14 de octubre de 2014

Biografía

Prólogo
Recostado en aquel callejón oscuro mirando al cielo, creyó que realmente iba a morir. Había perdido toda voluntad de vida, de salir adelante y buscar un futuro mejor. De verdad pensaba que allí acabaría su pobre existencia luego de una fuerte pelea con los guardaespaldas de cierto sujeto que las personas con las que él solía juntarse y hacerle “favores” habían mandado a seguir. Sin pensar siquiera que, minutos después, podría aparecer una mano amable que lo ayudase a ponerse sobre sus propios pies, Sagara Rei comenzó a reflexionar sobre su vida hasta aquel momento…

Pasado
Nacido en cuna pobre y sin tener idea de quién era su padre, Rei se crió prácticamente solo, ya que su madre debía trabajar gran parte del día para poder mantenerlos. Siempre se había preguntado sobre las familias de los compañeros de su escuela, sobre todo en la primaria, cuando todavía no comprendía demasiado bien de qué iba la vida. Una vez que hubo entrado a la secundaria, ya entendía perfectamente que debía prepararse su comida con lo que consiguiera o aprovechar cuando alguien quisiera convidarle una galletita o un caramelo; entendía perfectamente que debía llegar a su casa y ordenar todo para que su madre no lo regañara al volver; entendía que si quería salir adelante, debía juntarse con las personas adecuadas. Claro que a los ojos de un niño, cualquiera que le diera lo que necesitara era “el adecuado”.

A los doce años, cuando comenzó la secundaria baja, comenzó a darse cuenta de que “los adecuados” eran los bravucones de la escuela, aquellos que tenían todo lo que querían a fuerza de utilizar la violencia para conseguirlo. Rei ansiaba tener todo eso: ansiaba tener zapatillas nuevas, ansiaba tener lapiceras que funcionaran, ansiaba ser fuerte como aquellos chicos para poder defenderse cuando le fuera necesario. Paulatinamente, comenzó a acercarse a aquella peligrosa pandilla que aterrorizaba a los estudiantes de su edad e incluso a algunos más grandes. Al ver en él un potencial miembro a quien podían manejar fácilmente, la banda lo integró rápidamente, pidiéndole que hiciera las tareas más desagradables que nadie quería realizar.
De alguna manera, Rei lograba conseguir buenas notas aún sin necesidad de estudiar demasiado. Y luego, esas respuestas se las daba a la banda para que comerciara con ellas dentro del colegio y así conseguirse algo de dinero de bolsillo para andar. Luego de algunos meses, la pandilla notó que no solamente aquel chico tenía potencial para los negocios sino también aptitudes físicas, por lo que comenzaron a enviarlo a las peleas con las bandas enfrentadas con ellos. Claro que, siendo el colegio secundario, eran peleas por nimiedades como los espacios para el almuerzo o quién tenía derecho a darles algo a las chicas en el día de San Valentín. Por más ínfimas que fueran las luchas, Rei absorbía todo lo que iba aprendiendo: “después de todo, algún día quizás yo esté en su lugar y deba manejar a otro debilucho con potencial”, pensaba cuando le tocaba realizar alguna tarea que le disgustaba.

Habiendo cumplido los quince años, Rei ingresó a la secundaria alta con muchos de los que habían sido sus compañeros de pandilla en la escuela anterior, por lo que nuevamente se agruparon para tomar control de aquel lugar, “disciplinando” a quienes se atrevían a contradecirlos o a ponerse en su camino. Claro que al crecer, también crecieron las “tareas” que debían realizar: con toda la energía que tiene dentro un adolescente, se creían que por tener a toda la escuela a sus pies, podrían apoderarse del mundo extraescolar también y comenzaron a robar o a pelear con pandillas barriales por el territorio.
Por supuesto, al comienzo terminaban todos arruinados y golpeados tirados en el suelo, con sus agresores amenazándolos con que si volvían a meterse con ellos, se las verían peor. Pero a medida que iba pasando el tiempo, se volvieron más fuertes; Rei fue ascendiendo posiciones conforme aprendía a defenderse mejor y a tratar con gente indeseable para quitárselos de encima de manera efectiva y útil para la banda.
Durante el último año de escolaridad, Rei asistió, como el resto de sus compañeros, a las charlas orientativas para decidir qué camino tomar en cuanto a sus estudios universitarios. Sus profesores le insistían en que tenía un gran potencial intelectual y que debía asistir a la universidad, fuera como fuera. Rei intentaba explicarles que no haría nada de eso, ya que él ya tenía una manera de conseguir dinero para sobrevivir y, además, no tenía manera alguna de reunir el dinero suficiente para pagarse una carrera.

Terminada la escuela, Rei fue lanzado al mundo adulto sin una meta fija ni un trabajo estable que le diera dinero mensualmente. Habiendo logrado una gran fama en el bajomundo por sus dotes marciales, comenzó a realizar nuevamente “tareas” para la pandilla que más le conviniese en cada momento. Fue en medio de una de esas tareas, en la que debía entregar un bolso con dinero a unos traficantes a cambio de una gran cantidad de droga para distribuir en los clubes nocturnos, cuando recibió una llamada urgente del hospital: su madre había sido ingresada y lo tenía a él como contacto de emergencia. A pesar de no haber estado en contacto con ella durante los pasados meses, Rei todavía sentía algo de afecto por su madre y salió corriendo hacia el hospital luego de entregar la droga a sus jefes.
Rei conocía muy bien el hospital público, ya que había estado allí en repetidas ocasiones luego de peleas especialmente crudas que lo habían dejado terriblemente golpeado o con algún hueso roto. En cuanto llegó, se dirigió a la recepción a preguntar por su madre y lo enviaron a hablar con el médico que la había atendido. Una vez que hubo encontrado la oficina de aquel doctor, golpeó la puerta y entró, presentándose como quien era y explicando las circunstancias que lo habían llevado allí. Con expresión afligida, el médico le comunicó que su madre había sido víctima de un accidente de tránsito y había fallecido media hora antes. Ante la sorpresa del profesional, Rei lo único que preguntó fue si debía ir a reconocerla a alguna parte o si había algún papeleo por realizar. El médico lo llevó hasta la morgue del hospital en el segundo subsuelo y se retiró, dejándolo a solas con el cuerpo de aquella mujer muerta por un conductor ebrio.
En una blanca camilla de limpias sábanas, yacía su madre, con expresión vacía y piel pálida. Aunque no se habían hablado casi durante los pasados meses, Rei sintió como si un gran agujero negro se abriera en medio de su pecho, listo para tragárselo y llevárselo hacia la más profunda oscuridad. Por alguna razón, las lágrimas comenzaron a brotar involuntariamente de los ojos de Rei, humedeciendo su cara y nublando su mirada. Después de todo, aunque no hubieran sido cercanos, había sido la persona que jamás lo había abandonado, que lo había criado lo mejor que le había salido… Y ahora, él no tenía dinero ni siquiera para darle un entierro apropiado ni un funeral para despedirla. Sorprendiéndose de sus propios sentimientos, Rei estrelló su cabeza contra aquella camilla que sostenía a su madre como si fuera de piedra, mientras se rendía ante el llanto que pedía a gritos ser liberado.

