevar -, le respondió Daigo, poniéndole uno de sus dedos limpios sobre la boca.
Realmente Daigo sabía lo que debía hacer, por lo que Akihide comenzó a estremecerse ante los toques de su amigo. Casi sin darse cuenta, él también comenzó  masajear el miembro de Daigo con una mano, mientras con la otra se agarraba de su espalda y le mordía el hombro.
- Bien… Si en algún momento no puedes más, avísame, vale? -, dijo Daigo luego de algún rato de juego previo. – No quiero que la pases mal…
- No digas más -, esta vez fue Akihide quien apoyó un dedo sobre la boca de Daigo. – Voy a pasarla bien, lo presiento -, terminó, sin dejar de toquetearlo.
Al ver la firme decisión de Akihide, Daigo tomó una de sus piernas y la levantó en el aire para poder dejar el orificio de entrada en una posición cómoda.
- Aquí va… -, dijo mientras comenzaba a introducirse lentamente.
Fue la sensación más extraña que había tenido, pero aun así, Akihide la estaba disfrutando completamente. Sabía que toda la extrañeza del principio valdría la pena por lo que vendría después, “si no, no sería tan divertido como lo he visto”, pensó.
Una vez que Daigo estuvo completamente adentro, le avisó que comenzaría a moverse despacio para que se acostumbrara.
- Estás bien… Aki? -, le preguntó, algo agitado.
- Per-- perfecto -, respondió Akihide jadeando. –Oye, qué…?! -, exclamó, al sentir la piel de Shinpei apoyándose en la espalda de Daigo, de la cual él estaba agarrado.
- Tú lo dijiste antes cuando yo estuve con Daigo, no podía quedarme ahí mirando, cierto? -, respondió Shinpei tranquilamente.
Al sentir los besos de Shinpei y los rasguñones de Akihide en su espalda, Daigo realmente se desbocó y comenzó a embestir a un Akihide que no podía creer de lo que se había perdido todos esos años. Por un momento, dejó de tocar a Daigo para pasar su mano por el cabello de Shinpei, que estaba a la misma altura que la cabeza de quien lo estaba penetrando. Cuando quiso darse cuenta, la mano de Shinpei ya se encontraba masajeándole el miembro, atrapado entre su pecho y el de Daigo.
- Realmente… Te entusiasmaste… Eh, Aki? -, preguntó irónicamente Shinpei.
- Cállate -, le respondió Akihide, al tiempo que tomaba su cabeza y lo besaba por encima del hombro de Daigo, que seguía moviéndose sin parar.
- A-Aki… -, comenzó a decir Daigo entre jadeos. – No pue-- no puedo… más!
- No me im-importa! Sigue, sigue! -, gritó Akihide, totalmente fuera de sí. –Yo tam… Shinpi! -, exclamó, al sentir que se venía gracias a los toques del guitarrista.
Luego de un par de estocadas más, Akihide sintió cómo todo el cuerpo de Daigo se relajaba y se retiraba. Él también se fue soltando y terminó apoyado contra la pared, todavía temblando de la emoción y la excitación.
- Aah… Al final, traje mi colchón para que todos estuviésemos cómodos y terminamos haciéndolo contra la pared -, se lamentó Daigo, tirándose de espaldas contra los colchones que seguían tirados en el suelo, dejando al descubierto una gran mancha blanca sobre su panza.
- Oye… Lamento eso… -, se disculpó Akihide, señalando el pecho de Daigo.
- Qué…? -, preguntó Daigo, antes de mirar hacia dónde Akihide le señalaba. – Ah no, no te preocupes! Apenas me había dado cuenta -, dijo con una sonrisa tranquilizadora.
- Y yo lamento haberme metido… -, agregó Shinpei, sintiendo que estaban en el momento de disculpas-post-acto. – Es que de verdad no podía quedarme acostado ahí mientras ustedes se divertían…
- Vaaamos! Ya corten con eso! -, Daigo parecía molesto pero divertido a la vez. – Pero ya que estamos, lamento haber hundido la tapa de tu valija para mi diversión, Shinpii…
- Qué hiciste qué cosa?! -, exclamó Shinpei, levantándose del colchón y yendo hacia su maleta. – Esto me las pagarás, Daigo! -, terminó riendo, levantando el bolso y amenazando a su amigo con tirársela si no se la reparaba.

Entre risas y burlas sobre lo que acababan de hacer, luego de ir al baño por turnos y lavarse, se fueron durmiendo uno por uno, todavía desnudos, en aquella cama tamaño doble, improvisada en la habitación de Shinpei de aquella casa a la que le quedaba perfectamente el nombre de Escondite.

No hay comentarios:

Publicar un comentario