Presente
Luego de la muerte de su madre, Rei había vuelto a sus “tareas” con la pandilla. Cada vez más lanzado, sus jefes temían por su vida y le decían que no era necesario que se arriesgara tanto, que podían enviar a alguien más en su lugar. “Necesito el dinero, díganme qué tengo que hacer,” era su frase de cabecera. Ante tal determinación y firmeza, los altos mandos de la banda no tenían más opción que asignarle las tareas que sabían que podría cumplir a la perfección.
“Mira, esta persona dice que tiene un gran cargamento de armas escondido en un contenedor, pero nosotros no le creemos,” le habían dicho sus superiores, “necesitamos que averigües lo más que puedas acerca de este sujeto, para luego poder evaluar si hacemos negocios con él o no.” Rei creyó que le estaban dando una tarea demasiado sencilla para lo que normalmente hacía, pero aceptó de todos modos porque la cantidad de dinero que le pagarían era llamativa.
Aquel tipo tenía una vida agitada, pero a Rei le resultó muy sencillo seguirlo a donde quiera que fuera: al gimnasio, al centro comercial, a la escuela de sus hijos. Hasta la tarde, cuando Rei se distrajo un momento para llamar a sus superiores y darle el reporte, el hombre no había hecho nada sospechoso ni que lo vinculara con el tráfico de armas o la policía. Mientras hablaba por celular, un hombre de gran porte se le había ido acercando desde atrás, de forma que era imposible que Rei lo notara. Una vez que hubo cortado la llamada, Rei sintió un fuerte golpe en la parte baja de su espalda que lo hizo caer de rodillas al suelo. “Aléjate, o la próxima será peor,” le había dicho aquel sujeto antes de retirarse. Rei, acostumbrado a las amenazas y los aprietes, recuperó el aire mientras veía al hombre alejarse y se incorporó, dispuesto a continuar con su “tarea”.
Por la noche, cuando el hombre había ido a cenar con su familia a un restaurant en el centro, Rei volvió a ver a aquel gran hombre acercándosele despacio con expresión poco amistosa. Comenzó a alejarse caminando hacia atrás, mientras el sujeto aceleraba su paso gritándole “te dije que te alejaras o que sería peor!” Antes de darse vuelta para comenzar a correr, Rei alcanzó a ver a otros dos hombres con aspecto de guardaespaldas sumarse a la marcha de aquel que lo había golpeado más temprano. Luego de escapar durante algunas cuadras, Rei terminó en un callejón sin salida luego de haber calculado mal las calles y girado en el lugar equivocado. Preparado para pelear, Rei se puso en posición mientras los tres hombres se le acercaban lentamente, haciendo tronar sus dedos.
La pelea fue sucia, desigual y más violenta que la mayoría de las que Rei estaba acostumbrado a tener. Si bien logró defenderse durante algunos minutos, terminó acostado de espaldas en el frío suelo, con los tres hombres mirándolo desde arriba con la mirada burlona y sonrisas de desprecio. “Ahora entiendes, niñato? A-lé-ja-te” le habían dicho, dándole una patada final antes de alejarse riendo.
“Por qué lleva a sus guardaespaldas a una cena familiar?” se preguntó Rei, “Espera, acaso no es Navidad hoy?” reflexionó mientras una alegre melodía sonaba en la calle en la que desembocaba aquel oscuro y desierto callejón. Todos los recuerdos de navidades pasadas volvieron a él, con un sentimiento de lejanía que lo absorbía completamente, al igual que aquel agujero negro que se había abierto en su alma el día de la muerte de su madre. Decidió dejarse llevar por aquella oscuridad, sintió que no podría recuperarse nunca más de aquella pelea y que no valía la pena ir al hospital a curarse; después de todo, la mañana llegaría y alguien encontraría su cuerpo congelado en aquel callejón desierto, alejado del  mundo y del ruido, donde apenas los ecos de las canciones navideñas lograban colarse por entre los muros.

Futuro
Allí acostado, con el agua cayendo de los desagües vecinos mezclándose con las lágrimas y la sangre en su golpeada cara, Rei pensó que así debía sentirse morir. Cerro los ojos y fue desvaneciendo lentamente todos sus sentidos: la vista la tenía bloqueada por sus párpados cerrados, pero aun así podía sentir los pequeños lagos que se le formaban antes de que las lágrimas cayeran por el rabillo del ojo; la falta de abrigo hizo que paulatinamente fuera perdiendo sensibilidad en los dedos y cualquier parte que estuviera en contacto con el exterior; sus oídos fueron dejando de oír aquellas alegres melodías navideñas para dar paso a un débil eco de sus pensamientos dentro de su cabeza; dejó de sentir los olores propios del suelo de un callejón, como basura y desperdicios animales; finalmente, su boca dejó de sentir el fuerte sabor a hierro de su sangre para sentir el gusto del frío, Rei jamás pensó que el frio podía tener un sabor propio, pero así era.
Antes de desvanecerse por completo, Rei sintió que había una presencia en aquel callejón y abrió lentamente los ojos para ver de quién o de qué se trataba.
“Ah, estás vivo! Gracias a Dios,” escuchó que aquella persona le decía al verlo abrir los ojos, “estás herido? Te llevaré a un hospital”. La figura de aspecto extranjero y pelo color oro que le hablaba parecía no tener una sola nota de maldad en su voz. La experiencia le había enseñado a desconfiar de la amabilidad de las personas, por lo que rechazó el ofrecimiento de ayuda. El hombre insistió en llevarlo  aún hospital, pero al ver que Rei no pensaba ceder, le dejó su abrigo con algo de dinero y un boleto a una obra de teatro.

Epílogo
Rei no sabía exactamente qué pensar acerca de aquella persona que había sido tan amable con él sin esperar nada a cambio, pero decidió que aquella oportunidad era un guiño de la vida diciéndole que no debía abandonar aún, que tenía cosas por hacer y que no podía morir en ese momento. Tomó el abrigo de aquel sujeto, se lo puso y se encaminó hacia el teatro indicado en el boleto. Le devolvería su abrigo y cada centavo que había en esa billetera. Decidió que, si viviría, lo haría de la manera correcta.

13 de octubre de 2014

Encondite II

Shinpei se había desvelado mirando videos musicales en su Tablet, cuando escuchó la suave voz de Akihide preguntándole si estaba despierto y podía pasar. Al recibir una respuesta afirmativa, Akihide entró a la habitación y se sentó al lado de Shinpei, quien estaba recostado sobre el respaldo de su cama.
- Bueno, me alegro de que no me tengas miedo luego de lo que pasó hace un rato -, bromeó Shinpei, cuando vio que Akihide no atinaba a sentarse lejos de él ni nada parecido.
- Claro que no, tonto. Además, por qué iba a tener miedo, a lo sumo tendría asco -, respondió su amigo, también en tono de broma.
- No puedes dormir, ah? Pensé que te ibas a encerrar en tu habitación y poner música pacífica para relajarte y dormir tranquilamente… -, comenzó Shinpei. – Quieres comer algo? Tengo galletitas en mi mochila.
- No, no, gracias -, respondió Akihide. – En realidad venía a hablar contigo… Me quedé pensando en lo de hace rato, sabes?, y que creo eso es lo que no me dejó dormir.
Tomando el paquete de galletitas y una lata de jugo frutal de su mochila, Shinpei se acomodó en su cama para comenzar la conversación más seria que tendrían en aquellas vacaciones:
- Bueno, y qué pensabas? -, inquirió.
- Es que… Ah, no puedo creer que ustedes hablaran de eso tan tranquilamente! Es decir, eso debería ser algo íntimo de cada uno, no crees? -, repentinamente, Akihide se sinceró con Shinpei, quien lo miraba asombrado ante lo que estaba escuchando. –De verdad ya habías hablado con Daigo acerca de eso?
- Sí, seguro! -, respondió Shinpei, como si fuera lo más natural del mundo. – Claro que la primera vez él estaba igual que tú ahora, nervioso y toda la cosa… Pero luego fue tornándose en un tema más entre los tantos que tocamos en nuestras salidas o viajes.
La expresión de Akihide cambió repentinamente, de estar intrigado por esas conversaciones, pasó a estar impactado por la naturalidad con la que se lo tomaban sus dos compañeros. Es decir, estaban hablando de excitarse con otro hombre!
- Está bien, Akihide. No hay problema -, volvió a hablar Shinpei, sacando a su amigo de sus propios pensamientos. – De verdad es algo momentáneo, de seguro te habrá pasado mil veces! -, rió. Pero ante la seriedad de la cara de Akihide, decidió continuar hablando: - Hay algo que quieras decirme o preguntarme o lo que sea? Soy todo oídos -, terminó, con una sonrisa amable.
Akihide respiró profundo, se acomodó en el colchón, y comenzó a hablar.

Desde la otra habitación, Daigo escuchó unos cuchicheos y decidió levantarse a ver qué sucedía. Si bien se había dormido casi al instante de haberse acostado, aún tenía el sueño liviano y se despertó con los ruidos de la charla que provenía del otro cuarto. Se levantó de la cama, tomó su bata de abrigo y se calzó las pantuflas para salir a ver qué sucedía.
Como su habitación estaba en el medio, decidió girar hacia la derecha para ver si el ruido provenía de la habitación de Akihide. Al golpear y no recibir respuesta, empujó suavemente la puerta para espiar adentro; al ver las luces apagadas y nadie dentro, se dirigió hacia la habitación de Shinpei. Si bien tenía un gran oído musical, en el estado de somnolencia en el que se encontraba no era muy capaz de distinguir de dónde provenían los sonidos. Al llegar al cuarto de Shinpei, golpeó la puerta, pero nuevamente no recibió respuesta. Intentó empujarla y, afortunadamente, ésta no estaba trabada y pudo entrar.
- Chicos, qué…?! -, exclamó ante la escena que se encontraba frente a él.
Rápidamente, sus dos guitarristas dejaron de hacer lo que estaban haciendo para prestarle atención a quien acababa de entrar. Daigo no daba crédito a sus ojos, estaría aun soñando? Cómo podía ser que después de lo que había pasado en la chimenea estuvieran haciendo eso?
- Daigo, podemos explicarlo! -, atinó a decir Akihide acomodándose la camisa de su pijama.
- Bueno, creo que no hay mucho para explicar, Aki. Como que ya vio todo… -, dijo Shinpei resignado.
Daigo seguía parado bajo el marco de la puerta, paralizado todavía por lo que había visto. Luego de algunos segundos, finalmente reaccionó y atinó a hacer una sola pregunta:
- A ver... Sí, Shinpi, tienes razón, vi todo. Sí, Aki, quiero que me lo expliquen. Pero primero… Quién pincha a quién? O lo hacen ambos?
Esta vez fueron los dos guitarristas los que se quedaron congelados ante la pregunta. Realmente estaba preguntándoles eso? Que acaso no era obvio?
- Podemos… podemos hablarlo tranquilamente por la mañana? -, rogó Akihide, terminando de acomodarse la ropa, con la cara pintada con una intenso rubor rosado.
- No sabía que también te gustaba hacer esto, Aki… -, dijo Daigo, mientras se acercaba a la cama donde estaban, aun sentados, sus dos amigos. – Está bien que te dejas besar por mí para los conciertos, pero Shinpei…?!
- Oye! -, se quejó Shinpei.
- Vamos, sabes que no es nada contra ti, Shinpi -, respondió Daigo sonriendo. – Sólo digo que no sabía que Akihide estaba… bueno, interesado en este tipo de juegos…
- Me puedo ir? -, volvió a pedir Akihide, cada vez más colorado.
- Qué? Acaso tu cama es más grande? -, preguntó Daigo, girando la cabeza para mirarlo a la cara. -Pensé que había conseguido que las tres fueran del mismo tamaño… -, terminó, con expresión pensativa, antes de alegrar su cara: - Ya sé! Esperen aquí un segundo, vale? Nooo see muevan!
Daigo salió corriendo de la habitación, dejando a Shinpei y Akihide petrificados de la sorpresa. Desde la habitación de al lado, se escucharon ruidos de cosas cayéndose o siendo golpeadas, antes de que Daigo volviese a aparecer en el cuarto de Shinpei, sosteniendo su colchón con las dos manos, intentando que no se le cayera:
- Shinpi! Tira tu colchón al piso y hagamos una super cama! -, propuso entusiasmado. Pero al ver que ninguno de los dos se movía, dejó caer su colchón contra el piso para poder acercarse al dueño de aquella pieza: - No me digas que ahora no quieres hacer nada, cierto? Después de todo, hace un tiempo que ya no me pinchas… -, terminó con una sonrisa pícara.
Shinpei no salía de su asombro: realmente Daigo había dicho lo que había escuchado? Estaba hablando abiertamente de aquellas noches de borrachera y aburrimiento donde se tocaban? Mientras todas esas preguntas recorrían su cabeza, sintió el suave toque de Daigo en su entrepierna, lo que lo sobresaltó y lo sacó de sus pensamientos, ante la sorprendida mirada de Akihide.
- Daigo, qué…? -, atinó a decir Akihide.
- No te preocupes Aki, para ti también hay -, respondió Daigo con voz seductora mientras se le acercaba. – Bueno, eso si tú quieres… -, dijo, antes de darle un beso rápido para evaluar su reacción, pero sin dejar de toquetear a Shinpei.
- Basta, Daigo! Así no se puede! -, estalló Shinpei, empujándolo hacia el colchón que estaba en el piso y abalanzándose sobre él. – Ésta es la manera de hacer las cosas!
Una vez que pudo acomodarse arriba de Daigo, quien quedó aprisionado en una jaula armada por los brazos y piernas de Shinpei, éste comenzó a besarlo por todas partes, ante la atenta y sorprendida mirada de Akihide desde arriba de la cama. No podía creer lo que estaba viendo, su cabeza no entendía cómo sus dos amigos estaban allí en el piso haciendo esas cosas, aunque parecía que su parte baja lo entendía, porque comenzó a ponerse dura en cuanto los otros comenzaron a tocarse.
- Aki… -, lo llamó Daigo. – Ven, no te quedes ahí mirando… -, dijo entre jadeos, mientras Shinpei besaba su pecho ya desnudo y comenzaba a quitarle los pantalones.
- Pero… Y qué hago? -, preguntó Akihide, todavía desde la distancia.
- Sólo déjate llevar -, respondió Daigo, que era el único que podía hablar. -, Acércate y déjamelo a mí…
Despacio, Akihide se fue acercando a Daigo, quien no podía respirar normalmente y jadeaba continuamente, y a Shinpei, que no quitaba su cabeza de la cintura de Daigo, a la que había llegado luego de lamerle todo el pecho. Sintiendo cada vez más presión en su pantalón, Akihide comenzó a pensar que quizás, después de todo, no fuera tan mala idea hacer aquello. Al final, si no le gustaba lo que hacían, se iría a su habitación y se olvidaría de toda la situación.
- Ven… -, dijo Daigo, estirando sus brazos hasta tomar la cara de Akihide entre sus manos para besarlo nuevamente.
Aquella vez fue un beso pasional y sentido: no como el anterior que había sido apenas un roce, ni como los que se daban durante los recitales que eran “de mentiritas”, como les llamaban ellos. El movimiento de los labios de Daigo y su lengua introduciéndose en su boca le dieron a entender a Akihide que aquello iba totalmente en serio, y finalmente comenzó a responder a los estímulos. Al igual que en la película de El Hombre Araña, Daigo estaba con la cabeza dada vuelta con respecto a él, por lo que fue un tipo de beso que no había experimentado nunca, mucho menos con él.
Dejando escapar algún suave gemido cada tanto, Daigo comenzó a masajear a Akihide, quien había logrado colocarse completamente detrás de la cabeza de Daigo, por lo que su cintura y la mano de su compañero pudieron encontrarse fácilmente. Cuando Akihide ya tenía los pantalones a medio bajar y la camisa nuevamente abierta, se escuchó la voz de Shinpei:
- Lo siento, pero no puedo seguir con esto… -, dijo repentinamente, levantando su cabeza. – Ya sabes lo que tienes que hacer -, terminó, mirando a Daigo a los ojos con expresión firme.
- Claro… Perdóname Aki, podrías correrte un momento? -, preguntó Daigo con una sonrisa.
Akihide, sorprendido de que sus dos amigos supieran exactamente lo que debían hacer, se movió hacia atrás unos pasos mientras Daigo se daba vuelta y Shinpei se incorporaba sobre sus rodillas. Realmente parecía la escena de una película para adultos, pero debía admitir que lo estaba disfrutando. Daigo había quedado apoyado sobre sus rodillas y sus codos, con la espalda arqueada y su cintura apuntando hacia arriba; Shinpei estaba con la espalda erguida, también apoyado sobre sus rodillas y con su cintura apuntando hacia Daigo, mientras metía su mano por un lugar que Akihide no había visto nunca.
- Nunca habías visto algo así, cierto? -, bromeó Shinpei, sin dejar de masajear a Daigo. Claro que ninguno de ellos se esperaba que algo así pudiese suceder, por lo que no tenían lubricante y Shinpei realmente debía preparar la zona para que Daigo no sufriese ningún dolor innecesario.
- Qué estás haciendo? -, preguntó Akihide intrigado.
La risa de Daigo desde el colchón fue la respuesta recibida, seguida de una explicación acerca de que era necesario lubricar la zona para poder entrar sin hacer daño. Al escuchar esto, Akihide se levantó y salió de la habitación.
- Crees que lo hayamos asustado? -, pregunto Shinpei apenado, agachando su cabeza para mirar a Daigo.
- No lo sé… Parecía bastante entusiasmado hasta hace un momento… -, reflexionó Daigo, antes de ver a Akihide regresar a la habitación con un pequeño frasco en su mano. – Qué es eso?
- Bueno, no sé si será lo mismo… -, comenzó a decir Akihide, algo dubitativo. – Pero es mi botella de crema para las manos, no sé si servirá… -, Ante la enorme sorpresa de sus dos amigos, volvió a hablar para intentar aclarar las cosas: - Es que si yo también voy a participar, no quiero que me duela ni nada parecido!
Daigo y Shinpei se miraron antes de volver los ojos hacia su amigo, que les había causado una gran ternura con su inocencia.
- Sirve, Aki, muchas gracias -, dijo Daigo, tomando la cara de Akihide entre sus manos para poder volver a besarlo despacio y comenzar a tocarlo nuevamente.
Shinpei tomó el frasco de Akihide y comenzó a encremar  la zona de entrada de Daigo, mientras éste lamía el miembro de su otro guitarrista, luego de terminar de quitarle sus pantalones, haciendo que finalmente los tres quedaran completamente desnudos.
Todo sucedió en un borrón para los tres: Shinpei tenía agarrado a Daigo por la cintura mientras masajeaba su parte trasera con la mano y lo lamía de vez en cuando; a su vez, Daigo tenía la cabeza enterrada entre las piernas de Akihide mientras paseaba los labios por su miembro, y éste último estaba sentado con la espalda apoyada contra un mueble sintiendo la suave y rápida lengua de Daigo rondar por toda su zona íntima.
- Estás… listo? -, preguntó Shinpei, levantando la mirada y viendo a Daigo de reojo. – Perdóname pero no puedo contenerme más.
- Nnh… Sí, Shin… Hazlo -, respondió Daigo mientras no se apartaba de Akihide. – Disculpa, Aki. Podrías moverte un momento? No quiero golpearte ni morderte sin darme cuenta…
Akihide lo miró extrañado, pero sonrió y se levantó del colchón ante la sorprendida mirada de sus compañeros.
- Qué? Acaso pensaban que me quedaría mirando? -, preguntó irónicamente mientras caminaba hacia donde se encontraba Shinpei, a punto de entrar en Daigo. – No me quedaré de brazos cruzados mientras ustedes la pasan bien… -, terminó, ya ubicado detrás de Shinpei, tomando su cabeza para besarlo.
Finalmente, los tres sucumbieron a la pasión y dieron rienda suelta a sus más íntimas y extrañas fantasías. Después de todo, especialmente Akihide, nunca habían pensado que hacer un trio entre hombres podría ser tan placentero y divertido. Mientras Shinpei penetraba a Daigo con fuerza, éste enterraba la cabeza en el colchón para no gritar demasiado, y Akihide besaba todo el torneado cuerpo de Shinpei al ritmo de sus embestidas.
Cada vez más rápido y más fuerte, Shinpei entraba en Daigo, hasta que, casi sin darse cuenta, descargó dentro de él antes de caer rendido en el colchón.
- Dios… De verdad… hacía mucho que no… te pinchaba -, dijo Shinpei, intentando recuperar el aliento.
- Parece que no era el único que lo necesitaba… -, bromeó Daigo, dándose vuelta y acostándose sobre tu espalda,  dejando al descubierto su propio miembro erguido, dado que todavía no había descargado lo suyo.
- Oigan… -, interrumpió Akihide, captando la atención de sus amigos. – Daigo, lo que te hacían parecía realmente divertido… -, dijo avergonzado.
- Oh, Aki! Quedaste celoso? -, pregunto Daigo en tono burlón. – También quieres que te pinchen? -, terminó, plantando un suave beso en los labios de Akihide mientras volvía a masajear su miembro.
- Oy… Ah! -, respondió Akihide con un respingo. – Sí que sabes lo que hay que hacer, eh Daigo…?
- No digas más -, lo calló Daigo, mientras lo arrinconaba contra la pared de la habitación. – Shinpi, patea tu maleta hacia aquí, quieres?
Shinpei, todavía exhausto por la acción, se incorporó levemente para darle un empujón a su valija vacía. Aprovechando que se había levantado, se estiró para alcanzar el colchón de su cama y colocarlo junto a él. Luego de acomodarlo, volvió a recostarse, recuperando el aire.
- Súbete aquí, vale? Eres muy chiquito para mí -, dijo Daigo entre risas, haciéndole señas a Akihide para que se parara encima de la maleta.
- Oye! -, protestó Akihide, pero fue rápidamente callado por un pasional beso de Daigo. – Qué ha…Ah! -, exclamó, al sentir que Daigo no solamente lo besaba sino que comenzaba a tocarle el trasero con la mano llena de crema.
- Ya te dije, Aki. Relájate y déjate llevar -, le respondió Daigo, poniéndole uno de sus dedos limpios sobre la boca.
Realmente Daigo sabía lo que debía hacer, por lo que Akihide comenzó a estremecerse ante los toques de su amigo. Casi sin darse cuenta, él también comenzó  masajear el miembro de Daigo con una mano, mientras con la otra se agarraba de su espalda y le mordía el hombro.
- Bien… Si en algún momento no puedes más, avísame, vale? -, dijo Daigo luego de algún rato de juego previo. – No quiero que la pases mal…
- No digas más -, esta vez fue Akihide quien apoyó un dedo sobre la boca de Daigo. – Voy a pasarla bien, lo presiento -, terminó, sin dejar de toquetearlo.
Al ver la firme decisión de Akihide, Daigo tomó una de sus piernas y la levantó en el aire para poder dejar el orificio de entrada en una posición cómoda.
- Aquí va… -, dijo mientras comenzaba a introducirse lentamente.
Fue la sensación más extraña que había tenido, pero aun así, Akihide la estaba disfrutando completamente. Sabía que toda la extrañeza del principio valdría la pena por lo que vendría después, “si no, no sería tan divertido como lo he visto”, pensó.
Una vez que Daigo estuvo completamente adentro, le avisó que comenzaría a moverse despacio para que se acostumbrara.
- Estás bien… Aki? -, le preguntó, algo agitado.
- Per-- perfecto -, respondió Akihide jadeando. –Oye, qué…?! -, exclamó, al sentir la piel de Shinpei apoyándose en la espalda de Daigo, de la cual él estaba agarrado.
- Tú lo dijiste antes cuando yo estuve con Daigo, no podía quedarme ahí mirando, cierto? -, respondió Shinpei tranquilamente.
Al sentir los besos de Shinpei y los rasguñones de Akihide en su espalda, Daigo realmente se desbocó y comenzó a embestir a un Akihide que no podía creer de lo que se había perdido todos esos años. Por un momento, dejó de tocar a Daigo para pasar su mano por el cabello de Shinpei, que estaba a la misma altura que la cabeza de quien lo estaba penetrando. Cuando quiso darse cuenta, la mano de Shinpei ya se encontraba masajeándole el miembro, atrapado entre su pecho y el de Daigo.
- Realmente… Te entusiasmaste… Eh, Aki? -, preguntó irónicamente Shinpei.
- Cállate -, le respondió Akihide, al tiempo que tomaba su cabeza y lo besaba por encima del hombro de Daigo, que seguía moviéndose sin parar.
- A-Aki… -, comenzó a decir Daigo entre jadeos. – No pue-- no puedo… más!
- No me im-importa! Sigue, sigue! -, gritó Akihide, totalmente fuera de sí. –Yo tam… Shinpi! -, exclamó, al sentir que se venía gracias a los toques del guitarrista.
Luego de un par de estocadas más, Akihide sintió cómo todo el cuerpo de Daigo se relajaba y se retiraba. Él también se fue soltando y terminó apoyado contra la pared, todavía temblando de la emoción y la excitación.
- Aah… Al final, traje mi colchón para que todos estuviésemos cómodos y terminamos haciéndolo contra la pared -, se lamentó Daigo, tirándose de espaldas contra los colchones que seguían tirados en el suelo, dejando al descubierto una gran mancha blanca sobre su panza.
- Oye… Lamento eso… -, se disculpó Akihide, señalando el pecho de Daigo.
- Qué…? -, preguntó Daigo, antes de mirar hacia dónde Akihide le señalaba. – Ah no, no te preocupes! Apenas me había dado cuenta -, dijo con una sonrisa tranquilizadora.
- Y yo lamento haberme metido… -, agregó Shinpei, sintiendo que estaban en el momento de disculpas-post-acto. – Es que de verdad no podía quedarme acostado ahí mientras ustedes se divertían…
- Vaaamos! Ya corten con eso! -, Daigo parecía molesto pero divertido a la vez. – Pero ya que estamos, lamento haber hundido la tapa de tu valija para mi diversión, Shinpii…
- Qué hiciste qué cosa?! -, exclamó Shinpei, levantándose del colchón y yendo hacia su maleta. – Esto me las pagarás, Daigo! -, terminó riendo, levantando el bolso y amenazando a su amigo con tirársela si no se la reparaba.

Entre risas y burlas sobre lo que acababan de hacer, luego de ir al baño por turnos y lavarse, se fueron durmiendo uno por uno, todavía desnudos, en aquella cama tamaño doble, improvisada en la habitación de Shinpei de aquella casa a la que le quedaba perfectamente el nombre de Escondite.

12 de octubre de 2014

Escondite I

- Chicos! Miren, miren lo que me compré! -, exclamó Daigo al entrar a la sala, agitando un papel.
Shinpei y Akihide, sus compañeros en la banda Breakerz, se quedaron mirándolo, extrañados: era un papel bastante grande para ser un envoltorio de caramelo o alguna foto impresa. De hecho, una vez que pudieron mirarlo más de cerca, notaron que se trataba de la escritura de una casa a orillas del lago Shinji. Cuando hubieron entendido todo lo que aquella escritura decía, lo miraron con expresiones que implícitamente pedían una explicación.
- Bueno, ya saben que el último disco ha sido un éxito de ventas… -, comenzó a decir Daigo tranquilamente. – Y admito que siempre quise hacer un viaje con ustedes, solamente nosotros tres, sin guardaespaldas ni managers ni nadie que pueda interrumpirnos… -, continuó, mientras iba elevando el tono de excitación en su voz. – Así que se me ocurrió que podía comprar una casita para que podamos ir a pasar un tiempo allí, sería como “La Casa de los Breakerz” si fuera un reality show! -, terminó entusiasmado.
Los dos guitarristas se miraron entre sí, completamente asombrados ante lo que acababan de escuchar: comprar una casa no era algo ordinario, realmente Daigo debía aprender a manejar mejor su dinero… Aunque luego de discutir algunos minutos, admitieron que era una idea excelente la de pasar unas mini vacaciones alejados de la ciudad y del trabajo. Acordaron que, una vez que la gira de presentación terminara, se irían un par de semanas a aquella casita del lago.
Las presentaciones salieron conforme a lo planeado y el disco había sido un completo éxito a lo largo de todo el país. Luego de terminar el último evento, Daigo miró alegremente a sus compañeros, sonrió con picardía y les dijo:
- No se han olvidado, cierto?... El lunes a las once de la mañana nos juntamos en mi casa, ya decidí que iremos en mi auto hacia a la casa del lago Shinji! -, exclamó, mostrándoles las llaves de su automóvil personal haciéndolas tintinear.

Aquel lunes, Daigo estaba terminando de preparar el bolso para llevarse a la casa del lago, cuando sonó el timbre dándole aviso de que Akihide había arribado.
- Daigo! Todavía no tienes listas las cosas?! -, preguntó el guitarrista, algo molesto.
- Ya, ya, Aki! En un momento terminaré de guardar todo! -, respondió Daigo. – Es que no encuentro el shampoo para clima húmedo -, terminó, mientras rebuscaba en los cajones del armario.
- Shinpei ya llegó, tú sigue buscando que iré a abrirle -, bufó Akihide, mientras miraba la pantalla de su celular que acababa de recibir un mensaje.
Saludando alegremente, Shinpei ingresó a la vivienda con una mochila de excursión colgada en la espalda. Al ver que ya estaban todos reunidos y el shampoo de Daigo no aparecía, todos se pusieron a buscarlo, hasta que lo encontraron tirado debajo de uno de los muebles del baño.
- Vamos? El viaje es bastante largo…-, preguntó Akihide, molesto por el retraso.
- Vamos! A la casa del lagoooo! -, exclamó Daigo, levantando el puño en señal de largada, gesto que Shinpei imitó inmediatamente.
La distancia que separaba Tokio de Shimane, la prefectura donde se encuentra el lago Shinji, era de aproximadamente 750 kilómetros, por lo que tenían una largo camino por recorrer. Respetando las velocidades máximas en las rutas y autopistas y parando para comer, el viaje tardó aproximadamente unas nueve horas, durante las cuales jugaron juegos de carretera como el juego de las patentes o los colores, se turnaron para conducir un rato cada uno, y cada tanto se echaban una cabezada en el asiento trasero del vehículo. Finalmente, cuando ya había caído la noche, llegaron a la nueva casa de Daigo, a la que decidieron llamar “El Escondite”.
- Chicos, tengo hambre -, protestó el cantante cuando hubieron terminado de acomodar sus cosas en las habitaciones. – Voy a la tienda a ver si consigo algo de comida preparada para no tener que cocinar… Todavía no probé esta cocina y no quiero estallar la casa en nuestra primera noche -, terminó entre risas, mientras tomaba su abrigo y se disponía a salir.
Al cabo de media hora, durante la cual Shinpei se las había arreglado para conectar el televisor y Akihide se había recostado a leer en una silla en el jardín trasero, Daigo regresó de la tienda muy contento con sus adquisiciones:
- Miren! Además de comida, conseguí un pequeño mapa de los alrededores! -, exclamó mientras se lo mostraba a los demás.
- Pásame la cena que la voy poniendo a calentar así comemos, yo también estoy hambriento -, dijo Akihide.
- Saben qué es genial?! -, siguió contando Daigo, luego de pasarle la bolsa a su amigo. – Hay una zona en la prefectura que se llama Misato! -, exclamó con una enorme sonrisa. Ante la mirada de confusión de sus amigos, se dio cuenta que jamás iban a entenderlo si no se explicaba: - Bien, para aquellos que no conocen la genialidad de Evangelion, - comenzó, sarcásticamente, - les cuento que el personaje principal se llama Ikari Shinji, y su comandante es Katsuragi Misato… Es como una zona perfecta para sentirse envuelto por la serie!
Luego de intercambiar miradas, Akihide y Shinpei se largaron a reír con toda la fuerza de sus pulmones. Aquel chico realmente era un otaku en lo que respectaba a Evangelion y cada mínima cosa, como los nombres del lago y la ciudad, la relacionaba con aquello. Eso era lo que necesitaban: estar tranquilos lejos de todo el mundo para poder reírse de ellos mismos y pasar un buen rato juntos.
La cena transcurrió pacíficamente y, luego de dejar todo ordenado, cada uno se retiró a su habitación. Realmente estaban cansados por tantas horas arriba del auto y querían dormir todo lo que pudieran. Después de todo, allí no había alarmas ni celulares que pudieran despertarlos a mitad de la noche o temprano en la mañana para salir corriendo a una reunión.

Los siguientes días transcurrieron en completa tranquilidad, con los chicos todavía acostumbrándose a aquella casa, descubriendo que, por ejemplo, las canillas estaban puestas al revés y si abrían la que decía “caliente” para bañarse, iban a congelarse. El primer jueves de aquellas dos semanas, decidieron alquilar un bote e ir a dar un paseo por el lago con unas cañitas de pescar improvisadas con ramas y gusanos de azúcar en la punta del hilo; no esperaban atrapar ningún pez, pero se la pasaron de maravilla en medio de tanta paz.
Durante el fin de semana comenzó a hacer frío, por lo que intentaron prender la calefacción, pero luego de hablar con el hombre que atendía en el negocio de comidas, se enteraron de que el gas había sido anulado hacía un par de semanas gracias a que un sismo había abollado uno de los caños transportadores y habían cortado el suministro por razones de seguridad.
- Bueno, creo que finalmente la chimenea servirá para algo más que para juntar polvo… -, dijo Shinpei, arremangándose el buzo y comenzando a acomodar unos leños que había apilados al costado del hogar.
Ante la atenta mirada de sus amigos, luego de algún rato, Shinpei finalmente logró prender un pequeño fuego, que fue creciendo a medida que las llamas iban alcanzando más partes de los troncos. Como el primer día se habían dividido las tareas de la casa para el resto de las vacaciones, Daigo y Akihide decidieron que aquella noche Shinpei estaría exento de lavar la vajilla de la cena en agradecimiento por haber logrado prender la chimenea.
Después de comer, los tres se sentaron frente al hogar, sintiéndose como cuando eran pequeños y hacían campamentos en el jardín de sus casas, contando historias de terror o jugando a ver dibujos en las llamas. En cierto momento, Akihide se levantó de la sala y fue hacia su habitación, de la que regresó con una manta encima de su espalda.
- Tienes frío, Akihide? -, preguntó Daigo, al verlo aparecer así abrigado.
- Sí, algo… -, respondió Akihide, algo avergonzado. – Normalmente después de comer me entra frío, pero como estos últimos días hubo una temperatura agradable, no me había sucedido.
Daigo y Shinpei intercambiaron una mirada cómplice y se lanzaron, uno de cada lado, a abrazar a su compañero al grito de “Akiiii, te abrigaremoooos!”. Rápidamente, Akihide intentó zafarse de los brazos de sus amigos, pero sabía que no podía hacer nada frente a los otros dos, que eran considerablemente más fuertes que él y dejó de luchar contra ellos. Luego de algunos minutos en aquella posición, durante los cuales no dejaron de conversar, Akihide volvió a pedir:
- Chicos, ya suéltenme, vale? Ya no tengo más frío… -, y agregó: - Además, Shinpi, hace rato que hay algo de tu lado que me está pinchando en el costado…
Al oír eso, Shinpei rápidamente se apartó de Akihide, volviendo a su lugar original frente a la fogata.
- Oye, eso fue rápido… -, comento Daigo. – Sospechosamente rápido… Hay algo que quieras decirnos, Shiinpiii? -, preguntó irónicamente.
- Qué? Hey, no! Pero qué dices? -, respondió Shinpei algo nervioso.
- Pues yo creo que sé perfectamente lo que digo, y tú también lo sabes… -, siguió riendo Daigo.
- Qué? No, no, no! Basta! -, se molestó Shinpei. – O acaso nunca has pinchado a nadie, eh? -, retrucó levantando una ceja.
Ante la repregunta, Daigo fue lentamente soltando a Akihide, quien finalmente pudo acomodarse en su sitio después de liberarse de quienes lo tenían aprisionado.
- Vamos, no se trata de mí! -, respondió intentando ocultar su nerviosismo.
- Chicos, pueden explicarme quién pinchó a quién y por qué? -, los interrumpió Akihide, quien no terminaba de comprender la situación.
- No es nada, ya déjalo, vale? -, respondió Shinpei con un resoplido. – Y tú… -, dijo, señalando a Daigo, - Si me sigues molestando, voy a ir a pincharte cuando menos te lo esperes!
- Bueno, basta, me hartaron los dos con sus misterios! -, estalló Akihide. – Van a cortar esto ya o… O los pincharé yo a ustedes! -, amenazó, ante lo que recibió como respuesta dos fuertes carcajadas de parte de sus amigos.
- Buena manera de romper la tensión, Aki, eh? -, pudo decir Daigo cuando dejó de reírse.
Akihide realmente no tenía idea de lo que estaban hablando, por lo que los miró a ambos, con un gran signo de interrogación implícito en toda su cara.
- Mira… -, comenzó a explicarle Shinpei. – En los recitales, cuando de repente sientes a Daigo muy cerca cuando le toca besarte o lo que sea… Nunca has sentido algo en la cintura o en la parte baja de la panza? -, preguntó tranquilamente. Luego de que Akihide se detuviera a pensar unos segundos e hiciera un gesto afirmativo, Shinpei continuó: - Bueno, eso que te pincha… No es un cinturón ni parte del vestuario… No sé si me explico… -, terminó, moviendo las manos haciendo señas como para que Akihide sacara su propia conclusión.
- Qué… No, espera, QUÉ COSA?! -, exclamó Akihide.
Finalmente había entendido a lo que se referían sus compañeros, por lo que se sintió bastante idiota por lo que había dicho anteriormente; aunque, por otra parte, no podía creer cómo podían “pincharlo” tan tranquilamente y jamás haberle dicho nada.
- Eso significa que…? -, comenzó a preguntar. – Ustedes… se calientan pensando en mí? -, terminó, de la forma más educada que le salió.
Nuevamente, la única respuesta que recibió fueron las risas de Daigo y Shinpei, quienes claramente ya habían tenido una conversación al respecto.
- No, no entiendes nada! -, atinó a decir Daigo entre carcajadas.
- Nada que ver, Akihide! Estás imaginando cosas! -, dijo Shinpei, también riendo. – Es simplemente que el contacto del momento hace que sucedan esas cosas, no es por nada en particular -, explicó. – En el escenario, Daigo se pone así por la emoción misma del concierto, a muchos músicos les sucede! Y lo de recién fue porque, bueno… estábamos muy juntos uno con el otro y reaccionó así… Eres hombre, sabes cómo funcionan estas cosas! -, terminó, con una sonrisa que no logró contagiar a un Akihide todavía shockeado ante la escena y la explicación.
Cuando finalmente lograron convencer a Akihide de que no era nada particular con él, repentinamente se dieron cuenta de que eran cerca de las dos de la mañana, por lo que cada uno se dirigió hacia su habitación para dormir.
- Ay chicos, hoy de seguro sueño alguna cosa extraña gracias a ustedes! -, rió Akihide, antes de cerrar la puerta.

Luego de media hora desde haberse separado, él ya estaba acostado, aunque no había logrado conciliar el sueño y se había puesto a ver videos en su Tablet. Sorpresivamente, escuchó unos suaves golpecitos a su puerta antes de ver a su amigo asomarse preguntando “oye, estás despierto…?”.



Continuará…

10 de octubre de 2014

Amigo Incondicional

Aquel muchacho le estaba moviendo el piso, desarmando las estanterías y desordenando su cabeza como nadie más lo había hecho. No sabía cómo ni por qué, pero simplemente sucedía y debía aceptarlo.
- Shinpii, puedes venir a casa? Tengo algo que contarte…
Daigo había llamado a uno de sus grandes amigos, con quien disfrutaban de tocar la guitarra por las noches tomando algunas cervezas, para contarle lo que le estaba sucediendo. Intrigado por lo repentino de la propuesta, pero sobre todo por el tono de preocupación de su amigo, Shinpei dijo que iría a cenar para que pudiesen hablar bien acerca de ese “algo” que no sabía qué era.

- Permisoooo… -, dijo Shinpei al arribar a la casa de Daigo, con varios paquetes de snacks y algunas bebidas.
- Pasa, pasa! -, exclamó Daigo desde la cocina, mientras preparaba la comida. – La cena ya está casi lista!
Entre risas y anécdotas, el momento de la comida pasó tranquilamente hasta que, como solían hacer, fueron a la sala a “ver una película”, aunque sabían que terminarían hablando o tocando sin prestarle demasiada atención al televisor. Luego de una media hora de película, Shinpei recordó el motivo por el que Daigo lo había invitado aquella noche:
- Oye…
- Hm? -, Daigo respondió como pudo, con la boca llena de palitos salados.
- Primero que nada, déjame decirte que te ves muy gracioso con granos de sal por todas partes -, dijo Shinpei entre risas, mientras Daigo se pasaba la manga de la remera por la boca. – Y ahora… Me dirás que era “eso” que tenías que contarme? Sonabas bastante preocupado por teléfono…
Inmediatamente, la cara de Daigo tomó un tono sombrío. No sabía muy bien por dónde empezar, por lo que intentó armar la frase en su cabeza antes de decirla.
- Hola? -, Daigo volvió en sí al escuchar la voz de Shinpei, quien había colocado su cabeza contra el sillón, mirándolo desde abajo con cara de sorpresa.
- Qué estás haciendo? -, preguntó Daigo riendo.
- Es que te quedaste callado de repente y te fuiste del mundo… -, respondió Shinpei.
- Bueno sí, es que… -, no podía callarlo más tiempo, debía decirlo: - Recuerdas a ese guitarrista que toca conmigo? El chiquito de pelo largo…
- Sí, me suena.. -, Shinpei comenzó a hurgar en su memoria. – Katou era?
- Satou, Akihide Satou -, aclaró Daigo ante la pregunta de Shinpei. – Bueno, él… Sabes de quién hablo…
- Ay, Daigo, sí! Me confundí de nombre pero sé quién es! -, Shinpei parecía algo molesto. – Bueno, qué hay con él?
Volviendo a bajar la mirada y analizando lo que iba a decir, Daigo finalmente dejó salir lo que tenía atragantado hacía un tiempo:
- Bueno… Creo que me pasa algo con él…
A medida que su amigo iba hablando, la mirada de Shinpei fue ascendiendo en su nivel de asombro. Fue tal la sorpresa, que apenas pudo balbucear preguntas a medias, las que Daigo intentó responder como mejor le salió:
- No sé, Shinpi, no sé exactamente qué es. Se siente extraño, de repente estoy mirando algún anime y pienso “sería lindo si Akihide estuviera aquí mirándolo conmigo”, o veo pasar a una persona parecida y se me viene su imagen a la mente… -, ante el silencio de Shinpei, que no podía salir de su asombro, Daigo continuó: - Y lo peor de todo… Pienso en él sin ropa…
Habiendo escuchado esto, Shinpei se atragantó con las papas fritas que estaba comiendo y comenzó a toser ruidosamente hasta que logró volver a respirar normalmente.
- Sin ro… Daigo, de qué diablos estás hablando?! -, estalló Shinpei sin recuperarse del shock.
- Bueno! No me juzgues, Shinpei, que bien que no soy el único que imagina personas sin ropa! -, bromeó como para distender un poco el ambiente, sabiendo que a Shinpei le gustaba imaginarse desnudas a las actrices de las películas que solían poner. – Mira, esto fue lo que pasó… -, dijo, acomodándose en el sillón. – Resulta que en la última presentación que hicimos, cuando volvía del escenario hacia los camarines, me confundí de puerta…
- Ay, Daigo… Mira que eres despistado eh…
- Espera, que ahí no termina! -, lo interrumpió. – La cuestión es que los músicos ya se habían retirado del escenario y yo me había quedado saludando a la gente, no? Entonces, cuando finalmente se cerró el telón y yo volví para la trastienda, entré a la puerta que me pareció que era la mía… -, agachó levemente la mirada y continuó. – Y ahí estaba él, quitándose la camisa que había usado en el show para ponerse su ropa normal…
- Y entonces?! -, Shinpei ya se había compenetrado en la historia y estaba ansioso por saber el final.
- Bueno… Fue sólo por un segundo, pero lo vi en ropa interior y sin camisa, pues se ve que se había quitado los pantalones antes… Y te juro, Shinpii, que jamás en mi vida había pensado que un hombre podía ser bello en ese sentido hasta que lo vi a él.
- Y qué hiciste? -, volvió a presionar Shinpei, llevándose un puñado de papitas a la boca, como si fuera el pochoclo que comía en el cine.
- Pues me fui, qué otra cosa podía hacer?! -, Daigo parecía sorprendido ante la pregunta misma. – No sé si se dio cuenta o no, no había terminado de abrir la puerta y él estaba de espaldas a mí, mirando a la pared… Oye Shin, crees que me haya visto? -, terminó, algo avergonzado.
- Y a mí me lo preguntas! Cómo voy a saberlo, por qué no vas y se lo preguntas directamente? -, Shinpei siempre había sido de ir al frente en ese tipo de situaciones y no entendía las dudas de Daigo. – Además, si no te dijo nada desde ese momento, debe ser porque no te vio o porque no le importó, no crees?
Daigo comenzó a reflexionar: era cierto que Akihide no le había dicho nada desde aquel día… Pero tampoco habían tenido la oportunidad de hablar tranquilamente: la gira había terminado y todos se estaban tomando unas semanas de descanso, sin ensayos ni grabaciones.
- Tiene sentido… De acuerdo -, dijo Daigo con tono decidido, - la próxima vez que lo vea, se lo preguntaré directamente… -, luego, en voz baja agregó: - No te molesta si luego te llamo, verdad? Voy a estar con los nervios de punta y quiero que me tranquilices!
- Pues no lo sé, habrá que ver mis tareas de ese día… -, respondió Shinpei, antes de volver la mirada hacia Daigo, quien había comenzado a hacer puchero. – Cómo no te voy a ayudar, tonto! -, dijo dándose un suave golpe en la cabeza. - Llámame cuando quieras, vale? Antes si quieres algún consejo, o después si quieres calmarte charlando, sí? -, terminó con una sonrisa que contagió a su amigo.
El resto de la noche transcurrió tranquilamente, con los dos chicos planeando cómo sería el “Día A”, como habían decidido llamar al momento en que Daigo hablaría con Akihide.

Una semana había pasado, y Daigo volvió al estudio a juntarse con su banda para empezar a preparar su nuevo trabajo. “Listo, este es el momento. Si no vuelvo a mandarte un mensaje, es que me morí de la vergüenza”, decía el mensaje que le había mandado Daigo a Shinpei, justo antes de entrar a la sala de ensayos.
- Buenos días… -, saludaron todos, a medida que iban ingresando al lugar.
Al verlo entrar a Akihide, Daigo comenzó a ponerse cada vez más nervioso, pero logró concentrarse en su trabajo y el ensayo resultó muy bien. Antes de salir, Daigo llamó a Akihide aparte para, finalmente, poder hablar tranquilamente con él.
- Habrá pasado algo? -, se preguntaban el resto de los músicos, mientras se retiraban de la sala. – Daigo nunca llama aparte a nadie, y menos con esa cara de seriedad…
A los pocos minutos, Akihide salió de la sala de ensayos con expresión pensativa, dejando a Daigo solo, todavía dentro del estudio:
- Hola, Shinpii? -, Daigo sonaba algo asustado al llamar por celular a su amigo.
- Y? Hablaron? Le contaste? Qué te dijo? No me digas que van a empezar a salir?! -, acelerado y enérgico como era, Shinpei no dejaba de lanzar preguntas, además de haberse armado toda una fantasía en su cabeza acerca del resultado de aquella conversación.
- Qué? No! -, exclamó Daigo apretando su teléfono. – Antes de contarte lo que hablamos, tengo que preguntarte algo…
- Claro, lo que quieras.
- Te gusta la palabra Breakerz? -, preguntó Daigo, dejando a Shinpei completamente desorientado.
- Eh? Daaaigo, quiero que me cuenteees! -, protestó Shinpei.
- Ya te contaré, pero primero contéstame eso -, Daigo sonaba realmente serio.
- Bueno, sí… No lo sé, todavía no manejo muy bien el inglés, pero no es algo como “rompedor”? Si hay que romper algo, yo te ayudo! -, se entusiasmó.
- Bueno, no exactamente romper… Creo que se trata de armar…
- Basta, Daigo, dime todo de una vez -, Shinpei ya estaba harto del misterio.
- De acuerdo… -, Daigo tomó aire, juntó coraje y lanzó lo que quería decir y no se animaba: - Quieres estar en una banda conmigo y Akihide? Breakerz suena como un buen nombre, no te parece?...


Daigo jamás se animó a confesarle a Akihide que lo había visto en ropa interior, aunque éste era totalmente consciente de ello porque había visto el reflejo del cantante asomado por la puerta por el espejo del vestidor. Shinpei se sumó a la propuesta de formar una banda, ya apoyaba a Daigo en todas y cada una de sus locuras, después de todo para eso están los amigos… Y años después de aquel incidente, Breakerz sigue sonando tan vivo, alegre y sorprendente como fue aquella llamada de Daigo a Shinpei desde la sala de ensayos.